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Una mirada semanal al pasado, recordando grandes juegos clásicos y momentos de la historia del videojuego.

Dragon Ball Z Butouden: el fenómeno que puso España patas arriba

¿Recuerdas la fiebre que desataron los Dragon Ball de Super Nintendo? Importación, precios chiflados y Kamehamehas a mansalva.
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Actualizado: 17: 0/0/21:31

Hace mucho tiempo que perdimos la cuenta de los juegos inspirados en Dragon Ball que han desembarco en consola (nuestra base de datos da una idea aproximada).

Dragon Ball: Fusions acaba de desembarcar por fin en las 3DS europeas (aquí puedes leer nuestro análisis), lo que nos ha motivado a accionar, un viernes más, nuestra máquina del tiempo para viajar esta vez 24 años en el pasado… hasta el lanzamiento del primer Dragon Ball Z Butouden en Super Nintendo. El cartucho que hizo ricos a muchos importadores, descarriló más de una economía familiar y propició el debut de Bandai como distribuidor de videojuegos en España. Agarraos fuerte, que el festín de nostalgia y kamehamehas está a punto de comenzar…

La primera vez que ejecutabas un kamehameha en tu SNES, ese recuerdo que te llevarás a la tumba.

Aunque el manga de Akira Toriyama ya había inspirado una buena sartenada de videojuegos para Famicom (seis nada menos) y un RPG bastante salado para Super Famicom, el lanzamiento en marzo de 1993 de Dragon Ball Z: Super Butouden supuso un auténtico bombazo en su Japón natal cuya ola expansiva alcanzaría de pleno a nuestro país. Por aquel entonces la fiebre Dragon Ball estaba en pleno apogeo en España, y la noticia de la aparición de un juego de lucha, a lo Street Fighter, protagonizado por Son Goku y sus amigos dejó catatónicos a los chavales de la época. La aparición de Dragon Ball Z: Super Butouden en las páginas de Hobby Consolas disparó el hype hasta niveles estratosféricos, impulsando la importación masiva de cartuchos en lo que por entonces se conocía como "mercado paralelo".

Hasta entonces la importación de juegos japoneses se limitaba a un círculo de usuarios bastante reducido, debido a los altos precios y el desconocimiento del público general hacia los lanzamientos del mercado nipón (recordad, hablamos de la era previa a Internet). Dragon Ball Z: Super Butouden cambió aquello para siempre, multiplicando la venta de adaptadores de cartuchos japoneses para las Super Nintendo PAL, ante el pánico de Nintendo y los distribuidores de third parties.

Bandai no se cortó un pelo a la hora de distribuir los Dragon Ball de SNES con textos en francés.

Bandai, la editora del juego, llevaba muchos años presente en el mercado francés (de hecho distribuyeron la NES en el país galo), pero su actividad en España solo se limitaba a los juguetes… hasta que en octubre de 1993, cansados de ver cómo los importadores se estaban forrando a su costa, deciden tomar cartas en el asunto para convertirse en distribuidores de videojuegos. Sus primeros lanzamientos: Dragon Ball Z (el Super Butouden nipón) para Super Nintendo y Los Caballeros del Zodíaco de NES.

La llegada de la versión PAL, en noviembre de ese año, arrojó luces y sombras. El precio oficial de 11.990 pesetas (72 euros) frenó la especulación de los tenderos más desalmados, que habían llegado a vender el Super Butouden japonés por 18.000 pesetas (sin contar el desembolso extra por el adaptador), pero el cartucho llegó a nuestro país con textos en francés, algo que por desgracia se hizo extensible a las dos siguientes Butouden de SNES, al igual que en el debut de Son Goku en Mega Drive, del que hablaremos un poquito más adelante.

El Gran Torneo de las Artes Marciales, ese lugar que apreciabas más que tu propia casa.

A la chavalada le daba igual jugar en japonés, francés o birmano: querían revivir en sus SNES los combates que aparecían en los mangas editados por Planeta y el anime que emitían TV3 y el resto de televisiones autonómicas. El cartucho, programado por TOSE (los mayores "negros" de la industria japonesa, responsables de crear toneladas de juegos para Nintendo y otras compañías sin que su firma apareciera por ningún lado), incluía un modo historia, el torneo de artes marciales (que tantas veces habíamos visto en la serie de TV) y un modo combate con el que medirnos directamente el lomo frente a otro jugador o la IA.

La emoción por controlar a Son Goku, Vegeta, Trunks, Cell, Piccolo, Freezer o los androides del Dr Gero nos hizo pasar por alto unos controles poco precisos y una lentitud de movimientos que hoy en día pone los pelos de punta, pero Super Butouden también desplegaba buenas ideas, como esa pantalla partida que pulverizó los límites de la arena de combate para imitar el dinamismo de la serie de animación. 24 años después seguimos sin olvidar la emoción que vivimos al ejecutar nuestro primer Kamehameha.

En el segundo Butouden podías parar un ataque del rival con las llamas que emanaban de tu musculoso pecho. Eso es actitud, y lo demás son tonterías.

Bandai no tardó demasiado en encargar a TOSE una secuela, y en diciembre de 1993 Dragon Ball Z: Super Butouden 2 llegó a las tiendas japonesas. La versión PAL, rebautizada como Dragon Ball Z: la Légende Saien, debutó en Francia y España en junio de 1994, con textos en francés (aunque por lo menos tuvieron el detalle de incluir en nuestro país un manual con textos en castellano). Bandai seguía bastante mosqueada por el mercado paralelo (de nuevo los importadores hicieron su agosto con el cartucho japonés), hasta el punto de publicar en la prensa un anuncio a toda página donde pedían a los fans que se esperasen al lanzamiento PAL. "No necesita adaptadores, tiene libro de instrucciones en español, un precio "que te flipará"… y además te regalaban un póster al comprar el juego.

El delirante anuncio publicado por Bandai, con el que intentaban animar a los chavales para que se esperasen al lanzamiento PAL.

A pesar de los pocos meses transcurridos entre ambos entregas, esta secuela dio un enorme salto de calidad. Los personajes eran mucho más grandes y estilizados, la acción era más rápida y fluida y los especiales se ejecutan más fácilmente. Aunque lo que nos chifló fue la oportunidad de contrarrestar un kamehameha (o la magia que fuera) del rival con otro de nuestros especiales, iniciando un duelo de magias tan espectacular como delirante, en el que salía vencedor aquel jugador que pulsara más frenéticamente el botón A del pad de SNES. El repertorio de luchadores aumentó con invitados de lujo, como Broly, Cell Jr o Bojack.

Ese mismo junio de 1994 recibimos también el debut de Son Goku en Mega Drive. Sega no estaba dispuesta a que sus usuarios siguieran mirando con envidia a los de Nintendo, y Dragon Ball Z: L’Appel Du Destin (y dale con el francés), aterrizó en las tiendas francesas y españolas. No era tan espectacular como la secuela de SNES, pero tenía once modos historia distintos y fichajes tan encantadores como Ginew y Recoom.

La saga Butouden se despidió de Super Famicom en septiembre de 1994 (sí, TOSE paría los juegos de DBZ a velocidad de vértigo) con una tercera entrega, que legaría a Francia y España en marzo de 1995, bajo otro título rimbombante: Dragon Ball Z: Ultime Menace. Bastante más flojo que su antecesor, carecía de modo historia y daba la sensación de ser un producto lanzado con demasiadas prisas, con escenarios más reducidos y un control mucho menos fluido y preciso.

El emulador no le hace justicia al Butouden de MD. En la tele de tubo tenía mejor aspecto.

Bandai aún lanzaría tres títulos más de Dragon Ball para SNES, entre ellos el ambicioso Dragon Ball Z: Hyper Dimension, pero la atención del mercado ya estaba puesta en las consolas de 32 bits, lo que se tradujo en el lanzamiento de Ultimate Battle 22 para PlayStation y Shin Butouden para Saturn. Aunque es otra historia de la que esperamos dar buena cuenta en otro momento.

¿Cuántos de vosotros conserváis aún vuestros Dragon Ball de SNES? ¿Cuál es el precio más delirante que llegasteis a pagar por una copia japonesa? Compartid con nosotros vuestros recuerdos de aquella época entrañable, cuando el dueño del videoclub nos cobraba 100 pesetas más por el alquiler del juego si nos llevábamos también el adaptador para cartuchos japoneses. Menudo pícaro.

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