Arturo Pérez-Reverte es un nombre propio en la cultura española. Hablamos de uno de los periodistas y narradores más fértiles de las letras españolas, una figura de referencia, así como también un espectador ferozmente activo, capaz de alternar clásicos del cine negro con blockbusters contemporáneos, y de emitir juicios lapidarios con apenas 280 caracteres.
Una vez más, desde su cuenta de X (antes Twitter), el autor de El club Dumas y El Capitán Alatriste ha compartido ciertas impresiones cinéfilas con su clásica mordacidad. Y se ha fijado en una de las últimas películas que han llegado a cartelera.
La cinta "woke" que desató la furia de Pérez-Reverte: “Sólo faltó que el rey fuera negro”
Y eso es justo lo que ocurrió el pasado 6 de abril, cuando amaneció con un comentario que no tardó en viralizarse: "Ayer vi William Tell: mujeres guerreras con faldas que desmontan jinetes a caballo, el malo perdonado porque matar queda feo, el hijo con la manzana en la cabeza es árabe... Solo faltó que el rey fuera negro para tener la película ideal". La crítica iba dirigida a Guillermo Tell (2024), adaptación italo-británica del clásico teatral de Friedrich Schiller, con Claes Bang, Connor Swindells y Golshifteh Farahani en los papeles principales.
Ayer vi "William Tell": mujeres guerreras con faldas que desmontan a jinetes armados a caballo, un malo al que al final le perdonan la vida porque matar queda feo, el hijo con la manzana en la cabeza es árabe...... Sólo faltó que el rey fuera negro para tener la película ideal. pic.twitter.com/nkwuysnb0P
— Arturo Pérez-Reverte (@perezreverte) April 6, 2025
Para Pérez-Reverte, la cinta representa el enésimo ejemplo de lo que él denuncia como “inclusión forzada”: reescrituras históricas orientadas más a cumplir cuotas de diversidad que a respetar el contexto original. En este caso, la elección étnica de ciertos personajes y la coreografía de combates inverosímiles —como guerreras desmontando caballería pesada— han sido el detonante de su queja, en la línea de algunos expertos historiadores, que han visto el filme como un auténtico desastre.
Pero más allá de la anécdota, el caso vuelve a poner sobre la mesa un debate tan candente como incómodo: ¿hasta qué punto puede o debe reinterpretarse la historia en aras de la inclusión? Lo cierto es que, guste más o menos, este tipo de lecturas “woke” han encontrado su público, y las productoras lo saben, y en los últimos años han mercantilizado este tipo de corrientes en sus películas y series, con éxito dispar. Aunque, como demuestra esta polémica, no todos están dispuestos a aplaudir sin levantar la ceja y, desde la llegada de Donald Trump, la tendencia parece haber cambiado.















