El momento que atraviesan NVIDIA y OpenAI es muy complicado. Hace apenas unos meses parecían inseparables: proyectaban anuncios grandilocuentes, manejaban cifras imposibles y se deshacían en elogios mutuos bajo la promesa implícita de un nuevo eje de poder en la industria tecnológica. NVIDIA hablaba de una inversión potencial de hasta 100.000 millones de dólares en OpenAI y el mercado daba por hecho que asistíamos al nacimiento de un matrimonio destinado a marcar una época. Hoy, ese vínculo ya no suena tan sólido.
Reuters ha confirmado tensiones internas en la empresa de Sam Altman, que consideran que NVIDIA no proporciona las mejores soluciones, y que habría que buscar suministradores de chipsets alternativos. ¿Qué ha pasado?
Se rompe el dúo de oro de la IA: NVIDIA y OpenAI ponen fin a su alianza multimillonaria tras invertir 100.000 millones
La historia venía de lejos. En 2016, cuando OpenAI era poco más que un laboratorio experimental, Jensen Huang tuvo el olfato suficiente para apostar por ella. Aquel regalo casi simbólico -un DGX-1, el primer gran sistema de NVIDIA pensado para IA- selló una relación que creció al ritmo de las GPU y explotó definitivamente con la llegada de ChatGPT. OpenAI se convirtió en uno de los mayores clientes de NVIDIA; NVIDIA, a su vez, empezó a asomarse al capital de OpenAI. Un intercambio beneficioso para ambos. El clásico quid pro quo.
Pero el castillo de fuegos artificiales de septiembre de 2025 ha ido perdiendo brillo. Según varias informaciones, aquella "inversión estratégica" no era tan firme como se entendió y hoy está, como mínimo, congelada. Huang ha insistido en que nunca hubo un compromiso cerrado ni una cifra única sobre la mesa, mientras desliza en privado dudas sobre la disciplina estratégica de OpenAI. Sam Altman, por su parte, intenta rebajar la tensión y recuerda que NVIDIA seguirá siendo un socio clave como proveedor. El problema es que las versiones ya no encajan del todo.
A esto se suman ciertas fricciones técnicas surgidas en las últimas semanas. OpenAI empieza a mirar con recelo algunos chips de NVIDIA, no creen que estén a la altura de la demanda cada vez más exigente y explora alternativas, incluso en compañías que chocan con los propios intereses del gigante de las GPU. Y, como si fuera poco, Altman juega a varias bandas, negociando con Amazon, SoftBank o Oracle mientras diversifica sus alianzas.
En el fondo, el miedo es mutuo. Y tiene cierta lógica. OpenAI no quiere depender de un solo proveedor. NVIDIA no quiere quedar atrapada por un único cliente. Cuando las cifras alcanzan los 100.000 millones, el riesgo deja de ser romántico y pasa a ser existencial. Aquí ya no hablamos de amor, sino de supervivencia.