NEOM es el gran laboratorio urbano con el que Arabia Saudí quiere reescribir su futuro económico y su imagen ante el mundo. Concebido en 2017 dentro de la estrategia Vision 2030, este megaproyecto en el noroeste del país aspira a levantar desde cero una región de ciudades, puertos, resorts y polos industriales alimentados al 100% con energías renovables y gobernados por sistemas digitales e inteligencia artificial. La ambición económica es enorme: diversificar un país dependiente del petróleo y convertir el mar Rojo en un nuevo imán global de inversión, turismo y talento tecnológico.
NEOM deja de ser un sueño futurista: la megaurbe saudí de 1,9 billones que levanta rascacielos imposibles para transformar el desierto antes de 2050
El corazón simbólico de NEOM es The Line, una ciudad lineal de estética casi de ciencia ficción: originalmente planteada como una estructura de 170 kilómetros de largo, 500 metros de altura y unos 200 metros de ancho, sin coches ni carreteras, donde todo estaría a menos de 5 minutos caminando y conectado por un tren de alta velocidad que recorre la ciudad en 20 minutos. La idea es apilar en capas verticales viviendas, oficinas, parques y transporte, reduciendo la huella de suelo y la dependencia del automóvil, con capacidad teórica para hasta 9 millones de habitantes, aunque el alcance y plazos se han ido ajustando con el tiempo.
Alrededor de The Line, que está teniendo grandes problemas en infraestructuras y distancias, se despliega un ecosistema de subproyectos diseñados para distintos nichos económicos. Oxagon se presenta como un gigantesco hub industrial y logístico parcialmente flotante en el mar Rojo, orientado a industrias limpias, hidrógeno verde y manufactura avanzada. Trojena, en las montañas cercanas, busca convertirse en destino de deportes de nieve y ocio al aire libre durante todo el año, mientras que la isla de Sindalah se enfoca en el turismo de lujo y los megayates, como carta de presentación inmediata de la marca NEOM.
El proyecto, sin embargo, está lejos de ser un camino llano. El coste estimado total ha escalado desde los 500.000 millones de dólares iniciales hasta cifras que algunos análisis sitúan ya entre 1 y 1,5 billones de dólares, lo que ha obligado a replantear fases, calendarios y alcance realista de The Line. A las dudas financieras se suman las críticas por el impacto social y ambiental y por el riesgo de que parte del plan quede como un “miraje” de render arquitectónico si no se consolidan inversiones privadas suficientes. Con todo, NEOM se ha convertido ya en el símbolo más potente de la batalla entre la megaciudad futurista prometida y las limitaciones políticas, económicas y técnicas del mundo real















