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El 'búnker' sanitario contra el hantavirus está en Madrid: 475 camas, 22 plantas y una unidad de aislamiento extremo

De los antiguos hospitales militares nacidos para responder a guerras y epidemias se ha pasado a una medicina de bioseguridad, cámaras, esclusas y presión negativa.
El 'búnker' sanitario contra el hantavirus está en Madrid: 475 camas, 22 plantas y una unidad de aislamiento extremo
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Actualizado: 13:46 8/5/2026
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El Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla vuelve a ocupar un lugar clave en una crisis sanitaria internacional. Los 14 españoles que viajan en el crucero MV Hondius, afectado por un brote de hantavirus, serán trasladados a Madrid para hacer cuarentena en este centro militar, mientras las autoridades ultiman un operativo coordinado con varios ministerios, la OMS y organismos europeos. El buque, con 147 personas a bordo, ha registrado varios contagios y tres fallecidos, en un episodio que ha obligado a activar una respuesta excepcional.

La razón está en la naturaleza del virus detectado. Se trata del hantavirus Andes, una variante asociada a Sudamérica que preocupa porque puede provocar síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una enfermedad grave que afecta sobre todo a pulmones y corazón. A diferencia de otros hantavirus, cuyo contagio suele producirse al inhalar partículas contaminadas por orina o heces de roedores, el virus Andes es el único con transmisión documentada entre personas, aunque normalmente ligada a contactos estrechos.

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Una respuesta excepcional para un virus poco común

Ahí entra en escena la planta 22 del Gómez Ulla, una unidad que no se parece a una planta hospitalaria convencional. Su Unidad de Aislamiento de Alto Nivel, impulsada tras la crisis del ébola de 2014, fue concebida para cuidar casos de infecciones altamente contagiosas o incidentes biológicos, químicos, radiológicos y nucleares. La experiencia acumulada durante el ébola, la repatriación de ciudadanos desde Wuhan y la pandemia de covid ha convertido este espacio en una de las instalaciones más preparadas del país para situaciones límite.

Su funcionamiento se basa en una idea sencilla y compleja a la vez: que nada salga sin control. Las habitaciones cuentan con esclusas, vigilancia continua y sistemas de presión negativa, una tecnología que fuerza el movimiento del aire hacia zonas controladas para reducir el riesgo de fuga de partículas infecciosas. En este tipo de unidades, cada entrada y salida del personal requiere protocolos estrictos, equipos de protección y una coreografía pensada para evitar errores en el momento más delicado.

La planta 22 como cortafuegos sanitario

El despliegue no significa que España esté ante una epidemia comparable a la covid. Los expertos insisten en que el hantavirus Andes puede ser grave, pero no se transmite con la facilidad de los virus respiratorios más conocidos. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades describió el episodio como un incidente en evolución y, en su evaluación preliminar del 6 de mayo de 2026, recogía siete casos asociados al crucero, con tres muertes y otros pacientes en seguimiento.

El Gómez Ulla funciona ahora como un cortafuegos sanitario: no tanto por miedo a una expansión masiva, sino porque las enfermedades raras, graves y con incertidumbres clínicas se gestionan mejor en entornos preparados hasta el milímetro. En la planta 22, la historia sanitaria española se cruza otra vez con una amenaza invisible llegada desde el mar.

Raquel Díaz Herreros
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