En 2017, el New York Times sacudió la agenda internacional al revelar la existencia de un programa secreto del Pentágono destinado a investigar fenómenos aéreos no identificados. De aquel reportaje, lo que quedó en la memoria colectiva fue el vídeo Gimbal: una grabación tomada desde un caza F/A-18 de la Marina de EE. UU. en la que se apreciaba un objeto con forma extraña y maniobras que parecían desafiar la física convencional. Durante casi una década, la incógnita sobre su naturaleza alimentó teorías ufológicas, especulaciones militares y hasta debates en el Congreso.
Ahora, China ha dado un golpe sobre la mesa con un anuncio que parece responder a aquella incógnita. Investigadores de la Universidad de Aeronáutica de Zhengzhou presentaron un prototipo de dron de despegue y aterrizaje vertical (VTOL) con un diseño sorprendentemente similar al del misterioso artefacto grabado en 2004 y divulgado en 2017. Se trata de un fuselaje en forma de anillo cerrado, con ala elíptica, estabilizadores verticales y cuatro rotores en los puntos de unión. Una silueta que recuerda al “huso volador” descrito por los pilotos estadounidenses.
Aerodinámica radical
El proyecto chino no es un capricho estético, sino un experimento de aerodinámica radical. Según sus desarrolladores, el ala anular ofrece un rendimiento superior al de un ala recta convencional, con más de un 100 % de mejora en la pendiente de sustentación. Esto se traduce en vuelos más estables a bajas velocidades y en condiciones extremas, justo lo que se necesita para misiones de reconocimiento en entornos complejos. Ensayos en túneles de viento y pruebas reales ya han confirmado que el aparato mantiene el flujo aerodinámico incluso en ángulos de ataque elevados, validando modelos que antes parecían teóricos.
Las aplicaciones potenciales son tanto militares como civiles. El dron puede equiparse con sensores ópticos, cámaras térmicas o cápsulas de suministro, lo que lo convierte en una plataforma versátil para la vigilancia marítima, la supervisión de campo de batalla o incluso tareas de rescate en zonas inaccesibles. Para las fuerzas armadas, su capacidad VTOL lo hace especialmente atractivo para operaciones navales, donde la posibilidad de despegar desde buques sin pista amplía de forma exponencial su valor estratégico.
Limitaciones y futuro
No obstante, la tecnología aún enfrenta limitaciones. El arrastre aerodinámico derivado de su peculiar geometría es uno de los principales desafíos, y los ingenieros chinos trabajan en refinar el perfil del ala para optimizar la relación sustentación/resistencia. También están desarrollando algoritmos de control más eficientes que reduzcan las correcciones en vuelo y, con ellas, el consumo energético. Además, se barajan variantes más estilizadas para uso en portaaviones, lo que evidencia la vocación militar del proyecto.
El parecido con el Gimbal es, cuanto menos, llamativo. Tal vez se trate de una coincidencia, tal vez de una inspiración directa. Lo que sí resulta evidente es que lo que hace diez años parecía un enigma extraterrestre ha terminado materializándose en un laboratorio chino.















