'Mortal Kombat' es una de las sagas de videojuegos más famosa de la historia, y de igual manera que 'Resident Evil', 'Tomb Raider' e incluso 'Silent Hill', ha tenido varias adaptaciones al formato cinematográfico para trasladar el éxito de los mandos a un público masivo a través de la gran pantalla. Aún con las entregas de los 90 manteniéndose como cintas de culto, Simon McQuoid tomó la decisión en 2021 de ponerse al frente de una nueva versión de la obra de Ed Boon para renovarla, actualizándola al celuloide contemporáneo haciendo gran gala de un llamativo CGI y unas coreografías salvajes.
Aunque la producción liderada por Lewis Tan en el apartado protagónico no funcionó demasiado bien entre la crítica y atravesó por importantes turbulencias al estrenarse en un marco postpandemia, el filme logró salvarse con un despliegue simultáneo en cartelera y streaming, recaudando 80 millones de dólares en taquilla y arrasando en HBO. Aquello fue la llave para poner en marcha 'Mortal Kombat 2', y cinco años después y con un cambio de protagonista, llega la secuela de McQuoid con muchas mejoras, pero también con otras certezas.
Ya hemos visto 'Mortal Kombat 2' y, aunque es una mejora, confirma que la saga no acaba de funcionar en el cine
'Mortal Kombat 2' puede describirse fácil y rápidamente como un corregido y aumentado en toda regla: hay más acción, más sangre, más referencias a los videojuegos y un ritmo más acelerado que permite que la historia avance a pasos agigantados para que los espectadores tengan constantemente un chute de adrenalina en vena, siendo testigos de un espectáculo realmente brutal que hasta se atreve a representar los míticos fatalities en primer plano.
En ese sentido, no hay nada que reprocharle a la secuela porque destila amor y cariño por la saga de NetherRealm Studios y Midway Games, poniendo siempre por delante lo macabro y feroz para crear un evento de pan y circo que satisfaga a los seguidores más acérrimos. Ahora bien, todo ello es a coste de un sacrificio que lastra por completo la película y hace que se reafirme, una vez más, que 'Mortal Kombat' quizá no es la obra más adecuada para expandirse en formato cinematográfico: la pérdida casi absoluta de la narrativa.
El guion de Jeremy Slater avanza tan deprisa que la evolución de personajes es prácticamente inexistente. De hecho, la única manera de conectar verdaderamente con las motivaciones de los mismos es tener una relación con ellos a través de los videojuegos o haber visto la entrega de 2021 recientemente. 'Mortal Kombat 2' no pierde el tiempo en introducciones dilatadas y tampoco deja espacio para que sus protagonistas, más allá de Johnny Cage (Karl Urban) y Shao Khan (Martyn Ford), se desarrollen con cierta naturalidad para conectar con el público, lo que provoca que sea complicado que el relato genere cualquier impacto emocional o que incluso importe lo más mínimo.
Aunque 'Mortal Kombat' jamás ha tenido una narrativa profunda, puesto que se basa en combates uno contra uno y lo que mueve la saga de videojuegos es precisamente la jugabilidad, el cine sí requiere de una historia -más o menos compleja- para funcionar, y la secuela se ha olvidado de cuidar ese importante apartado para centrarse en su meticulosa recreación de los enfrentamientos que los jugadores pueden experimentar a los mandos. Acierta en eso, sí, pero pierde una de sus patas y hace que el filme cojee durante sus dos horas.
Y a ello se suma un CGI que sigue la estela de la reciente 'Return to Silent Hill', con unos efectos un tanto aberrantes que dejan al descubierto de manera constante las costuras del apartado visual de la película, alternando entre escenas que están realmente bien construidas con otras que habrían necesitado unos cuantos días más en chapa y pintura para acabar de relucir como deberían. ´
'Mortal Kombat 2' está muy cerca de plasmar de manera casi perfecta lo que se vive con la saga de videojuegos, pero muy lejos de ser una producción atractiva con una historia que enganche. Lo mejor es cuando la trama se mueve a través de la interpretación de Karl Urban o de las ocurrencias de Josh Lawson como Kano, brillantes a todos los niveles y un auténtico disfrute que permite que la adaptación respire con las dosis justas de comedia.















