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Una reforma revela un tesoro de la época victoriana de hace más de 100 años: 'Tiene que haber alguien ahí fuera que lo quiera'

Son prácticas avaladas por guías de conservación para colecciones en papel y por proyectos recientes de preservación de prensa local.
Una reforma revela un tesoro de la época victoriana de hace más de 100 años: 'Tiene que haber alguien ahí fuera que lo quiera'
Raquel Díaz Herreros ·
Actualizado: 10:10 26/8/2025
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Una reforma doméstica acabó convirtiéndose en cápsula del tiempo en East Sussex (Reino Unido): Karen Taylor halló, emparedado como aislante en su piso, un ejemplar del dominical Lloyd’s Weekly fechado el 3 de junio de 1900. El hallazgo —arrugado, pero legible, con notas de moda y una receta— ha llevado a su propietaria a buscar un museo que lo conserve, según recogieron medios británicos que entrevistaron a Taylor tras el descubrimiento fortuito durante las obras.

Un descubriendo legendario

Más allá de la anécdota, el periódico tiene pedigrí histórico: Lloyd’s Weekly Newspaper fue uno de los grandes dominicales victorianos, fundado en 1842 por Edward Lloyd, que superó el millón de copias en 1896 y —tras renombrarse Sunday News— acabó integrándose en Sunday Graphic en 1931.

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Es decir, lo que apareció detrás de un tabique no es un simple papel viejo, sino un testigo de la edad de oro de la prensa popular británica.

Que un diario aparezca dentro de un muro no es raro para conservadores y arqueólogos de lo cotidiano: en viviendas de los siglos XIX y XX los periódicos se usaron con frecuencia como aislante, alfombra de base o forro bajo suelos y yesos. Inventarios de patrimonio en EE. UU. documentan hallazgos idénticos bajo entarimados y paredes, recordando que esas hojas absorbían corrientes de aire y nivelaban superficies a bajo coste.

El ejemplar de Taylor encaja, además, con el tipo de contenidos de la época: dominicales de gran tirada que combinaban información general, entretenimiento, consejos domésticos y anuncios. Ese ecosistema editorial —impulsado por nuevas rotativas, papel barato y distribución ferroviaria— explica por qué tantos números acabaron circulando, leyéndose… y, a veces, reutilizándose como material de construcción.

Si el objetivo ahora es conservarlo, la recomendación de archivo es clara: no aplanarlo con peso ni enmarcarlo a la luz. Lo idóneo es guardarlo en horizontal, dentro de una carpeta o caja rígida de conservación con materiales libres de ácido y, preferiblemente, con reserva alcalina, intercalando papel tisú alcalino entre páginas, y manteniéndolo en un ambiente estable (≈18–20 °C; 40–50 % HR), lejos de la luz directa. Son pautas estándar de bibliotecas y archivos para prensa histórica.

Por último, si el museo tarda en llegar, hay dos gestos que ayudan a preservar la información sin comprometer el original: una digitalización en alta resolución (con soporte plano y sin vidrio presionando la fibra) y una descripción mínima del contexto del hallazgo (dirección, estancia, capa constructiva), datos que los curadores agradecerán para fijar la procedencia del objeto.

Raquel Díaz Herreros
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