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Un estudio de Estados Unidos revela que hongos escondidos en el suelo pueden ayudar a desencadenar la lluvia

La ciencia acaba de encontrar un nuevo actor biológico en la física de la atmósfera, y eso obliga a mirar de otra manera el vínculo entre suelo, hongos, nubes y lluvia.
Un estudio de Estados Unidos revela que hongos escondidos en el suelo pueden ayudar a desencadenar la lluvia
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Actualizado: 13:00 21/4/2026
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Unos hongos diminutos que viven en el suelo podrían estar influyendo en algo tan grande como la lluvia. Un estudio publicado en Science Advances ha identificado por primera vez una clase de proteínas fúngicas capaces de nucle ar hielo a temperaturas relativamente altas bajo cero, un mecanismo clave para que muchas nubes frías acaben generando nieve o lluvia. El hallazgo no demuestra directamente que estos microbios “hagan llover” por sí solos, pero sí añade una pieza importante a cómo vida microscópica y atmósfera pueden conectarse.

La investigación se centró en hongos del grupo Mortierellaceae, organismos muy comunes en el suelo. Los autores hallaron que estos hongos producen proteínas que actúan como semillas de hielo, es decir, superficies microscópicas sobre las que el agua superenfriada puede empezar a congelarse dentro de las nubes. Ese proceso importa mucho porque, en meteorología, buena parte de la precipitación nace precisamente cuando el agua líquida muy fría encuentra un punto desde el que cristalizar.

Proteínas fúngicas con capacidad para formar hielo

Lo novedoso del trabajo no es solo que confirme ese poder de congelación, sino cómo lo ejercen. A diferencia de ciertas bacterias conocidas desde hace décadas por su capacidad para inducir hielo, estos hongos liberan proteínas solubles en agua y muy estables, lo que podría facilitar que permanezcan activas en el suelo, pasen a corrientes de agua o se dispersen como partículas finas. El estudio concluye que esas proteínas son muy eficientes como núcleos de hielo y que probablemente proceden de un antiguo caso de transferencia horizontal de genes desde bacterias.

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Lo interesante es que si esas proteínas acaban suspendidas en el aire y alcanzan las nubes, podrían favorecer la formación de cristales de hielo y, por extensión, la precipitación. Pero conviene no saltar demasiado rápido. El estudio describe sobre todo la base molecular y genética de estas proteínas y su enorme capacidad para formar hielo; no prueba en condiciones atmosféricas reales que un bosque o un suelo concreto esté “tirando de la lluvia” de forma medible. Esa idea sigue siendo una hipótesis plausible, no una demostración cerrada.

Una pista climática con aplicaciones posibles

Aun así, el hallazgo interesa mucho porque toca varias áreas a la vez. Puede ayudar a mejorar los modelos climáticos y de formación de nubes, y también abre la puerta a aplicaciones más prácticas, desde nuevas formas de siembra de nubes hasta usos en conservación de alimentos, nieve artificial o criobiología. De hecho, varios centros y medios científicos ya han subrayado que estas proteínas fúngicas podrían ofrecer una alternativa biodegradable a materiales como el yoduro de plata, utilizado en algunos programas de modificación del tiempo.

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