El HS2 (High Speed 2), la apuesta por la nueva línea de alta velocidad, considerado por muchos el despilfarro millonario más sonado del Reino Unido, esconde un secreto que rompe con la narrativa de retrasos e improvisación: túneles colosales de 16 kilómetros bajo los Chilterns, construidos para esquivar una zona de belleza natural excepcional y rematados con un hormigón casi brillante.
La paradoja en este asunto, en una Europa que apuesta por la seguridad medioambiental, es evidente: mientras estas gigantescas galerías subterráneas ya están terminadas, el tren que debería atravesarlas aún depende de un laberinto de sistemas eléctricos, vías y pruebas que se reevalúan constantemente. Con presupuestos desbordados y un calendario que sigue siendo una incógnita, el proyecto parece avanzar lentamente solo bajo tierra.
Reino Unido hunde su ambicioso HS2: un túnel ferroviario de 16 km bajo una área protegida se convierte en un proyecto millonario fallido
Bautizados como “el tesoro enterrado”, los túneles se encuentran a unos 70 metros bajo la superficie, accesibles mediante pozos de ventilación disfrazados para integrarse en el paisaje rural. Este diseño busca minimizar el impacto ambiental, un gesto casi teatral frente a los constantes recortes, cancelaciones y replanificaciones del HS2.
La construcción no fue un capricho arquitectónico, y requirió dos tuneladoras traídas de Alemania, operando las 24 horas, siete días a la semana, con turnos de doce horas y un equipo que llegó a superar los 1800 trabajadores. Durante 33 meses, excavación y revestimiento avanzaron sin descanso, con la producción de 112.000 segmentos de hormigón, necesarios para garantizar la estabilidad y el brillo final del túnel.
Sobre el suelo, la sección incluye el viaducto del valle de Colne, un puente de 3,5 kilómetros que atraviesa embalses y sirve como otro ejemplo de la precisión técnica que puede ofrecer el HS2 cuando se planifica con claridad. Pozos de ventilación y casas de máquinas se mimetizan con el entorno, mientras que los portales del túnel cuentan con embudos de hormigón de 200 metros para mitigar el “boom sónico” generado por los trenes a 320 km/h.
Aun así, la obra subterránea no significa que el HS2 esté listo: la instalación de sistemas mecánicos, eléctricos y ferroviarios todavía es pendiente, y las pruebas pueden prolongarse años. El costo, originalmente estimado en 32.700 millones de libras, se ha disparado a más de 80.000 millones. Entre cancelaciones, cambios políticos y revisiones de rutas, el proyecto es un ejemplo de cómo una parte impecable puede coexistir con un programa marcado por el caos y la controversia.















