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El acuífero que sostiene la agricultura de EE.UU colapsa y amenaza con desatar una crisis global de precios alimentarios

El agotamiento del acuífero de las Altas Llanuras asfixia a los cultivos, encarece el bombeo y amenaza el corazón agrícola de Estados Unidos.

La columna vertebral de la agricultura moderna en el corazón de Estados Unidos no está a la vista. No fluye por ríos ni embalses, ni se percibe en el paisaje. Se esconde bajo tierra, en el Acuífero de las Altas Llanuras, una gigantesca reserva subterránea que durante décadas ha permitido que campos enteros sigan produciendo incluso cuando el cielo se cierra y la lluvia no llega.

Ese equilibrio, sin embargo, se está rompiendo. El agua se extrae mucho más rápido de lo que la naturaleza es capaz de devolverla. A medida que el nivel desciende, bombear se vuelve más caro, más lento y más incierto. Lo que durante años fue un seguro contra la sequía empieza a comportarse como un recurso frágil, capaz de poner en aprietos a explotaciones enteras.

La gran reserva subterránea de EE. UU. se está secando y pone en jaque la agricultura y los precios globales de alimentos

Lo inquietante es que el problema no se manifiesta de forma inmediata. Los cultivos pueden seguir verdes, los sistemas de riego funcionando y las cosechas llegando al mercado. Pero bajo esa apariencia de normalidad, el modelo agrícola opera cada vez más cerca de su límite. El acuífero, al menos en la gran mayoría de los casos salvo catástrofe mayor, no colapsa de golpe: se vacía en silencio, temporada tras temporada.

El Acuífero de las Altas Llanuras se extiende por ocho estados, desde Dakota del Sur hasta Texas, y sustenta una de las regiones agrícolas más productivas del planeta. Su papel fue clave cuando el riego a gran escala se expandió en el siglo XX, estabilizando cosechas y transformando tierras secas en motores agrícolas. El problema es que esa estabilidad dependía de una reserva que parecía inagotable, pero no lo era.

Un acuífero no es un lago oculto bajo tierra, sino un entramado de sedimentos y rocas que almacenan agua lentamente. La recarga natural es pausada y limitada. El bombeo agrícola, en cambio, es constante e intenso. Cuando miles de pozos extraen agua al mismo tiempo, el desequilibrio se vuelve inevitable.

El acuífero se está agotando de forma lenta y paulatina: cada vez cuesta más extraer agua para los cultivos en EE.UU

En la práctica, el descenso del nivel implica pozos más profundos, bombas más potentes y facturas energéticas cada vez mayores. También reduce el margen de seguridad: en periodos de calor extremo o sequía prolongada -como la que se está sufriendo a nivel global-, el sistema deja de responder como antes. En algunas zonas, menos agua significa directamente menos producción.

El riesgo mayor es que el impacto llegue sin aviso visible. Cuando un pozo deja de suministrar el volumen necesario, no hay transición suave. El riego falla y las decisiones se vuelven urgentes. Y dado que esta región alimenta tanto mercados nacionales como internacionales, cualquier inestabilidad acaba trasladándose a las cadenas de suministro y a los precios.

El futuro pasa por adaptarse. En Estados Unidos -y, en parte, en toda la agricultura global- se está apostando por sistemas de riego más eficiente, cultivos menos dependientes del agua y una gestión más cuidadosa del recurso serán inevitables. El acuífero ha dejado de ser un fondo invisible e inagotable en términos y se ha convertido en un factor decisivo para una adaptación forzosa. Su lento agotamiento no hace ruido, pero está redefiniendo el futuro de la agricultura estadounidense y, con él, el de los alimentos que llegan a todo el mundo.