Un hallazgo arqueológico ha cambiado la forma en que entendemos las primeras prácticas funerarias de la humanidad. Un equipo internacional de investigadores ha encontrado restos óseos en el sudeste asiático y el sur de China que presentan signos claros de momificación deliberada mediante humo. Lo sorprendente es su antigüedad: hasta 12.000 años, miles de años antes de las célebres momias Chinchorro de Chile (7.000 años) y de las egipcias (5.600 años).
El estudio, liderado por la arqueóloga Hsiao-chun Hung, de la Universidad Nacional de Australia, analizó 69 muestras de huesos pertenecientes a 54 individuos hallados en 11 yacimientos de China meridional, Vietnam e Indonesia, con dataciones que van desde el Holoceno temprano hasta el medio. Los investigadores utilizaron técnicas de difracción de rayos X (XRD) y espectroscopía FTIR, capaces de detectar alteraciones en la estructura del hueso producidas por exposición a altas y bajas temperaturas.
Momificación en el amanecer del Holoceno
Los resultados son contundentes: el 84 % de los restos mostraban señales de haber sido expuestos a calor, además de depósitos de hollín y marcas de corte que sugieren un proceso de drenaje o desarticulación. La evidencia apunta a que los cuerpos fueron lentamente desecados sobre fuegos humeantes durante semanas o meses, un método que recuerda a los rituales que todavía practican los Dani de Papúa Nueva Guinea, quienes suspenden a sus muertos sobre brasas para preservarlos.
Más allá de la técnica, el hallazgo ofrece un vistazo a las creencias de estas comunidades pre-neolíticas. Muchas de las sepulturas muestran cuerpos en posición fetal y fuertemente atados, lo que indica un ritual sistemático, no accidental. Para Hung, estos datos revelan “un conjunto de creencias y prácticas mortuorias notablemente duradero” que pudo mantenerse durante más de 10.000 años entre grupos de cazadores-recolectores relacionados genéticamente con las poblaciones de Nueva Guinea y Australia.
Una tradición global y milenaria
La implicación es profunda: la momificación no habría surgido de forma aislada en Egipto o en Sudamérica, sino que podría tratarse de una tradición global de gran antigüedad, transmitida y adaptada a lo largo de milenios en distintas culturas. Incluso hay indicios de que esta costumbre pudo extenderse hasta Japón (cultura Jōmon) y Oceanía, lo que sugiere conexiones culturales mucho más amplias de lo que se creía.
La preservación de los cuerpos pudo ser un modo de mantener un vínculo físico y espiritual con los antepasados, integrando a los muertos en la vida cotidiana y sirviendo como nexo entre generaciones, según publicaron los autores en PNAS (2025).















