El Yakutiya no es solo un rompehielos más de la flota rusa, sino una de las incorporaciones más recientes del proyecto 22220, la serie con la que Moscú quiere sostener la navegación en la Ruta Marítima del Norte durante cada vez más meses al año. El buque fue entregado en marzo de 2025 y llegó a su base de Múrmansk en abril, ya listo para operar bajo la gestión de Atomflot, la filial de Rosatom especializada en esta flota.
Su carta de presentación impresiona incluso dentro de una categoría acostumbrada al exceso. Según las especificaciones oficiales del proyecto, estos rompehielos miden 173,3 metros de eslora y 34 metros de manga, desplazan alrededor de 33.500 toneladas y pueden alcanzar unos 22 nudos en aguas libres. La clave está abajo: montan dos reactores nucleares RITM-200, el sistema que les da potencia sostenida para abrirse camino donde otros buques simplemente se detienen.
Una pieza clave para la Ruta del Norte
Lo que convierte al Yakutiya en una herramienta estratégica no es solo su tamaño, sino su capacidad de trabajo real sobre el hielo. Rosatom y la documentación técnica del proyecto sitúan su límite en torno a 2,8-3 metros de espesor, suficiente para escoltar cargueros, petroleros y metaneros por tramos extremadamente duros del Ártico ruso. Además, su diseño de calado variable le permite operar tanto en mar abierto como en zonas menos profundas, incluidas desembocaduras de ríos siberianos.
Ese perfil “universal” explica por qué Rusia sigue apostando por esta clase. En abril de 2025, el Yakutiya completó su primera misión de escolta, guiando al buque Grigory Shelekhov a lo largo de 367 millas náuticas en el golfo del Yeniséi. No era una simple prueba simbólica: era la puesta en escena de un rompehielos pensado para mantener abierto el tráfico comercial en una ruta que el Kremlin considera crítica para el transporte de recursos, especialmente hidrocarburos y carga vinculada al desarrollo ártico.
Más que un buque: infraestructura y soberanía
Todo esto encaja con una ventaja estructural rusa que rara vez se discute lo suficiente. El CSIS lleva años subrayando que Rusia posee la mayor flota de rompehielos nucleares y no nucleares del mundo, una capacidad que combina logística civil, apoyo industrial y presencia estatal en una región cada vez más disputada. En ese tablero, un buque como el Yakutiya no es solo infraestructura marítima: es una pieza de soberanía operativa sobre un corredor que Moscú quiere convertir en alternativa viable a rutas más largas como Suez.
La gran incógnita no es qué puede hacer el Yakutiya hoy, sino cuánto podrá sostener Rusia este esfuerzo de modernización en un entorno de sanciones, tensiones geopolíticas y costes crecientes. Rosatom ya ha dicho que, si la Ruta Marítima del Norte quiere expandirse de verdad, el país necesitará pasar de 10 u 11 rompehielos a entre 15 y 17. El Yakutiya, en ese sentido, no es el final de la estrategia, sino una de sus piezas más visibles y recientes.















