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FICHA TÉCNICA
Producción: Nintendo
Precio: 59,99 €
Jugadores: 1
Formato: Digital
Textos: Español

Tomodachi Life: Una vida de ensueño - Vuelve la versión caótica y absurda de Los Sims de Nintendo; Impresiones

Reímos a carcajadas y nos sorprendemos con los mecanismos de esta particular casa de muñecas para Switch, que ofrece una comedia delirante.
Versión Switch.

Nintendo es la compañía de Mario, de Zelda, de Metroid. Pero también de Wii Sports, de Animal Crossing, de Nintendo Labo. Tomodachi Life pertenece a este último grupo, el de las propuestas experimentales, difíciles de comprender hasta que las pruebas. Una vida de ensueño lleva a Switch el juego-juguete que vendió más de seis millones de copias en 3DS. Como aquel, amplía y perfecciona, pero sin redondear todas sus aristas, el programa original de DS que no salió de Japón, donde vendió más de tres millones de unidades.

A quien nunca haya probado esta versión caótica y delirante de los simuladores de vida como Los Sims le pueden chocar estas cifras, comparables a las de series más asentadas de la factoría de Kioto, pero la propuesta es lo suficientemente potente para justificarlas, y la manera de ejecutarla, capaz de convencer a cualquiera que quiera poner un poco de humor (absurdo) en su vida. La idea es la siguiente: ¿Qué ocurriría si metes a tus amigos, a tu familia, a tus famosos favoritos e incluso a tus mayores enemigos en una isla? ¿Y si todos son seres de luz y las situaciones surrealistas están a la orden del día?

¿De qué va Tomodachi Life?

En Tomodachi Life no eres tu Mii, aunque por supuesto puedes crearte a ti mismo como primer habitante de la isla completamente personalizable, lo que supone una de las principales novedades de la versión para Switch. En cambio, eres tanto el gestor como el espectador de esta casa de muñecas en la que se suceden las situaciones cómicas gracias a las interacciones de los Mii que has colocado en ella.

Tener un sentido del humor tontorrón es imprescindible para disfrutar de Tomodachi Life.

Puede que un colega hable con tu madre de un tema muy personal. O que dos amigas se enamoren nada más verse. O que el Mii que has creado simulando a Sonic se cabree tras hablar con el Mii que has diseñado de Super Mario. Es fácil que las actividades que compartas con algunos personajes se difundan como la pólvora y al final media isla termine charlando de acariciar gatitos o de jugar a las Magic. También que unos tengan sueños tronchantes sobre otros, que se den sustos mientras pasean por la isla o se obsesionen con alguna tontería.

El motor que hay detrás de todo esto es fascinante. Los engranajes que se mueven en la trastienda son más o menos evidentes, pero ahí reside parte de la gracia: el jugador tiene poco control directo sobre lo que sucede, pero la visibilidad de las tuercas, con el paso de las horas, hace algo más previsible saber qué interacciones puede tener resultados graciosos.

Los Mii pueden referirse a otros personajes con motes si se estrecha su relación.

Lo que más influye en los sistemas que mueven la caja de muñecas es el proceso de creación de los Mii. Podemos exportar los que hayamos creado con el editor de la consola, pero es más recomendable crearlos en el juego porque hay muchísimas más opciones estéticas. Además, dispone de un proceso guiado de generación de Mii que suele dar muy buenos resultados. Se les puede asignar su género, su pronombre y sus varios intereses románticos; por ejemplo, pueden ser bisexuales o sentirse atraídos solo por personas no binarias.

El paso más importante a la hora de su creación llega cuando se le asigna la personalidad. Se asigna una intensidad de entre uno y ocho en seis rasgos: movimiento, habla, expresividad, carácter y naturaleza. En varias ocasiones nos hemos quedado boquiabiertos por cómo el juego, con esos valores aparentemente simples, ha interpretado perfectamente la personalidad de quien hemos tratado de recrear.

Es sorprendente cuán profunda es la personalidad de los Mii partiendo de variables tan aparantemente sencillas.

La personalidad maneja entre bambalinas las relaciones espontáneas que se generan entre los Mii y cómo se llevan entre sí, pero en ello también influye lo que el jugador y lo que las situaciones aleatorias motiven. Poco a poco, los personajes acabarán charlando de actividades, de objetos, de temas de conversación y de otros elementos exógenos sugeridos por quien juega conforme le preguntan los habitantes de su mundo virtual.

En nuestro caso, los diálogos tronchantes se sucedían casi cada vez que hablábamos con un Mii o poníamos la oreja mientras charlaban entre ellos. Un colega decía que se hartaba de comer fabes cuando estaba nervioso. Media isla estaba contentísima de estar enganchada a Marathon. Otros alababan lo divertido que es acariciar gatitos. Y muchas otras cosas de las que conversaban no se pueden reflejar en este texto, pero valga decir que el juego no nos ha puesto limitaciones a la hora de introducir temas y conceptos que los Mii pronuncian a viva voz. Una voz, por cierto, cómicamente robótica y ampliamente personalizable para cada personaje.

Los triángulos amorosos están a la orden del día.

Como podéis comprobar, Tomodachi Life deja en manos del jugador buena parte de su disfrute. Por un lado, a la hora de crear los Mii, de otorgarles personalidades que generen situaciones divertidas y caóticas, y de incitar interacciones entre ellos que generen memes personales. Por otro lado, quien juega debe estar predispuesto a la gracieta, a lo absurdo y a un humor muy japonés.

Un chiste interactivo

Pero no todo es responsabilidad del jugador. El videojuego pone mucho de su parte con su ambientación, su estilo artístico y las situaciones marco que plantea. Es un juego colorido, cálido y buenrollero, también con la música. Desde el propio arte se hacen coñas constantes. Por ejemplo, la comida, ya sea una galleta, un muslo de cordero al horno o una torrija, son fotos reales que los Mii se zampan de manera tan graciosa como cutre; de hecho, lo intencionalmente cutre es parte del humor.

Además de minijuegos tronchantes, hay pruebas que tienen poca chicha, pero otorgan objetos que regalar a los Mii.

Es muy significativo del tipo de situaciones que quiere generar que uno de los primeros conjuntos de ropa que podemos comprar sea un pelele de bebé con el que también se pueden vestir los adultos. Hay chistes hasta en los precios de las cosas: lo mismo una farola te cuesta un euro, y una hamburguesa, 17. Los minijuegos tienen una estética y una propuesta que parece sacada de WarioWare, como el que nos hace darle golpecitos por detrás a un Mii con un dedo gigante para quitarle el hipo.

Esos minijuegos se repiten con facilidad, y al igual que ocurre cuando repites un chiste, acaba perdiendo su gracia. Sin embargo, dan pie a interacciones con y entre los Mii: no hace falta que tú, como gestor de la isla, ayudes al personaje que se ha tropezado y cual tortuga no se puede levantar. Puedes coger a otro Mii para que lo socorra y así establezcan una relación o la fortalezcan. Esa repetición afecta a muchas partes del juego, también a las conversaciones y a ciertas situaciones, pero precisamente la repetición, los momentos en los que se ve claramente la maquinaria y los fallitos, han sido el motivo de las carcajadas más intensas, como cuando el Mii de una amiga dijo que le inquietaba el peinado de un colega calvo.

Una isla que decorar y herramientas de creación potentísimas

Con todo, la mejora en el funcionamiento de la simulación es una de las principales novedades de Una vida de ensueño, pero no la más importante. Ese honor se lo llevan las posibilidades de personalización de la isla, sus decoraciones y sus habitantes.. Puedes rediseñar y reordenar el mundo en el que viven cómo y cuándo quieras, aunque la decoración de las habitaciones en la que se alojan funciona casi de la misma manera que en 3DS, mediante estancias predeterminadas de muchos estilos diferentes.

La personalización de las habitaciones de los Mii es básica: no se pueden colocar elementos individualmente, sino estilos completos.

Existen potentísimas herramientas de personalización de objetos, comida y muchas otras cosas que darán alas a los más creativos para que su mundo no solo sea tronchante por lo que dicen los personajes, sino también por cómo son y por lo que ven. Son tan potentes que probablemente por eso no se pueden compartir las creaciones con otros jugadores, salvo los Mii a través de la conexión local. Sería un trabajo arduo moderar los disparates y las situaciones ofensivas que con toda seguridad comenzarán a circular por las redes sociales en cuanto se publique el juego.

Sin embargo, los menos creativos no tenéis nada que temer. No os vais a perder la diversión de la propuesta por no saber dibujar o no tener estilo. El juego pone a disposición de quien juega suficientes objetos, decoraciones y elementos predeterminados para generar tanto espacios bonitos como situaciones tronchantes. Además, a la hora de decorar la isla, los propios Mii sugieren remodelaciones que se producen instantáneamente tras pagar lo correspondiente.

Además de este editor simple, hay un editor avanzado con muchísimas más opciones.

Conforme pasan las horas de partida y los días, la isla y los Mii van evolucionando. Los personajes van adquiriendo maneras de saludar, rasgos de personalidad, muletillas y otros elementos que dan forma a ellos mismos, a cómo se relacionan con los demás y a las situaciones que se generan. La isla crece con nuevos comercios y con elementos interactivos que dan lugar a más tipos de interacciones.

Eso sí, no nos ha convencido del todo el sistema de progresión. No porque esté mal, sino simplemente por el hecho de que exista. Comprendemos que los personajes suben de nivel (al alimentarlos, al hacerles regalos, al vestirlos, al reformar su vivienda…) y obtienen rasgos paulatinamente para motivar al jugador a interactuar con ellos y a volver al juego. Igualmente, entendemos que la isla sube de rango, desbloqueando cosas en el proceso, para no apabullar con todas las opciones desde el principio.

'Una vida de ensueño' parece un juego mucho más grande de lo que atisbamos de momento.

Pero sentimos que esa estructura más de videojuego se interpone en la simulación y la limita en las primeras horas sin mucho sentido. Porque, si entras en el rollo de Tomodachi Life, no te hacen falta niveles, barritas de experiencia ni desbloqueables. Como ocurría con los Animal Crossing previos a New Horizons, cada día querrás volver a tu isla para ver qué lían tus personajes, sin necesidad de que te pongan una zanahoria al final de un palo, simplemente porque muy mal se tiene que dar una partida para que no cierres el programa con una sonrisa en la boca.

Llega el 16 de abril a Switch

Aun así, en estos primeras horas nos ha dado la sensación de que apenas hemos tocado la superficie de los sistemas y de lo que tiene que ofrecer este juguete digital, un lugar de luz y humor que tan bien se recibe en estos días de oscuridad. Con lo que hemos jugado, ya os adelantamos que nos han convencido para que volvamos recurrentemente durante un buen tiempo. Ya os contaremos nuestras aventuras y desventuras por Isla Vandalismo antes del lanzamiento el 16 de abril.

Hemos realizado estas impresiones gracias a un código para Switch facilitado por Nintendo of Europe.

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