El cáncer de páncreas lleva décadas siendo uno de los grandes enemigos de la oncología moderna: silencioso, agresivo y con una supervivencia a cinco años que apenas roza el 10%. Cada año se diagnostican en España más de 10.300 casos, y la falta de terapias realmente eficaces ha convertido esta enfermedad en un desafío casi estructural para la investigación biomédica.
En ese contexto, el último trabajo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) apunta a un cambio de paradigma. El equipo liderado por Mariano Barbacid ha logrado eliminar por completo en ratones el adenocarcinoma ductal de páncreas -el tipo más frecuente y letal- mediante una estrategia terapéutica combinada que, además, evita la aparición de resistencias y no presenta efectos secundarios relevantes.
España marca un hito científico: avances históricos en la lucha contra el cáncer confirmados por la investigación
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), demuestra la eficacia de una fórmula que ataca el tumor desde varios frentes. La clave está en el oncogén KRAS, mutado en la mayoría de los pacientes y responsable de activar los mecanismos que permiten al tumor crecer sin control. Durante años, los fármacos dirigidos contra esta diana han mostrado resultados discretos, con una gran efectividad a corto plazo, pues funcionan al principio, pero el cáncer aprende a esquivarlos.
La solución propuesta por el CNIO es tan lógica como contundente: bloquear la vía molecular en tres puntos distintos. Para ello, los investigadores combinaron un inhibidor experimental de KRAS (daraxonrasib), afatinib, ya aprobado para ciertos tumores pulmonares, y el degradador de proteínas SD36. El resultado fue una regresión significativa y duradera en tres modelos de ratón sin toxicidades importantes.
El propio Barbacid advierte de que aún no es posible trasladar esta triple terapia a ensayos clínicos y que el camino hacia su aplicación en pacientes será complejo. Aun así, el hallazgo abre la puerta a diseñar tratamientos combinados capaces de mejorar la supervivencia en un tumor que llevaba demasiado tiempo sin buenas noticias. No es una cura inmediata, pero sí una señal inequívoca de que la investigación empieza a estrechar el cerco sobre uno de los cánceres más difíciles de tratar.















