La etapa de Greg Rucka en Lobezno destaca como una anomalía cautivadora dentro del canon del mutante canadiense. A pesar de su brevedad, con tan solo 19 números, esta obra, una de las más representativas del personaje, destaca por su profundidad temática y su tono distintivo, que la diferencian notablemente de otras interpretaciones del personaje. Y eso, teniendo en cuenta que el mutante es uno de los más usados y queridos de Marvel, es decir mucho.
Recopilada por Panini en una exquisita edición Lobezno de Greg Rucka: La colección completa, esta etapa se asemeja a una especie de historia noir contemporánea disfrazada de cómic superheroico. Distribuida por SD en librerías en formato cartoné de 448 páginas, se trata de una pieza para fans del antihéroe más encarado que habla por sí sola.
El Lobezno más sombrío y adulto regresa: Panini rescata la etapa noir de Greg Rucka en un tomo imprescindible
Rucka aterrizaba en la serie en un momento de cierta transición editorial, con Marvel buscando redefinir al personaje tras casi doscientos números de su cabecera previa. La solución no fue elevar la épica, una costumbre muy habitual cuando entra un nuevo equipo creativo a una cabecera de prestigio, sino rebajarla. Tamizarla, más bien. Aquí, Logan deja de ser el héroe hiperbólico de garras y spandex para convertirse en un justiciero sucio, nocturno y profundamente humano, enfrentándose a algo más que simple supervillanos.
El mutante tendrá que luchar contra traficantes de personas, mafias y redes criminales muy reales, un aspecto que nos encandiló en su día y que vuelve a resultar especialmente impactante. Este cambio de enfoque conecta directamente con la carrera de Rucka, un autor que ya había demostrado su querencia por el género negro en obras como Gotham Central o sus Las historias de Batman de Greg Rucka presenta a Lobezno como un detective trágico atrapado en una espiral de violencia.
Sí, Lobezno siempre ha tenido un reguero de cadáveres e historias oscuras a sus espaldas, es parte de su encanto y reinvención desde los 80 y 90, pero aquí encajan como un guante. La primera saga, “La Hermandad”, ejemplifica este enfoque con una narrativa seca e incómoda que sigue a Logan mientras se infiltra en una red de explotación humana en forma de secta religiosa. Rucka evita el glamour y la heroicidad, centrándose en cambio en la brutalidad y las consecuencias de las acciones de Logan. Este arco plantea uno de los temas centrales de la etapa de Rucka: el peso moral de la violencia y las consecuencias de la misma.
Un momento particularmente brillante, aunque a menudo pasado por alto, ocurre en el número de transición donde Logan conversa con Rondador Nocturno en un bar. Este diálogo introspectivo y cargado de culpa es puro Rucka, una auténtica pasada, y que nos demuestra un cómic de superhéroes que renuncia a toda la acción en favor de la exploración psicológica del personaje, algo cada vez más raro incluso hoy en día.
El segundo gran arco, El Paso del Coyote, continúa con esta mirada social, abordando temas como la inmigración ilegal y las mafias fronterizas. Aquí, Rucka refuerza su visión de Lobezno no como un héroe que salva el mundo, sino como un hombre que intenta arreglar lo irreparable en los márgenes del sistema. Esta visión casi desesperanzada del personaje es tremendamente coherente con la narrativa general de Rucka.
No obstante, no todos los elementos de esta etapa mantienen la misma precisión. El arco final, protagonizado por Dientes de Sable y el proyecto Arma-X, introduce elementos más tradicionales que rompen parcialmente el tono realista. Aunque Rucka intenta ofrecer una reinterpretación única del enfrentamiento clásico, algo que muchos autores han intentado hacer en el pasado, el resultado se percibe menos sólido que los dos primeros bloques. Es, en cierto modo, una concesión inevitable al ADN superheroico de Marvel.
En el apartado gráfico, Darick Robertson y Leandro Fernández aportan una estética áspera y deliberadamente feísta. Robertson, en particular, rompe con la idealización física del personaje y recupera a un Logan muy bajo pero corpulento físicamente, hosco y casi desagradable, más cercano al animal que al icono cinematográfico de Hugh Jackman. Esta decisión refuerza el tono sucio y realista del conjunto, aunque muchos no lo vieron así en su día.
En retrospectiva, la etapa de Rucka no es la más influyente ni la más espectacular de Lobezno, pero sí una de las más coherentes y adultas. Más allá de su descalabro comercial -aunque sea algo exagerado, las ventas de la cabecera descendieron considerablemente en esta etapa-, se trata de una obra que entiende al personaje no como un superhéroe, sino como una herida abierta que nunca termina de cerrarse. Y en ese enfoque, quizá, reside su mayor virtud: recordarnos que bajo el adamántium sigue habiendo un hombre. La edición de Panini, en un tomo cuidado, es una compra y una adición obligatoria para los completistas.















