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El fin del mundo en los videojuegos

Dicen que este viernes 21 de diciembre podría acabarse la vida como la conocemos. Repasamos los videojuegos que se han adelantado a la tragedia.

Muchas veces hemos escuchado que se acabaría el mundo, aunque pocas veces con la fuerza que resuena en esta ocasión. Son múltiples los agoreros pájaros que se acercan por nuestra siniestra, que parecen apuntar que realmente habrá algún tipo de cambio radical en el mundo tal y como lo conocemos. Por una parte tenemos la vertiente escatológica (no con el significado más popular, sino con el otro, vinculado con la muerte, el juicio final y otra teorías apocalípticas), y por otra, una rama algo más científica. En alguna parte entre ambas, los mayas, los estudiosos de la ufología o Fernando Arrabal han vaticinado la llegada del fin de una era, aunque no sabemos exactamente qué nos esperará una vez llegue tan señalado momento. ¿Desaparecerá nuestra mera existencia? ¿Habrá un nuevo orden? ¿Nos convertiremos en criaturas no muertas? ¿Lucharemos por sobrevivir contra criaturas llegadas del espacio?

En función de la fuente a la que recurramos nos encontramos con distintas respuestas o incluso con nuevas dudas, pero los videojuegos son en muchos casos un reflejo de la sociedad actual, y otras muchas veces incluso del propio futuro. Hasta que no se materialice no sabremos cuál de las historias ficticias vividas en este maravilloso mundo virtual realmente se adelantó a la tragedia, pero gracias a todas ellas, tenemos una ventaja con respecto al resto de la humanidad –ese extraño grupo de personas que no disfruta con los videojuegos–: podemos adelantarnos al fin del mundo, y cuando llegue, estaremos preparados. En Vandal no tenemos miedo al Apocalipsis. Bueno, sólo un poquito, pero tendremos más posibilidades de salir sanos y salvos si, el día 21 de diciembre de 2012, el mundo se transforma en alguno de los vistos en los siguientes juegos.

Lucha por la supervivencia

Una de las posibilidades que contemplamos con respecto al fin del mundo es que un "evento" acabe con la mayoría de seres humanos y animales, y en cierta medida, con la civilización y las urbes que hoy en día conocemos. No sabemos qué podría ser, y si llegaría de manera científica o sobrenatural. El fin del mundo no atiende a razones, y nosotros no somos nadie para discutirle. Mientras los restos de hormigón de un día fueron edificios dan paso a la Madre Naturaleza, que recupera lo que es suyo, los bienes materiales pasan a un segundísimo plano en favor de las necesidades básicas para la supervivencia. Los saqueos están a la orden del día, la gente se vuelve hostil y desconfía hasta de su sombra, y el agua se convierte en lo más preciado y en una razón más que suficiente para matar. Mientras, el ser humano no pierde su esencia social y familiar, y arriesga de manera objetivamente innecesaria su vida para poder estar con aquellos que, de manera literal o no, siente que son su familia.

Una de estas aventuras es I Am Alive, el título de Ubisoft Shangai que nos lleva a la ficticia ciudad de Haventon, situada en Estados Unidos, y donde un "evento", como decíamos anteriormente, ha llevado a Norteamérica a verse sumida en el mayor de los caos que ha conocido. Tras muchísimos problemas durante el desarrollo, amagos de cancelaciones y largos periodos de silencio, I Am Alive se materializó exitosamente para crear este título en el que nos embarcamos en un peligroso periplo que nos lleva hasta un ambiente hostil en el que una botella de agua tiene el mismo precio que tu cabeza, la cual necesitaremos bien pegada a nuestro cuello si queremos volver a reunirnos con nuestra mujer y nuestra hija. La ciudad en sí será tan peligrosa como los que en ella habitan, y mantener nuestra mente fría en las situaciones más peliagudas serán la diferencia entre que esa bala acabe en nuestra cabeza o en la suya. Sin duda, una experiencia que podría a prueba nuestros límites y nuestra sangre fría.

Algo similar sucede en The Last of Us, el nuevo juego de Naughty Dog en el que una plaga ha arrasado con la población terrestre, dejando maltrechos a los habitantes restantes y en según qué situaciones, escasamente humanos. Los supervivientes repartidos por el globo se las apañan para salir adelante, en un mundo en el que la fuerza, la inteligencia y el armamento juegan un papel importantísimo en el día a día. Los que peor han escapado han sido los "humanos" infectados por un hongo que los controla, creando unos monstruos antropomórficos únicamente movidos por la sed de sangre y carne humana. A pesar de lo que podamos pensar, The Last of Us no es un juego de "zombis", sino una historia entre un padre y una hija que realmente no son tales. Si el fin del mundo nos trae criaturas que no podríamos creer antes del día 21 de diciembre, quizá tengamos que preocuparnos más del peligro que suponen otros seres humanos antes que de estos monstruosos seres. De nuevo, el fin del mundo no trae solamente destrucción, sino una nueva familia que da forma a la esperanza de poder ver un nuevo amanecer.

Por si acaso el fin del mundo es de ésos a los que les gusta hacerse de rogar, vayámonos al año 2277. 200 años después de la guerra que las distintas naciones iniciaron y que culminó en una desastrosa batalla nuclear, el mundo vuelve a intentar renacer de sus cenizas. Como decimos, el ser humano medio ya tiene bastante con respirar, por lo que embarcarse en aventuras peligrosas no suena como la mejor opción. Pero cuando nuestro padre desaparece, sacamos fuerzas de donde no las hay para poder reencontrarnos con él. Así comienza la historia de Fallout 3, saga cuyo origen se remonta hasta el juego de 1988 para ordenadores Wasteland, y que nos lleva a través de los restos de Washington en lo que parece un paradójico periplo sin retorno. Teniendo en cuenta la situación que vivimos estos días en España, todas las apuestas están en que Bethesda ya prepara un nuevo juego postapocalíptico ambientando en nuestro país: Fallout: EuroVegas.

¡A pasarlo bien!

Independientemente del que sea el evento –terremotos, pandemias, Apocalipsis– todos damos por hecho que será algo malo. El fin del mundo será, en principio, algo negativo para la raza humana, pero eso no quita que podamos pasárnoslo bien, ¿no? Algo que no hemos podido hacer hasta el momento es correr en las ruinas de una gran ciudad así que, ¿por qué no organizar competiciones extremas de velocidad en nuestro "nuevo" mundo? La respuesta más sencilla es que simplemente mañana estaremos todos muertos, pero si sobrevivimos por lo menos podríamos darle un poco más de emoción a nuestro nuevo desafío consistente en llegar vivos al 2013. El ser humano siempre ha buscado experiencias extremas, llevar la adrenalina hasta el máximo y, cuando ya no te queda nada por lo que luchar, jugarte la vida en carreras al borde de la muerte se destaca como una buena opción. Al menos para algunos.

Ya en 2011, MotorStorm Apocalypse se vinculó con la tragedia. El juego de Evolution Studios fue cancelado o retrasado indefinidamente en Nueva Zelanda y en Japón, debido al importante terremoto y tsunami que sufrieron respectivamente estos países, independientemente de que el juego estuviese ambientado –o al menos, inspirado– en la costa oeste de Estados Unidos. Sony consideró adecuado no lanzar en tan inoportuno momento estos título, ya que ambas sociedades, aún en duelo por lo sucedido, no recibirían con ánimos lucrativos la recreación de tales eventos, por ficticios que fueran. En el último episodio de MotorStorm podíamos recorrer los restos de una gran urbe o esquivar un tornado en la costa, mientras los escenarios se destruían a nuestro paso ofreciéndonos nuevas rutas que tomar. Por supuesto, distintos grupos se centran en boicotear las carreras, utilizando si es necesario hasta helicópteros para bombardear nuestro progresar. El mundo como lo conocemos se habría acabado, pero la guerra seguirá estando entre nosotros.

Esta guerra nos lleva al siguiente juego, Outlander, un juego desarrollado por Mindscape que llegó a Mega Drive en 1992 y a Super Nintendo en 1993 con cambios de perspectiva entre versiones. Al más puro estilo Mad Max, luchamos por dominar las carreteras, en las que poco se mueve salvo nuestros vehículos. La banda rival intenta detenernos de manera bastante poco ortodoxa desde sus motos, mientras nosotros, pistola en mano y desde nuestro coche (algunas teorías apuntan a que, con el fin del mundo, llegará el fin de la Dirección General de Tráfico y se podrá conducir legalmente con una mano) nos abrimos paso atropellando y disparando a todo lo que se interponga en nuestro camino. Por supuesto, después de aniquilar a todos los de la banda rival y hacernos con el dominio de las autopistas la aventura pierde gracia, pero hasta entonces, el subidón de adrenalina es destacable.

También podría ser que el calentamiento global desolase el planeta, y nos dejase amplísimas extensiones de terreno en las que explorar, y de paso, competir. Esto es lo que nos propone Fuel, un título de carreras postapocalípticas –como no podría ser de otra manera– en el que tenemos la posibilidad de recorrer una extensión de más de 14.000 kilómetros cuadrados, lo que, para que os hagáis una idea, es más que la provincia (no la ciudad) de Sevilla, totalmente disponible para nuestro disfrute. Disfrute que se verá interrumpido por tornados, tormentas de arena y otros efectos climatológicos. Una vez más volvemos a ver el fin del mundo puede no ser una razón para dejar de disfrutar, siempre y cuando una banda rival no se empeñe en aguarnos la fiesta –o volarnos la cabeza, en función de cómo tengan el día–, o una tormenta eléctrica nos deje achicharrados y prácticamente fundidos con el asiento del vehículo en cuestión. De un modo u otro se perfila como un planazo para celebrar el fin de año.

Fin de nuestra existencia

¿Habéis escuchado a algún perro decir que será el fin del mundo? ¿A un gato? ¿A algún loro (y que lo diga porque realmente lo piensa)? ¿No? Pues quizá el fin de mundo no afecte a los animales. Cabe la posibilidad de que aunque nosotros no lleguemos a ver el 2012, sí que lo hagan todas nuestras mascotas y otras criaturas salvajes que pueblan nuestro maltrecho planeta. ¿Qué sería de la tierra sin el ser humano? Muchos opinan que un lugar mejor, aunque muy probablemente seguirá estando muy lejos de convertirse en un paraíso. Nuestra obra más reciente cedería ante el incesante paso de la naturaleza. Nuestra huella se borraría paulatinamente, quedando enterrada a través de los siglos para, quién sabe, ser descubierta dentro de miles de años. Pero la lucha por la supervivencia se extiende a cualquier criatura viva, y un mundo postapocalíptico poblado por animales sólo daría cabida a una guerra sin fin.

Tokyo Jungle nos permite adelantarnos a este caos, y bueno, en caso de que la reencarnación exista, organizarnos para saber cómo sobrevivir en los próximos días de nuestras nuevas vidas. El particular juego que nos ocupa destaca por ofrecer la posibilidad de encarnar a casi cualquier animal que se nos ocurra, con sus debilidades y sus fortalezas. Obviamente, un pollito no tiene nada que hacer en lo que a fuerza bruta se refiere contra un dinosaurio, pero su reducido tamaño y su mayor agilidad son elementos sensiblemente relevantes a la hora de sobrevivir. Habrá que alimentarse, procrear y defendernos si queremos ver un nuevo amanecer, algo que no será fácil. No olvidemos que Tokyo Jungle prepara el terreno para jugar incluso como robots, y es que nunca se sabe en qué podríamos reencarnarnos.

También sirve para reflejar la personalidad de cada individuo, ya que los que no sepan trabajar en equipo necesitarán una criatura lo suficientemente poderosa como para sobrevivir en solitario. Otros con más habilidades sociales podrán formar sus propios grupos ya que, como se suele decir, la unión hace la fuerza. Tokyo Jungle también nos ofrece la posibilidad de jugar como un homo erectus, por lo que si el fin del mundo resulta conllevar un paso "devolutivo" también podremos estar preparados para ello. Pero la propuesta de reencarnación del juego de Sony Japón nos plantea una pregunta: ¿preferiríamos reencarnarnos como animales o revivir como zombis? ¡Aún nos quedan unas horas para planteárnoslo!

¡Aliens!

Aunque lleva casi un siglo entre nosotros, recientemente la teoría de los antiguos astronautas ha cobrado una mayor popularidad. Los que la proponen, aseguran que vida extraterrestre inteligente visitó la Tierra hace miles de años, afectando profundamente el desarrollo de la civilización humana. Aunque calificar las pruebas que apoyan a esta teoría de fehaciente depende de cada individuo, es posible que los extraterrestres sean los responsables de que en las próximas horas el planeta se convierta en otro mundo, algo desconocido hasta el momento y que rompa con la continuidad que durante millones de años los que la han poblado y la puebla han podido disfrutar. Y es que, según piensan algunos de los que creen en la teoría que mencionamos, los alienígenas volverán, y sus intenciones no tienen por qué ser buenas.

La historia que os vamos a contar ahora sucede en 1949, pero bien podría comenzar a suceder a partir de pasado mañana. O quién sabe, quizá sucede mientras lees estas líneas. Una raza alienígena ha aterrizado silenciosamente en la tierra, y poco a poco comienza a propagar un virus que transforma a los seres humanos en seres propios de su raza, en Quimeras. Los aficionados de la saga sabrán que la historia no es exactamente como aquí la contamos, pero también entenderán que prefiramos no revelar detalles para aquellos que se inician ahora en la obra de Insomniac. Y es que éste es, más o menos, el argumento de Resistance: Fall of Man. Los alienígenas vienen a apoderarse del planeta tierra, y el ser humano lucha por defender lo que es suyo. ¿Serán suficientes las armas contra un virus que nos modifica genéticamente? ¿Tendrá derecho una raza alienígena a tomar nuestro planeta? Es difícil responder a estas preguntas, pero mucho más difícil será nuestra batalla por la libertad.

Poco después, en 1957 y cerca de unas ruinas mayas, otro objeto caído del espacio colisiona con la superficie terrestre. Los científicos le quitan importancia y pronto el incidente se olvida. Treinta años después (pongámosle cincuenta y cinco para darle emoción y que coincida con la fecha que nos ocupa), empiezan a propagarse historias de vida alienígena poblando la ubicación del impacto, y nosotros tendremos que encargarnos de asegurar la integridad del planeta. Contra nos permitió allá por 1987 –y a causa de la censura– asumir tamaña tarea, pero los europeos tuvimos un encargo ligeramente distinto. Esta vez los alienígenas habían sido sustituidos por robots, ya que, aunque se trataran de seres de otro planeta su figura humanoide los hacía inadecuados para el mercado occidental, y decidieron cambiar la naturaleza de los enemigos. Conocido tras ser "editado" como Probotector, esta versión de Contra nos llevaba al año 2633, y esta vez el causante del caos era un ser extraterrestre llegado de la Galaxia del Apocalipsis. Con ese nombre, no había muchas esperanzas de que viniese a traernos paz y amor, pero bueno, había que darle un voto de confianza.

Son varios los juegos y las teorías que apuntan que los extraterrestres (de ‘extra’, de fuera, y ‘terrestre’ de la tierra) llegarían, obviamente, de fuera de la tierra. Pero, ¿y si realmente fueran intraterrestres? Es decir, de dentro de la tierra. Eso es lo que nos pone sobre la mesa Gears of War que, si bien no se desarrolla en el planeta Tierra, se desarrolla en uno muy similar llamado Sera, en el que las condiciones –salvo los días de 26 horas– son prácticamente idénticas. Desde tiempos inmemoriales, una raza cohabitaba el planeta, aunque manteniéndose en las capas subterráneas de éste. ¿Podría ser el día 21 de diciembre de 2012 nuestro particular día E? ¿Comenzará a temblar la superficie y seres reptilianos intentarán tomar lo que por extensión consideran suyo? Pronto lo descubriremos. Por si acaso, pillad algún arma automática, la cadena de la bici, un puñado de clavos e id montando vuestra propia Lancer con motosierra.

Un nuevo orden mundial

21 de diciembre. La oscuridad. No sabemos exactamente qué pasa, ni cuánto tiempo pasará hasta que nos despertamos. Pero cuando lo hagamos, el orden mundial que controla la sociedad actual se habrá ido, y dejará paso a uno cuyos fines desconocemos. Imaginad despertar y encontrarnos en un lugar extraño e inhóspito, rodeado de robots que buscan capturarnos. La lucha por la supervivencia se ve aderezada con elementos externos a la propia raza humana. Nada es como lo recordábamos, y realmente, apenas recordamos algo. Las preguntas no tardarán en llegar, y lo peor es que "¿dónde estamos?" será probablemente la que menos nos importe. Nuestras mayores preocupaciones serán saber sencillamente qué hacer, si obedecer , si luchar por nuestra libertad o si ayudar a nuestros semejantes que puedan encontrarse en una situación similar.

Ninja Theory, creadores de Heavenly Sword y el más reciente DmC, dieron forma a una de las aventuras más infravaloradas de esta generación, que detrás de un nombre tan significativo como Enslaved: Odyssey to the West nos propone una historia tan sorprendente como emotiva. La esclavitud, teóricamente abolida desde hace cientos de años, retorna para abrir un argumento en el que comenzamos secuestrados en una nave de esclavos. Una joven desconocida se cruza en nuestro camino, e, irónicamente, cuando pensamos estar más cerca de la libertad, nuestra futura y pelirroja compañera de aventuras nos vuelve a convertir en esclavo con una impactante tecnología del futuro. Gracias a una especie de bandana metálica puede controlarnos parcialmente, y lo más importante, si ella, como controladora de la bandana, muere, moriremos nosotros con ella.

Con estas previsiones de futuro, poco más podemos hacer que luchar por sobrevivir y por mantener a nuestra compañía sana y salva. En nuestra ‘odisea hacia el oeste’ descubriremos que la Tierra sigue poblada de recuerdos, y que una ‘nueva orden’ controla lo poco que queda sobre ella. Siendo sinceros, es difícil pensar en una escapatoria para tan compleja situación, pero Enslaved: Odyssey to the West es capaz de descubrir una historia plagada de sorpresas, con uno de los finales más sorprendentes que podemos esperar. ¿Será éste el terrible futuro que nos aguarda?

Dejémoselo a los profesionales

También podría suceder que la invasión no acabase con la raza humana por completo, sólo la transforme. Quizá los gobiernos están listos para esto y estén entrenando a soldados de alto nivel para enfrentarse a tal amenaza, por lo que no será necesarios que nosotros como individuos nos embarquemos en peligrosas aventuras. Demasiado tendremos con sobrevivir a hordas de enemigos sedientos de carne fresquita que acechan en los alrededores de nuestra casa –si conseguimos mantenerla–, así que se lo dejaremos a profesionales. Realmente esto se podría aplicar a multitud de juegos, pero nos centraremos en dos que se basan en esta temática ofreciendo una visión potencialmente apocalíptica que, quién sabe, podríamos vivir sobre la tierra en los próximos días.

Imaginad –en el mejor de los casos– que sobrevivimos a estos escasos días del apocalíptico 2012 y que en 2013 ocurre una guerra nuclear. La situación en la Tierra es tan dura que obliga a la humanidad a vivir bajo tierra. Nos trasladamos concretamente hasta Moscú, la capital de Rusia. Aquí los supervivientes viven reunidos en el metro, donde las estaciones se han convertido poco a poco en países. Las ideas empiezan a imponerse a la convivencia, y marxistas y nazis comienzan a luchar por el control de distintas estaciones. Algunas se mantienen al margen de estas dos facciones, pero la mayoría han sido destruidas por los ‘Oscuros’. Los Oscuros no son otra cosa que lo que queda de los humanos y animales que se quedaron en la mortal superficie terrestre, y que a causa de la gran radiación han mutado en temibles criaturas que han perdido toda su esencia original. Bajo esta desalentadora situación nos encontramos en la creación de Dmitry Glukhovsky, la novela homónima que sirve de base Metro 2033, el juego de 4A Games editado por THQ en el que nos convertimos en un miembro de la seguridad de la estación VDNKh. ¿Llegaremos a esa situación?

Similar e igual de dura es la situación que nos propone Resident Evil 6. Si bien es la última de la saga, también es, probablemente, la que sucede a mayor escala. Resident Evil 6 nos lleva al borde –por no decir al centro– de una terrible crisis mundial, y para variar, esta vez no es económica. La humanidad podría extinguirse como tal por culpa de un peligroso ataque bioterrorista que vuelve a mutar a los hombres y mujeres del planeta Tierra en distintos tipos de criaturas, pero todos ellos letales. Unos pocos agentes de élite y algún que otro héroe no tan preparado tienen en sus manos el destino de la humanidad, y su trabajo no será sencillo. El antiguo incidente de Raccoon City ha quedado como un problemilla de nada en comparación con lo que podría suceder ahora. Sobrevivir no está en nuestra mano, y de hecho no sabemos cómo acabará todo esto; pero por si acaso, se lo dejaremos a los profesionales.

Castigo divino

La idea del fin del mundo aparece a lo largo de múltiples religiones. Quizá una de las más extendidas es el Apocalipsis, y con ella, la imagen de los cuatro jinetes que aunque aparecen brevemente en la Biblia, han tenido una gran repercusión en la cultura occidental. Éstos son comúnmente representados como una señal de la llegada inmediata del fin del mundo conocido, aunque cada uno contiene una inmensa simbología que en según qué casos no se ha sabido concretar. Los cuatro caballos son: el Caballo Blanco, el Rojo, el Negro y el Bayo, y están, respectivamente, cabalgados por el jinete de la Victoria, el de la Guerra, el del Hambre y el de la Muerte. En función de la fuente estos nombres son variables, pero independientemente de que estéis o no familiarizados con este libro de la Biblia, seguro que si estáis al menos familiarizados con los videojuegos un par de nombres de la anterior lista os resultarán conocidos.

La ancestral guerra entre el Cielo y el Infierno sienta las bases argumentales de Darksiders, el juego de acción, aventura y rol desarrollado por Vigil Games. Originariamente concebido para cuatro jugadores (en los que cada jugador controlaría a uno de los jinetes), una reorganización interna durante el desarrollo del juego enfocó el título de THQ al modo de juego en solitario. Los apocalípticos Jinetes, hijos de los ángeles y los demonios llevan sus armadas a la Tierra para la batalla final, son invocados por el supracelestial Consejo para castigar a los que no cumplan las reglas –ejem, los hombres–, aunque no todo acontece como se esperaba. Así, comenzamos la historia de venganza de Guerra por limpiar su nombre, que nos llevará a combatir con criaturas dantescas y a explorar mazmorras para conseguir completar con éxito nuestro periplo.

De manera paralela a la oscura historia de Guerra se desarrolla la de Muerte, otro de los cuatro Jinetes del Apocalipsis. Ésta es la que se relata en Darksiders II, la secuela en la que el dúo formado por Vigil Games y THQ. En esta ocasión no sólo se expanden las posibilidades, sino que la extensión del mapeado se multiplica por tres. La aventura de Muerte es la aventura de Guerra. El protagonista busca defender la inocencia de su hermano, quien aparentemente ha sido condenado por crímenes que no ha cometido. Es peliagudo siquiera pensar que puedan bajar cuatro criaturas a caballo desde el cielo, pero probablemente igual de posible que lo hagan a base de platillos volantes u otro objeto volante no identificado. Ahora bien, si los textos religiosos son un reflejo de lo que pueda suceder pasado mañana, más vale que nos pongamos a rezar todo lo que sabemos, porque los Jinetes tienen pinta de bajar con ganas de fiesta.

Muertos vivientes

Los zombis, no-muertos, muertos vivientes o como ellos prefieren ser llamados, ‘aaaaaghhgghgh...’, son una de las modas que más impacto han tenido en los medios en los últimos años. Películas, cómics, series, libros y por supuesto, videojuegos, se propagan como si fueran estas mismas criaturas; a veces con más inteligencia y otras veces con menos, más o menos rápido, pero siempre expandiéndose. Los zombis, desde que naciesen en la religión haitiana, no tuvieron una gran repercusión en la cultura occidental, pero con la llegada de La Noche de los Muertos Vivientes de George A. Romero la cosa cambió. Su popularidad en estos últimos años es inmensa y como decimos, vive en la actualidad su punto más álgido. Bueno, a falta de saber qué acontece mañana, cuando podrían convertirse en los absolutos protagonistas.

Imaginad que estamos en el supermercado comprando las provisiones para abastecernos durante el apocalipsis. El mayor peligro a nuestro alrededor son las peleas por el paté y el papel higiénico, pero poco a poco comenzamos a ver cómo se agolpan criaturas en el exterior de centro comercial. Son zombis. Decenas de personas permanecen encerradas en su interior, intentando mantener la fe en que pronto serán rescatados de algo que no terminan de creer. La necesidad de un amo por estar con su perro acaba abriendo las puertas del centro comercial, y haciendo que las hordas de muertos vivientes que se agolpaban en el exterior inunden el hasta momento seguro espacio y desmesurando el alcance de la tragedia. Sabemos que vendrán a buscarnos, pero pasarán varios días hasta que la ayuda llegue. Necesitaremos toda nuestra habilidad para sobrevivir no sólo de los zombis, sino de los propios humanos a los que la tragedia los ha arrastrado hasta la locura. Preparaos para entrar en Dead Rising.

Bastantes líneas atrás mencionamos que la necesidad de reencontrarse con nuestros seres queridos va más allá de la mera supervivencia, y por volver a ver esos anhelados rostros no dudamos ni un segundo en arriesgar nuestra vida. Así comienza la historia de Randall Wayne en la decadente aventura de desarrollo lateral Deadlight. Él es uno de los pocos supervivientes de una extraña epidemia que permitió, en un hipotético Seattle de 1986, a los muertos volver a la vida, aunque visiblemente afectados por la parca. Wayne se embarca en esta peligrosa aventura para reencontrarse con su hija y esposa, Shannon y Lydia, pero pronto descubrirá que esto no será tan fácil. Una vez más, será difícil saber cuál es el mayor peligro ahí fuera, si los no muertos o los propios humanos.

Otros pensarán que, si mañana los zombis comienzan a comerse a nuestros vecinos, tampoco habrá que hacer una tragedia de ello. A finales de septiembre de 1993 en Norteamérica y a finales de enero de 1994 en Europa, llegaba el llamado Zombies Ate my Neighbors (que traducido sería ‘los zombis se han comido a mis vecinos), conocido únicamente y gracias a la censura como Zombis en el viejo continente. El juego desarrollado por LucasArts para Super Nintendo y Mega Drive nos ofrecía casi cincuenta fases en las que recorríamos distintos escenarios urbanos –al menos en un principio– rescatando a tantos vecinos como pudiésemos de los distintos enemigos inspirados por clásicos y no tan cásicos relatos de terror, que iban desde Drácula hasta Viernes 13. Tenemos que reconocer que no sólo aparecen zombis en este juego, de hecho la lista se extiende a hombre lobos, momias, muñecos endemoniados, alienígenas e incluso insectos gigantes, pero su título lo hace merecedor de aparecer en este subapartado.

Los "caminantes", apodo nada cariñoso que reciben los zombis de The Walking Dead, se han hecho con el mundo. El Apocalipsis ha llegado reanimando a los muertos, y si bien la historia relatada en el tebeo de Robert Kirkman y, consecuentemente, la que nos ocupa se desarrollan en el estado de Georgia, el planeta entero no se salva de esta atroz circunstancia. Lee Everett protagoniza esta terrible historia en la que el ser humano se une con sus semejantes para poder llegar con vida a un mañana que nunca parece llegar. Si nuestro mundo se ve mañana inundado por caminantes, tenemos que estar preparado para el sacrificio, para conocer a nuevas personas que acabarán siendo nuestra familia, y para saber que podremos perderlas en cualquier momento. Si éste es el futuro que nos espera, esperemos que al menos no sea tan agónico que permita dar forma a varios y dramáticos relatos sobre nuestra lucha por sobrevivir. Y si lo es, esperemos una adaptación videojueguil y convertirnos, como ya le sucediese a Lee y compañía, en los protagonistas del juego de año.

En 1986 Ubisoft publicaba su primer juego, conocido simplemente como Zombi. Disponible en plataformas como Amstrad, Spectrum, Amiga o Commodore 64, Zombi nos ofrecía una aventura gráfica en primera persona de esas que tanto se estilaban en la época. Salvando las diferencias –que son muchas y abismales– el juego compartía esencia con ZombiU, uno de los grandes del lanzamiento de la nueva máquina de sobremesa de Nintendo y que sigue el patrón de añadir la última parte del nombre de la consola al título del juego. La base de este título de supervivencia las sienta el astrónomo galés John Dee hace más de 400 años. Dee firma una profecía en la que prevé el Apocalipsis terrenal, y que se cumple a finales de este mismo año. La historia es más oscura de lo que parece, pero a efectos prácticos nos encontramos en la misma y peligrosa situación. Si habéis pensado visitar Londres en una pequeña escapada antes de que termine el año, sabed que cuando lleguéis podríais encontraros en una ciudad repleta de muertos vivientes. La capital inglesa se convertirá en una trampa mortal en la que más nos vale tener un buen manejo del bate de cricket y un buen estado físico para correr como auténticos campeones.

Los videojuegos se han convertido en una de las mayores fuentes de entretenimiento, y consiguen en muchas ocasiones contar relatos con una profundidad igual o mayor que la de otros medios más consolidados. No sabemos qué sucederá mañana, y aunque nuestras esperanzas y posibilidades pasan por marcar la casilla que dice "Nada.", nunca está de más echar un vistazo que refresque nuestra memoria, y sobre todo, si lo echamos a grandes videojuegos. Hemos intentado recoger algunos de los juegos más icónicos, y aunque sabemos que nos dejamos muchísimos títulos en el tintero –sólo de zombis o de Resident Evil podría hacerse un extenso monográfico–, esperamos que haya resultado ilustrativa.

Los videojuegos nos han ofrecido a través de los años lo que podríamos considerar una guía de supervivencia para el Apocalipsis que tantos auguran cercano. Con este reportaje cubrimos algunas de las posibilidades más factibles –dentro de las posibilidades que tenemos de que realmente algo suceda el próximo día 21– del fin del mundo y aun os damos unas horas de margen para que os preparéis. Sin más, dejamos la puerta abierta al futuro, esperando poder continuar trayéndoos reportajes como éste –el próximo un poco más optimista– y despidiéndonos con un "¡Hasta mañana, mundo!".

Colaborador