La evolución, conocida por su extraordinaria diversidad de formas de vida, también puede recorrer el mismo camino en repetidas ocasiones. Un estudio publicado en la revista Evolution revela que, desde la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años, la naturaleza ha originado al menos una docena de veces un mismo tipo de mamífero especializado: un depredador de hormigas y termitas con hocico alargado, lengua pegajosa, potentes garras para excavar y una dentición muy reducida o incluso inexistente.
Este fenómeno, conocido como evolución convergente, ocurre cuando especies sin parentesco cercano desarrollan características casi idénticas debido a desafíos ambientales similares.
A pesar de los esfuerzos de los científicos, la evolución sigue produciendo depredadores similares en diferentes continentes, un fenómeno que aún no se comprende del todo
Lo que hace que este caso sea particularmente fascinante es que estos animales pertenecen a ramas evolutivas completamente diferentes. El oso hormiguero sudamericano, el pangolín africano y asiático, el equidna australiano, el cerdo hormiguero africano y el numbat australiano apenas comparten ancestros recientes, pero todos han desarrollado un aspecto y unas adaptaciones muy similares. Como explica el biólogo Thomas Vida, coautor del estudio, es como si la evolución recurriera continuamente a la misma solución cuando encuentra un diseño particularmente eficaz.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron la dieta y la historia evolutiva de más de 4000 especies de mamíferos. Sus hallazgos sugieren que la mirmecofagia, una dieta basada casi exclusivamente en hormigas y termitas, surgió de forma independiente al menos doce veces.
El éxito de estos insectos tras la desaparición de los dinosaurios podría explicar este fenómeno. Las colonias de hormigas y termitas proliferaron por todo el planeta, convirtiéndose en una fuente de alimento abundante y relativamente estable, lo que llevó a distintos mamíferos a evolucionar hacia el mismo modelo corporal para explotarla.
Sin embargo, convertirse en un especialista tiene un coste. Adaptaciones tan extremas implican transformar el cráneo, la mandíbula, la lengua, el aparato digestivo y las extremidades, lo que dificulta enormemente volver a una dieta más generalista. Los autores señalan que, en los últimos 66 millones de años, apenas existe un ejemplo documentado de un linaje que abandonara este modo de alimentación: una especie de musaraña elefante logró ampliar nuevamente su dieta tras millones de años de especialización.
Este hallazgo también sorprende por la rapidez con la que este patrón se ha repetido. Mientras que otros casos famosos de evolución convergente, como la carcinización, la tendencia de distintos crustáceos a adquirir una forma similar a la de un cangrejo, se desarrollaron durante cientos de millones de años, los mamíferos especializados en comer hormigas han aparecido una y otra vez en un intervalo mucho más corto.
Para los investigadores, todo apunta a que, cuando la naturaleza encuentra una solución extraordinariamente eficiente, no duda en reutilizarla una y otra vez, incluso en especies separadas por millones de años de evolución.















