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Género/s: Musical / Ritmo
Fecha de lanzamiento:
Switch:
FICHA TÉCNICA
Desarrollo: Sega
Producción: Sega
Distribución: eShop
Precio: 39,99 €
Jugadores: 1
Formato: Descarga
Textos: Inglés
Voces: Inglés
Online: -
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Análisis Hatsune Miku: Project Diva MegaMix, un estupendísimo arcade musical (Switch)

La adaptación a Switch del juego musical de SEGA protagonizado por los idol virtuales de Vocaloid es un arcade rotundamente divertido por el que vale la pena dejar de lado los prejuicios.
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Actualizado: 21:31 17/8/2020
Análisis de versión Switch.

Hatsune Miku: Project Diva Megamix es un juego de ritmo frenético, divertidísimo, accesible, amplio, profundo y con el nivel justo de reto para querer seguir jugando al terminar cada canción. Es, también, un juego en el que, con los puntos que obtenemos al superar canciones, podemos comprar vestimentas para las y los idol virtuales que lo protagonizan, desde bikinis a disfraces de Sonic The Hedgehog. Es complicado acercarse a este título sin recelos, provocados por unos prejuicios que surgen del corto alcance de miras personal y del qué dirán propio de esta era en la que se juzga con más ahínco la cultura que consumes que quién eres. Pero vale la pena hacer el esfuerzo de quitarse de encima esos prejuicios, porque a pesar – aunque, en parte, gracias a ello – de que la mayoría de sus más de 100 canciones estén cantadas por voces digitalizadas agudas y estridentes, cualquier aficionado al género musical debería darle una oportunidad.

Una base jugable sólida y profunda

El motivo principal, pero no único, es que Project Diva Megamix está rotundamente bien diseñado en su base jugable. Conforme avanza la canción aparecen en pantalla los botones – totalmente configurables, por cierto – que debemos pulsar: A, B, X, Y y los gatillos. En el centro de la letra hay una aguja que gira en el mismo sentido que la del reloj: apretar el botón justo cuando está en vertical apuntando hacia arriba nos otorga la mayor puntuación, o un poquito menos si pulsamos algo antes, y con penalizaciones importantes si lo hacemos aún peor, desde cortarnos el combo multiplicador si apretamos demasiado pronto, a quitarnos un fragmento de la barra de vida si ni siquiera nos da tiempo a darle al botón.

A veces los videoclips están tan cargados de elementos y movimientos que cuesta ver las letras, que también se van moviendo, pero esa necesidad de identificar rápidamente los botones es parte del aprendizaje.

El mecanismo es sencillo y entendible por cualquiera, pero va complejizándose conforme subimos la dificultad (tras fallar las primeras canciones en normal pasaréis al modo fácil, y a las pocas horas estaréis probando suerte en difícil) y accedemos a los temas con más estrellas: una misma pista en dos dificultades diferentes puede tener más notas que tocar, estas se pueden mover a mayor velocidad, u ofrecer más momentos en los que debemos pulsar y/o mantener varias a la vez; en ocasiones, pasar de normal a difícil implica todo esto de manera conjunta, al tiempo que te castiga más por los fallos y aleja más la barra que indica las notas mínimas que se deben acertar antes de que salte el "Not Clear".

Las primeras partidas, al menos las que juguemos en fácil tras darnos cuenta de que aún no tenemos la agilidad dactilar necesaria para el modo normal, son una experiencia casi relajante como en los primeros minutos de una partida de Tetris. Vamos aprendiendo poco a poco y desaprendiendo lo que nos enseñan otros juegos musicales: a mirar la aguja y no cómo se desplaza la letra por toda la pantalla hasta llegar a su posición, a colocar las manos y los dedos de manera correcta en el D-Pad y en los botones del Joy-Con derecho, a hacernos con el ritmo. Lo relajante se transforma en frenético conforme pasan las horas y vamos aumentando la dificultad y accediendo a canciones más complicadas: estaremos moviendo los dedos a toda velocidad por los botones frontales de ambos mandos – pues los botones del Joy-Con izquierdo replican en función a los del derecho – cuando haya que pulsar de seguido siete "Bs" y cuatro "As" mientras mantenemos apretadas la X y la Y. Un completo modo práctica, que nos permite establecer posiciones a las que volver en los temas y elegir el segundo en el que queremos empezar, nos ayudará a entrenar para pasar a los modos Extremo y Extra Extremo – que desbloqueamos al completar esas canciones en difícil.

La lista de canciones supera el centenar. Al completarlas en difícil se desbloquean en Extreme, y en algunos casos, también en Extra Extreme. Se pueden ordenar por dificultad o por el idol que las canta, e incluso hacer listas de reproducción al gusto.

Nuestro cerebro, poco a poco, va generando una sincronía que parecía imposible entre los dedos de ambas manos. Nos hace concentrarnos hasta sumergirnos en el baile de letras coloridas, agujas y halos arcoíris que se despliega ante nuestros ojos, casi haciéndonos obviar los casi epilépticos videoclips que, detrás de esos iconos, muestran a Miku, Rin, Len y el resto de ídols participando en coreografías estridentes. Pero aquí está lo curioso. Lo que en las primeras horas de juego era un disfrute a pesar de, en las siguientes partidas se convirtió en un disfrute gracias a. Obviamente, habrá muchas personas que estén leyendo esta descripción de las mecánicas que hubieran preferido que en lugar de los idol de Vocaloid los temas fueran de Anti Flag, de Bad Gyal o de Rocío Jurado, pero Project Diva Megamix muestra tanto respeto por los artistas que engloba que, al final, los hemos acabado apreciando, aprendiendo sus ritmos e incluso diferenciando una voz sintética de la otra.

Respeto y aprecio por su música

Ese respeto por la obra se aprecia en algo que no hacen bien del todo la mayoría de los juegos de ritmo: la coincidencia de las notas de la música con los botones que se nos pide apretar en el mando (algo que se ha mejorado en esta versión), algo que no hace más que mejorar conforme vamos subiendo la dificultad – aunque no en todos los temas al mismo nivel. También se deja ver en los pequeños detalles: en uno de los videoclips, los chasquidos con los dedos de la cantante se transforman en pulsaciones de los gatillos; en un tema más rockero hay riffs que nos hacen alternar rápidamente entre los L y R; y en otra, los créditos de quienes han realizado la música y el vídeo van pasando conforme tocamos las notas. Incluso hay algunas canciones que pueden escucharse con la voz de uno u otro de los personajes que aparecen en ellas.

Los videoclips se pueden separar en tres temáticas: barroco, futurista y 'cute'. La calidad de imagen de algunos de ellos, eso sí, deja que desear.

Esos videoclips, que usan un estilo visual renovado, están protagonizados por estos idol virtuales, estas mascotas de un software musical que llenan estadios ante las críticas de los mismos que decían que el chiptune no era música, o antes, que la guitarra eléctrica no era un instrumento. Algunos son épicos y barrocos, otros futuristas y ágiles, y la mayoría se pueden enmarcar en lo cute, lo mono y lo adorable: a pesar de esos prejuicios de los que hablábamos antes, de esos bikinis y esos disfraces que van de lo ridículo al mal gusto, al final lo que se muestra en los vídeos no es más que un grupo de chicos y chicas pasándoselo guay bailando o viviendo aventuras – por mucho que haya momentos disparatados: un clip empieza con un travelling acompañado de un riff hardcore de guitarra que termina en un muñeco de nieve.

Una versión con novedades poco interesantes para los fans

Todos ellos se pueden ver sin necesidad de jugar, aunque con menor resolución que en la versión de PS4 (Hatsune Miku Project Diva Future Tone) en modo televisor y con una calidad que parece de otro tiempo cuando se juega en modo portátil. La letra de las canciones, en japonés, pero usando el alfabeto, se ve demasiado pequeña en cualquiera de los dos modos, en un caso más de adaptación a Switch en la que no se tiene del todo en cuenta el juego en modo portátil.

Podemos comprar disfraces, accesorios, camisetas y otros artículos de vestir gastando los puntos que obtenemos al superar canciones.

El resto de las novedades se pueden contar con los dedos de una mano. Los jugadores pueden personalizar a los idols y diseñar distintas camisetas con las que vestir a los personajes, y se han añadido algunas canciones. Lo más notorio es un modo de juego que funciona como curiosidad, pero que carece de la profundidad y la rotundidad del modo estándar. Este modo Mix nos hace mover los Joy-Con sujetándolos en vertical y pulsando el gatillo en el momento correcto. En pantalla se nos muestran franjas rojas, azules y dorada que van bajando hacia la plataforma que representa cada mando: apretar el botón justo cuando la franja llega a la plataforma da más puntos, y más aún si se hace en el centro de dicha franja – pueden ser de distinto tamaño. A más dificultad (aquí solo hay fácil, normal y difícil) más velocidad, más notas y un menor tamaño de nuestras plataformas.

Pero no es igual de divertido que el modo tradicional. A pesar de ser un control por movimiento, al final nos movemos menos. Pasamos de mover los pulgares a toda velocidad preocupados de pulsar diez botones, a girar las muñecas con la precisión que ofrece el sistema (menos de la que debería) y pulsar dos botones. Hay menos fisicidad, menos margen de mejora de los reflejos del jugador y menos momentos frenéticos. Es una opción, implementada en todas las canciones, para probarla durante un rato, pero que no tiene los alicientes mismos alicientes para continuar jugando.

El modo Mix funciona como curiosidad, pero no es tan profundo como el modo Arcade tradicional.

Tampoco nos parece de buen gusto que un juego que es una adaptación de un título ya publicado se lance con contenidos adicionales. Los 101 temas (sin contar mixes) que hay en el título dan para muchísimas horas, pero aun así es muy discutible que desde el día uno vaya a haber en la Nintendo eShop seis DLC con seis canciones cada uno a un precio de siete euros.

Conclusión

Hatsune Miku: Project DIVA Mega Mix es un juego musical divertidísimo desde el primer minuto, y que no hace más que mejorar conforme aprendemos y aumentamos la dificultad. El catálogo de canciones es amplísimo, y su base jugable tan directa a la vez que profunda, que lo hacen más que recomendable incluso para quienes no son fans de la música de los idols de Vocaloid. Se puede recomendar menos, eso sí, para estos últimos, ya que los añadidos no van más allá de la curiosidad (la posibilidad de personalizar a los personajes) o de la idea mal ejecutada (el modo Mix con control por movimiento).

Hemos realizado este análisis con un código que nos ha proporcionado Cosmocover.

NOTA

8

Puntos positivos

La casi perfección de sus mecánicas de juego.
El cuidado que tiene por el material que trata.
La cantidad de canciones y modos de dificultad.

Puntos negativos

El modo Mix no es más que un añadido curioso.
La calidad de los videoclips, sobre todo en modo portátil.
La letra de las canciones, los menús, etc… Todo se ve muy pequeño.

En resumen

Un arcade musical divertidísimo, frenético, y que nos permite mejorar más y más para lograr las mejores puntuaciones. Para los neófitos, vale la pena darle una oportunidad. Para quienes hayan jugado las últimas entregas, las novedades no son suficientes.