Cualquiera que contemple la carrera de Gary Oldman podría pensar que es el sueño de todo actor: un Óscar en la estantería, más de un centenar de créditos y la fama de haber interpretado algunos de los personajes más icónicos del cine moderno. Sin embargo, en una entrevista concedida a Playboy en 2014, Oldman deja claro que su visión sobre su propia trayectoria está lejos del brillo que el público percibe. Con un amargor palpable, responde a cualquier elogio con un simple, pero rotundo: “Cualquiera menos yo”.
Cuando se menciona a Oldman, nuestra mente salta automáticamente a títulos como Sid & Nancy, El caballero oscuro o Harry Potter. Películas que para el espectador son memorables, para él son recordatorios incómodos. Sid & Nancy es el ejemplo perfecto. Pero hay otra película, de ciencia ficción, que Oldman odia con todo su ser.
Gary Oldman admite su arrepentimiento por algunos de sus trabajos y confirma que odia esta obra maestra de la ciencia ficción: “Pisotearía gran parte de mi carrera”
"No me gusto a mí mismo en la película, no. Francamente, no quería hacerla en primer lugar. Me convencieron en su momento. Y ahora, si paso zapping y la encuentro, es: '¡Mierda! Sid & Nancy', y me voy. No creo que interpretara bien a Sid Vicious. No me gusta cómo salgo en Prick Up Your Ears. No fui la persona adecuada para interpretar a Beethoven y rechacé el papel media docena de veces", comenta.
Para Oldman, los superéxitos y los blockbusters son simplemente “trabajo”: un medio para ganarse la vida. Pero hay títulos que despiertan un rechazo casi físico, y uno de ellos es El quinto elemento. Su relación con el clásico de culto dirigido por Luc Besson —coautor de su debut en la dirección con Los golpes de la vida— no es de admiración: "Oh, no. No lo soporto", confiesa sin medias tintas.
En otra entrevista con Far Out Magazine, Oldman profundiza en los motivos que le llevaron a aceptar el papel. No fue pasión por el guion, sino un favor a Besson, productor de su primer proyecto como director. “Yo estaba dirigiendo una película, y Luc Besson era uno de los productores y me había ayudado inicialmente a conseguir financiación. Estaba ganándome el pan. [Luc] llamó y dijo: ‘Necesito que hagas una película’. No leí el guion, fue un favor”, recuerda.
Ese sentido de obligación deja claro que, incluso para un actor de su calibre, no todos los proyectos nacen de la inspiración. Oldman sabe que su talento es reconocido, pero lo ve como algo subjetivo. Su relación con la fama y el legado es honesta y hasta incómoda: "Supongo que no debería quejarme. He aprendido con los años que la gente se enfada cuando te dice que algo es su película favorita y tú respondes: '¿En serio? ¿Te gustó esa mierda?'. Ese tipo de cosas las diría Sean Penn", indica.
"Así que ahora les digo a las personas: 'Gracias, genial', y sigo adelante. Pero sabes, recuerdo a John Lennon diciendo que, si pudiera, volvería atrás y quemaría la mayor parte del trabajo de los Beatles. Dijo que regrabaría todas las malditas canciones, y lo entiendo. La mayor parte de mi trabajo lo pisotearía y empezaría de nuevo", concluía.
Gary Oldman es un recordatorio de que incluso las leyendas del cine son, ante todo, seres humanos con dudas, arrepentimientos y un sentido del humor brutalmente honesto sobre sí mismos.















