España ha mantenido históricamente una relación estrecha con Venezuela, un país clave en el tablero energético global pese a atravesar desde hace años una profunda crisis política y económica. Aun en ese contexto de inestabilidad, Caracas continúa siendo un proveedor relevante de recursos estratégicos, especialmente de petróleo crudo, una materia prima fundamental para el funcionamiento del sistema energético y la industria petroquímica española.
El crudo venezolano ha gozado tradicionalmente de un alto valor geoestratégico debido a la magnitud de sus reservas, estimadas en más de 300.000 millones de barriles, las mayores certificadas del planeta. Según datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), en 2022 España importó alrededor de 4 millones de barriles de petróleo procedente de Venezuela, lo que supuso cerca del 2% del total de las compras nacionales de crudo. Aunque el porcentaje pueda parecer modesto, adquiere relevancia si se tiene en cuenta la enorme diversificación de proveedores de la que depende el mercado español.
Es una de las materias primas más disputadas del mundo y la tensión en Venezuela amenaza con afectar a su distribución global
El petróleo venezolano que llega a nuestro país es procesado en refinerías operadas por compañías como Repsol, que mantiene además intereses y actividad directa en territorio venezolano. España importa anualmente en torno a 60 millones de toneladas de crudo y, aunque la presencia del petróleo venezolano ha disminuido con el paso de las décadas, su aportación sigue teniendo peso dentro del engranaje energético nacional.
La situación actual, sin embargo, introduce nuevos factores de incertidumbre. El bombardeo estadounidense sobre Caracas y la detención de Nicolás Maduro abren un escenario imprevisible que podría comprometer los acuerdos existentes y alterar el flujo comercial. El impacto real de estos acontecimientos dependerá de cómo evolucione el contexto político y diplomático en las próximas semanas, sobre todo tras el despliegue militar.
Desde la óptica española, mantener una red amplia y estable de proveedores es una cuestión estratégica. Venezuela no figura entre los principales suministradores de crudo -un ranking encabezado por países como Nigeria, México o Arabia Saudí-, pero su papel resulta clave en términos de diversificación. En 2023, el petróleo representó aproximadamente el 85% de las exportaciones totales venezolanas, lo que refleja hasta qué punto la economía del país sudamericano depende de la venta de crudo.
España, por su parte, importa más del 70% de la energía que consume, una dependencia estructural que obliga a reforzar la seguridad del suministro mediante una cartera variada de orígenes. En este contexto, el petróleo venezolano, aunque en volúmenes menores que en el pasado, sigue contribuyendo a ese equilibrio, especialmente en un momento marcado por las tensiones geopolíticas en regiones clave como Rusia y Oriente Próximo, dos de los grandes polos de producción mundial.















