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No es ciencia ficción: EE.UU. construye una bola flotante gigante para generar energía para alimentar IAs: hasta 50 kilovatios

Para el Departamento de Energía de EE. UU., el potencial técnico de la energía marina es enorme (aunque no capturable al completo), y la batalla real es bajar costes y demostrar durabilidad a largo plazo.
No es ciencia ficción: EE.UU. construye una bola flotante gigante para generar energía para alimentar IAs: hasta 50 kilovatios
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Actualizado: 14:00 24/1/2026
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En las aguas de Puget Sound, cerca de Washington, Estados Unidos, una esfera gigantesca que parecía sacada de una película de ciencia ficción terminó teniendo una explicación mucho más terrenal: es Ocean-2, un prototipo de convertidor de energía undimotriz (olas) desarrollado por la startup Panthalassa, con sede en Portland. Durante días alimentó teorías en redes, pero su misión real era medir si el océano puede convertirse en una “central” limpia y constante, sin obras en tierra y con un despliegue relativamente discreto.

El artefacto no es solo “una bola”: los reportes locales describen un cuerpo tubular largo que se remolca en horizontal cuando está apagado y que se endereza para operar, con la parte esférica visible en superficie. Esa coreografía —horizontal para moverse, vertical para trabajar— es una pista de su filosofía: no pelearse con el mar, sino dejar que el vaivén haga el trabajo.

La mecánica detrás de la “bola”

En documentación técnica y recopilatorios del sector, Ocean-2 aparece asociado a una idea clásica en energía de olas: el “overtopping”. Traducido: el movimiento del agua fuerza el flujo a través de conductos internos hacia una zona elevada o contenida y, después, ese mismo agua regresa pasando por una turbina para generar electricidad. El interés está en la sencillez del principio físico (agua sube, agua baja), aunque la ingeniería para que aguante años en mar abierto sea cualquier cosa menos simple.

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Y ahí está el cuello de botella histórico de esta tecnología: el océano no perdona. Tormentas, corrosión, incrustaciones biológicas, golpes de fatiga y mantenimiento caro han tumbado más de un proyecto prometedor. El propio NREL lo resume con una comparación demoledora: validar dispositivos en el mar puede ser más impredecible que hacerlo en el espacio, porque las condiciones oceánicas cambian sin descanso y son difíciles de simular del todo.

Pruebas, datos y el siguiente paso

En el caso de Panthalassa, lo que se ha contado públicamente es, de momento, una foto fija de fase experimental: tres semanas de prueba para comprobar no solo la generación, sino también comunicaciones por satélite y operación remota; y la compañía recuerda que con Ocean-1 llegó a experimentar con hidrógeno verde producido a bordo mediante electrólisis. Algunas piezas divulgativas hablan de picos de hasta 50 kW en condiciones favorables, un dato útil para hacerse una idea, pero que aún no sustituye a un informe independiente con series completas de rendimiento y fiabilidad.

El siguiente capítulo ya está escrito: Ocean-2 vuelve para ajustes y Panthalassa apunta a Ocean-3 como “próxima versión”, con un calendario de prueba en torno a un año. Si este tipo de sistemas madura, el encaje más inmediato no es “salvar la red eléctrica” mañana, sino alimentar cargas difíciles: sensores oceánicos, acuicultura, comunidades costeras o islas que dependen de diésel, y proyectos donde el mar ofrece energía cuando el sol cae y el viento no acompaña.

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