En el panorama televisivo español existen actores que, sin necesidad de ser siempre el foco principal, han sabido hacerse un hueco en la memoria colectiva del público. Guillermo Ortega es uno de esos nombres imprescindibles. Su rostro ha estado presente en algunas de las series más icónicas de la televisión nacional, aportando ese toque de cercanía que muchos actores principales no logran alcanzar.
Su paso por Desengaño 21 le trajo la fama
Ortega empezó su carrera en los años 90, con pequeños papeles en producciones tan populares como Farmacia de guardia y Médico de familia. Sin embargo, fue en 2003 cuando encontró su papel más icónico: Paco, el dueño del videoclub en Aquí no hay quien viva. Su personaje, secundario pero memorable, formaba parte del entrañable “consejo de sabios” de Desengaño 21. Con frases como “¡Qué poca vergüenza!” o “aquí mando yo”, Paco se ganó un sitio en el corazón de la audiencia.
Cuando la serie dio paso a La que se avecina, Ortega se sumó al nuevo reparto en el papel de Joaquín Arias, un agente inmobiliario. Sin embargo, su aventura en Mirador de Montepinar apenas duró dos temporadas. El actor ha declarado en varias ocasiones que su salida no fue decisión suya. “Me sentí como el jugador al que cambian en el descanso y no entiende la razón”, confesó en una entrevista con AISGE. Su participación quedó en 28 episodios, un final abrupto para un personaje que, según él mismo, aún tenía mucho que aportar.
A pesar de estos altibajos, Ortega nunca ha dejado de trabajar. Ha seguido apareciendo en series como La peluquería (TVE) y Amar es para siempre (Antena 3), donde interpretó a Emilio Posadas, un papel con el que volvió a coquetear con la nostalgia de los videoclubes: “Tiene más películas que el de la calle Desengaño”, soltaba en un guiño a su pasado como Paco.
Se refugia en el treatro
Más recientemente, Ortega ha participado en la serie 4 estrellas, disponible en RTVE Play, y ha seguido cultivando su amor por el teatro, uno de sus grandes refugios. Obras como El visitante o Es peligroso asomarse al exterior le han permitido mostrar su versatilidad y reivindicar su lugar más allá de la comedia televisiva.
La carrera de Ortega es, en muchos sentidos, la de un secundario convertido en pilar fundamental. Nunca fue el protagonista absoluto, pero su capacidad para aportar humanidad y humor a cualquier escena le ha asegurado un lugar en el imaginario de varias generaciones.
Como él mismo ha reconocido, la clave está en la constancia y en saber disfrutar de lo que hace: “No siempre tienes el foco, pero cuando estás en escena, tienes que dejarlo todo”.















