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La generación Z en China ya no busca trabajo: ahora 'vive como una rata' y están orgullosos de ello

No por rebeldía gratuita, sino porque muchos ya no ven un futuro viable dentro del sistema. Y su forma de decirlo no es con pancartas ni huelgas, sino con cuerpos inmóviles, pantallas encendidas y silencio.
La generación Z en China ya no busca trabajo: ahora 'vive como una rata' y están orgullosos de ello
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Actualizado: 18:00 18/5/2025
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Frente al agotamiento y la precariedad, miles de jóvenes chinos han decidido desaparecer del mapa productivo. Lejos del modelo 996 que impuso jornadas maratonianas de 9 a 21 horas seis días a la semana, esta nueva subcultura —protagonizada por jóvenes nacidos entre los 90 y principios de los 2000— ha optado por el aislamiento, la dejadez y el mínimo esfuerzo como forma de resistencia pasiva.

Lo llaman “vivir como una rata”. Y no lo esconden: lo comparten orgullosamente en redes sociales como Weibo o Xiaohongshu (RedBook). Más que una moda, se trata de una respuesta al desempleo estructural juvenil, al desgaste emocional y a un mercado laboral cada vez más deshumanizado. Uno de cada seis jóvenes en China está en paro, según datos oficiales. Y muchos de ellos ya no buscan trabajo: han renunciado al sistema.

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“Ni siquiera me siento en el sofá. Me quedo en la cama tras despertarme y no me levanto hasta que tengo que ir al baño o comer. Luego vuelvo a acostarme. Puedo estar así una semana sin salir”, explica a Fortune uno de los autodenominados rat people o “gente rata”.

Rutinas de desconexión total

El estilo de vida se caracteriza por dormir gran parte del día, consumir vídeos sin parar desde la cama, pedir comida a domicilio y evitar cualquier esfuerzo que no sea imprescindible. Algunos incluso reconocen que comen solo una vez al día y pasan jornadas enteras sin ducharse ni cambiarse de ropa. Se alejan así de cualquier ambición laboral o presión familiar. Su rutina, si se puede llamar así, es la inactividad. Una parálisis cuidadosamente asumida.

Este fenómeno se enmarca dentro de una serie de movimientos recientes que han ido ganando fuerza entre los jóvenes chinos, como el tang ping (“tumbarse plano”), el bai lan (“dejarlo estar”) o el involution (competencia sin sentido que genera agotamiento colectivo). Todas estas formas de disidencia comparten una idea: ante un sistema que no recompensa el esfuerzo, no tiene sentido participar en él.

Un síntoma más que una solución

Expertos citados por medios como Fortune advierten que esta forma de resistencia no es solo una renuncia laboral, sino un síntoma de malestar profundo: “No es simplemente apatía. Es una protesta silenciosa nacida del cansancio, el desencanto y la sensación de que ningún esfuerzo tiene recompensa. En un mercado laboral que responde con ghosting o rechazos continuos, la autoestima se resiente y la salud mental se deteriora”.

Sin embargo, alertan también de sus riesgos. Compartir abiertamente esta actitud en redes sociales puede comprometer las posibilidades futuras de conseguir empleo. Algunas empresas rastrean la huella digital de los candidatos, y expresiones de apatía radical podrían volverse en su contra. “Una cosa es resistir y otra, cerrarse puertas. A veces basta con un pequeño gesto: salir a caminar, desconectar del móvil o buscar un empleo temporal. Lo importante es moverse, aunque sea poco”, sugieren los especialistas.

Más allá de lo anecdótico, el auge del “modo rata” refleja una fractura generacional en China. Mientras las generaciones anteriores internalizaron la ética del trabajo como vía hacia el éxito y la estabilidad, la Generación Z cuestiona esa narrativa.

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