El pulso verbal entre Elon Musk y Pedro Sánchez ha subido otro peldaño en X. El empresario volvió a referirse al presidente como “Dirty Sánchez”, lo llamó “traidor” y amplificó un mensaje del activista británico de extrema derecha Tommy Robinson en el que se sugería que Sánchez “debería ser detenido”, todo ello a cuenta de la regularización extraordinaria de alrededor de medio millón de personas migrantes aprobada recientemente por el Gobierno.
El contexto no es menor: según la información recogida por EFE, Musk ya venía usando ese apodo desde principios de febrero, y en días previos compartió publicaciones de otros activistas que vinculaban la medida migratoria con una supuesta estrategia electoral del Ejecutivo. En ese relato —que circula en la misma constelación de cuentas— se mezcla política doméstica española con política doméstica española, guerra cultural importada y la lógica de viralidad que premia el golpe de efecto sobre la explicación.
Del apodo al choque político
Sánchez, preguntado por estos ataques y por la presión de sus socios para abandonar algunas plataformas, respondió desde Nueva Delhi con una idea de resistencia: quedarse: que el Gobierno “se va a quedar” en las redes para “defender la razón” en lo que describió como espacios “siniestros” degradados por la “tecnoligarquía”. También dijo aspirar a que las redes “vuelvan a ser grandes” y no “el lodazal” que, a su juicio, se ha impuesto por “la codicia de unos pocos” a costa de “la salud mental de unos muchos”.
He should be arrested for his many crimes
— Elon Musk (@elonmusk) February 18, 2026
En su argumentario, el presidente enlazó esa batalla con la discusión sobre límites de edad y exposición de menores: habló de la “inundación” de contenidos violentos, pornográficos y mensajes de odio, y defendió que no se trata de “opiniones” sino de daños observables. Es un encuadre que conecta con una preocupación creciente en salud pública: el aviso del U.S. Surgeon General, por ejemplo, sostiene que la evidencia disponible ya ofrece “indicadores suficientes” de que las redes pueden entrañar riesgos relevantes para el bienestar de niños y adolescentes, y reclama cambios de diseño, transparencia y medidas de mitigación.
Pedro Sánchez sobre Elon Musk: "Al final, la inseguridad no la genera un menor de 14 años extranjero que esté en EEUU o en España; la provocan estos magnates que se creen que el mundo es suyo y que pueden hacer lo que les venga en gana".#Canal24Horas
— RTVE Noticias (@rtvenoticias) February 18, 2026
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Redes, salud mental y asimetría
El choque, además, ilustra un fenómeno más amplio: cuando el dueño de una gran plataforma entra en el barro político de un país, no lo hace como un tertuliano más, sino como un actor con capacidad de amplificación masiva. Esa asimetría importa porque la arquitectura de recomendación y el consumo “casi constante” —que el propio aviso del Surgeon General cifra como habitual en una parte importante de adolescentes— tiende a convertir la indignación en combustible de engagement, y a difuminar la frontera entre debate democrático y linchamiento digital.
A corto plazo, el episodio deja titulares y ruido; a medio, empuja el debate hacia una pregunta incómoda: quién fija las normas del espacio público digital cuando ese espacio tiene propietarios, intereses comerciales y dinámicas de viralidad que premian el ataque personal. En paralelo, la política española se ve arrastrada a discutir no solo migración o regulación tecnológica, sino algo más básico: si el coste social de las redes —en forma de desinformación, hostilidad y fatiga mental— es un daño colateral asumible o un problema de salud democrática que exige respuestas más concretas que “aguantar” en la trinchera.















