En lo profundo del Amazonas habita la araña más grande del planeta: la tarántula Goliat, conocida científicamente como Theraphosa blondi. Este coloso de ocho patas despierta fascinación y temor a partes iguales. Su envergadura puede superar los 30 centímetros y su peso alcanzar los 170 gramos, cifras que la colocan en la cúspide del reino arácnido.
Más allá de su tamaño, lo que atrae la atención de naturalistas y curiosos son los mitos que la rodean. A menudo se la presenta como una depredadora temible, capaz de devorar aves, y su imagen ha sido reproducida desde el siglo XVIII gracias a ilustraciones como las de Maria Sibylla Merian. Sin embargo, estas escenas excepcionales no reflejan la rutina de la especie: la dieta habitual de la Goliat consiste principalmente en insectos grandes, como grillos, escarabajos y saltamontes, aunque también puede cazar pequeños vertebrados, ranas, lagartijas o roedores diminutos.
Goliat, la araña gigante del Amazonas, aterroriza la selva con patas de 30 cm y colmillos mortales
Su método de caza es activo y directo, sin necesidad de tejer telarañas, inyectando veneno con sus colmillos para inmovilizar a la presa. Aunque estos colmillos pueden superar los cuatro centímetros, el veneno no representa un peligro serio para los humanos, provocando en el peor de los casos molestias locales como dolor, sudoración o irritación.
La Theraphosa blondi prefiere los suelos blandos y húmedos de la selva tropical, donde excava madrigueras o aprovecha cavidades naturales. Durante el día permanece oculta, protegiéndose de depredadores y del calor, y por la noche sale a cazar. Su robusto cuerpo, recubierto de un espeso pelaje, no solo contribuye a su masa, sino que la convierte en una figura imponente incluso en comparación con otras arañas de patas más largas, como la cazadora gigante.
Cuando se siente amenazada, la Goliat recurre a tácticas defensivas: eriza sus pelos urticantes, capaces de provocar irritación cutánea y molestias respiratorias. Lejos de ser un monstruo del bosque, esta tarántula desempeña un papel clave en el ecosistema amazónico, controlando poblaciones de insectos y pequeños animales. Su estudio permite desmitificar su reputación y comprender mejor la riqueza y complejidad de la biodiversidad de la selva más grande del planeta. La tarántula Goliat no es un símbolo de horror, sino un prodigio de adaptación y supervivencia, un testimonio vivo de la vida que se esconde entre las sombras del Amazonas.















