Lo que parecía otro episodio más del viejo choque entre Felipe II e Isabel I ha acabado emergiendo del fango de la bahía de Cádiz como una cápsula del tiempo. Un equipo multidisciplinar ha identificado allí el San Giorgio e Sant’Elmo Buonaventura, un barco genovés hundido durante el ataque de Francis Drake al puerto gaditano el 29 de abril de 1587.
El hallazgo impresiona también por su estado de conservación. La nave apareció a unos ocho metros bajo el lodo, en un entorno anaeróbico que protegió materiales orgánicos extremadamente frágiles y permitió recuperar restos que rara vez sobreviven tanto tiempo bajo el agua. Esa preservación convierte el pecio en una fuente excepcional para estudiar la vida a bordo y el comercio marítimo del siglo XVI.
Un pecio excepcional bajo el lodo de Cádiz
La investigación no se ha limitado a localizar el casco. El estudio, firmado por especialistas del IAPH, CSIC, Universidad de La Laguna, Estación Biológica de Doñana y otras instituciones, combinó genómica, dendroarqueología, paleobiología, fisicoquímica, arqueología y archivo histórico para reconstruir no solo el hundimiento, sino también la carga, la procedencia de materiales y parte de las condiciones sanitarias de la tripulación.
Entre los hallazgos más llamativos aparecen restos de vacas, cerdos, caprinos y gallináceas, además de un cráneo de una mujer de entre 25 y 35 años con un impacto en la frente. También se recuperaron botijas completas y selladas que aún conservaban aceitunas gordales en salmuera con alcaparras, laurel, romero y orégano, una imagen muy concreta del abastecimiento de la nave.
Comida, huesos y comercio global en un solo barco
El pecio ha devuelto además una fotografía inesperadamente global de aquella economía marítima. Durante la excavación aparecieron barriles con un material rojo identificado como cochinilla (Dactylopius coccus), un tinte procedente de Nueva España que acabaría siendo uno de los productos americanos más valiosos de la Edad Moderna. Los análisis dendroarqueológicos indican además que algunos toneles estaban hechos con madera del Báltico, lo que subraya la amplitud de las redes comerciales implicadas.















