Antes de convertirse en una de las mayores estrellas de Hollywood gracias a Titanic y de encadenar colaboraciones con directores como Martin Scorsese, Quentin Tarantino o Christopher Nolan, Leonardo DiCaprio ya tenía claro cuál quería que fuera su futuro. Mucho antes de los premios, de las alfombras rojas y de la fama mundial, el actor creció en un barrio humilde de Los Ángeles, rodeado de arte, cómics y audiciones que le enseñaron la cara más dura de la industria.
En 1994, cuando apenas tenía 20 años y todavía estaba lejos de convertirse en el fenómeno mundial que sería tres años después con Titanic, DiCaprio concedió una extensa entrevista a Interview. La conversación, realizada por la periodista Ingrid Sischy, retrataba a un joven actor que rechazaba los elogios y hablaba con total naturalidad sobre una infancia marcada por el esfuerzo de sus padres y por una vocación que había nacido prácticamente desde que tenía memoria.
DiCaprio revela cómo una infancia humilde, el apoyo de sus padres y un traumático casting marcaron el camino del futuro ganador del Oscar
"Siempre quise ser actor", recordaba el intérprete. "Mis padres saben que de niño era muy extrovertido y, cada vez que venían visitas, en cuanto se marchaban, automáticamente las imitaba. Era lo que más le gustaba a mi madre".
Aunque creció en Hollywood, DiCaprio aclara que su realidad estaba muy alejada del lujo asociado al barrio. "Sí, crecí en Hollywood, pero no en una zona rica. Mis padres estaban separados, pero hicieron un gran trabajo creando un entorno estable y evitando que nuestra pobreza definiera quiénes éramos". En lugar de centrarse en las dificultades económicas, ambos se esforzaron por despertar su curiosidad. "Me inculcaron la cultura. Me llevaban a museos, me enseñaron arte y me leían libros. Mi madre conducía dos horas cada día para llevarme al colegio y mi padre me recogía después", recuerda.
Su padre, antiguo dibujante de cómics underground en el Nueva York de los años sesenta, terminó dedicándose a distribuir cómics, discos y libros en Los Ángeles, una afición que también contagió a su hijo. "Cuando era pequeño iba con él a todas las tiendas de cómics de la ciudad".
Donde nunca terminó de encajar fue en el sistema educativo. DiCaprio reconoce que estudiar era una tarea casi imposible para él. "Nunca llegué a dominar el arte de estudiar. No podía concentrarme en cosas que no quería aprender. Las matemáticas eran lo peor y, todavía hoy, sigo sin poder concentrarme en ellas". El actor admite incluso que recurría a copiar porque era incapaz de sentarse a hacer los deberes. "La mayor parte de lo que aprendí en la escuela fue gracias a mis amigos y a convivir con otros niños".
Sin embargo, había un lugar donde sí destacaba: delante del público. "Reunía a media escuela durante el recreo para hacer sketches de break dance con un amigo". Incluso uno de sus profesores le reservaba unos minutos al final de clase para improvisar delante del resto de alumnos. "Mi amor por la interpretación viene de muy lejos".
Ese entusiasmo le llevó muy pronto a presentarse a castings. Su madre llegó a inscribirle con apenas cinco años en Romper Room, el programa infantil que más le gustaba. "Pero no podían controlarme. Corría, golpeaba la cámara, saltaba y hacía mis volteretas. Ojalá pudiera recuperar esa grabación", bromeaba.
No todos esos primeros pasos fueron tan divertidos. DiCaprio también conserva el recuerdo de una audición que casi acaba con su sueño de convertirse en actor. "Tendría unos diez años. Nos pusieron a cinco niños en fila para decidir quién servía y quién no. Yo llevaba un peinado punk porque estaba obsesionado con el break dance. Lo juro, me sentí como si fuéramos una fila de carne". La directora del casting fue descartando candidatos uno tras otro. "Decía: 'Él no, él no, él no. Tú te quedas'. Yo era uno de los 'él no'".
Aquel rechazo le hizo romper a llorar de camino a casa. "Le dije a mi padre: 'Tengo muchísimas ganas de ser actor, pero si esto es lo que hay que hacer, no quiero hacerlo'". La respuesta de su padre terminó marcándole para siempre. "Me rodeó con el brazo y me dijo: 'Algún día, Leonardo, lo conseguirás. Acuérdate de estas palabras. Relájate'. Dejé de llorar y simplemente respondí: 'Vale'". Aquella promesa acabaría cumpliéndose pocos años después, cuando el joven que estuvo a punto de renunciar a su sueño se convirtió en uno de los actores más importantes de su generación.















