En el sur de la India, Karnataka se ha colocado bajo los focos con un ambicioso proyecto hídrico que los medios locales describen como el acueducto más alto del mundo. Esta estructura, parte del
En el sur de la India, Karnataka se ha colocado bajo los focos con un ambicioso proyecto hídrico que los medios locales describen como el acueducto más alto del mundo. Esta estructura, parte del
ಜಲಸಂಪನ್ಮೂಲ ಇಲಾಖೆ
https://waterresources.karnataka.gov.in › ..." target="_blank">Proyecto Integrado de Agua Potable de Yettinahole, no es solo un hito de ingeniería: es la respuesta del estado a años de escasez que han golpeado tanto a ciudades como a comunidades rurales. Con 10,47 kilómetros de longitud y secciones que alcanzan los 40 metros de altura, el acueducto simboliza una nueva carrera por el agua en el sur de India.
Situado en la región de Gubbi, en el distrito de Tumakuru, el acueducto funciona como un puente hidráulico que canaliza grandes volúmenes de agua por gravedad, sorteando desniveles y evitando la dependencia de bombas a lo largo de toda su extensión. La intención es transportar agua desde los Ghats occidentales hasta las zonas del interior que históricamente sufren sequías, reduciendo impactos sobre áreas habitadas y manteniendo un flujo continuo y seguro.
El proyecto, que costó 1.203,68 millones de rupias, incluyendo 41 crore para adquisición de terrenos, ha sido reconocido por su ejecución y medidas de seguridad, obteniendo premios nacionales en buenas prácticas ambientales e ingenieriles. A pesar de ello, sigue enfrentando desafíos: permisos ambientales, impactos en zonas forestales y revisiones de costos han retrasado la finalización completa hasta 2027.
El acueducto no es un fin en sí mismo, y supone un paso más hacia la modernización de la India. Forma parte de una red más amplia de canales y sistemas de captación capaces de reunir hasta 24,01 TMC de agua, destinada a abastecer 28 taluks en siete distritos y beneficiar a 7,5 millones de personas. La primera fase, en marcha desde el 2024, contempla 35 km de canales ya terminados, capaces de llenar embalses locales y garantizar un suministro más regular. Sin embargo, el proyecto también refleja un delicado equilibrio social: el agua sigue siendo un recurso disputado entre comunidades rurales, urbanas y agricultores.
Expertos advierten que, sin una gestión transparente y mantenimiento constante, el acueducto podría favorecer primero a quienes ya cuentan con infraestructura, dejando a las zonas más vulnerables dependientes de soluciones temporales. La estructura, monumental y simbólica, plantea preguntas sobre sostenibilidad, equidad y el precio real de asegurar agua hoy sin comprometer los ecosistemas y las comunidades de mañana.