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Género/s: Tactical RPG
Fecha de lanzamiento:
Switch:
FICHA TÉCNICA
Desarrollo: Intelligent Systems
Producción: Nintendo
Distribución: eShop
Precio: 5,99 €
Jugadores: 1
Formato: Descarga
Textos: Inglés
Voces: -
Online: -
ANÁLISIS

Análisis Fire Emblem: Shadow Dragon & the Blade of Light (Switch)

La aventura que lo inició todo hace 30 años llega finalmente a Occidente para permitirnos descubrir los orígenes de una de las sagas más queridas de Nintendo y de un gran género.
Análisis de versión Switch.

Aunque en Occidente no tuvimos nuestro primer contacto con Fire Emblem hasta su séptima entrega (o mejor dicho, hasta la aparición de Marth y Roy en Super Smash Bros. Melee), la saga estrella de Intelligent Systems lleva dando guerra desde hace la friolera de 30 años, cuando el lanzamiento de su primer título para Famicom cambió para siempre el rol y la estrategia por turnos, dando origen a un género nuevo y revolucionario que no ha parado de darnos grandes alegrías hasta nuestros días.



Sin embargo, aquella icónica aventura que sentó las bases de los SRPG nunca había conseguido cruzar las fronteras niponas y por estos lares solo hemos llegado a conocer la historia que en ella se desarrollaba gracias a su desangelado remake para Nintendo DS (el segundo que recibió, pues hubo algo parecido para Super Famicom que introdujo también una continuación de su historia), algo que hoy va a cambiar, ya que Nintendo por fin se ha atrevido a traernos esta legendaria reliquia de la historia de los videojuegos.

Altea: 30 años después

De este modo, nos encontramos ante una conversión directa de la entrega original para Famicom que incluye algunas novedades en forma de ayudas para el jugador, así como una traducción al inglés que se ha realizado en exclusiva para la ocasión. Eso sí, aquí tenemos que destacar que no se trata de un juego de NES incluido dentro del catálogo de Nintendo Switch Online, sino de un producto independiente que se vende por 5,99 euros únicamente en formato digital (al menos en Europa). Y sí, al igual que ocurre con Super Mario 3D All-Stars, solo estará disponible hasta el 31 de marzo de 2021, fecha en la que desaparecerá de la eShop.

Esta entrega tiene un buen número de personajes que se convertirían en todo un icono de la saga.

Algo de lo que debemos advertiros es que si os aproximáis a este juego tenéis que tener muy claro el contexto que rodeó a su lanzamiento en 1990, creando un género completamente nuevo para la época que pilló a los japoneses desprevenidos y que hacía gala de unos valores de producción realmente buenos. Decimos esto porque el paso de los años no le ha sentado nada bien y a diferencia de otros muchos títulos de NES que se siguen disfrutando hoy como si fuese el primer día, este no es el mismo caso y vamos a tener que poner mucho de nuestra parte para lidiar con sus arcaicas peculiaridades.

De hecho, más que el título en sí, lo que realmente hemos disfrutado ha sido descubrir cómo fueron los orígenes de la serie y el género, comprobar qué mecánicas introdujo desde su primera iteración, cómo se sentía sin las que llegarían a posteriori y, en cierto modo, imaginar e intuir lo que tuvo que suponer para el público nipón una obra de este calibre. Y es aquí donde realmente reside el principal valor de este lanzamiento, en su capacidad para satisfacer nuestra curiosidad histórica para, a través del pasado, conocer mejor el presente del ocio electrónico.

Centrándonos en el juego como tal, en él nos narran la historia de cómo Marth, el joven príncipe de Altea, se ve inmerso en una cruenta guerra y en un gran complot que amenaza con resucitar a un antiguo mal que podría destruir el mundo. Se trata de una historia muy simple y básica, pero hace gala de todos los elementos narrativos que acabarían por definir a la serie, de personajes muy icónicos y de un encanto noventero muy especial. Además, para ser un juego de hace 30 años el guion y su mundo están mucho más elaborados de lo que era habitual por aquel entonces, con un tono bélico muy dramático que le sentaba bastante bien y que pilló por sorpresa al público nipón.

La información que el juego pone en pantalla es escasísima y ni siquiera nos dibujarán el rango de movimiento de los personajes.

Por supuesto, a nivel jugable estamos ante un juego de rol y estrategia por turnos en el que debemos mover a nuestras unidades por unos mapas divididos en casillas, como si de una partida de ajedrez se tratase, para así derrotar a nuestros enemigos, hacer más fuertes a nuestros héroes y cumplir los objetivos que nos vayan marcando a lo largo de sus 25 capítulos.

El problema es que, al ser el primer juego, la información que el título nos ofrece en pantalla es escasísima, impidiendo que desarrollemos buenas estrategias y convirtiendo los enfrentamientos en una molesta práctica de ensayo y error más o menos guiada por nuestra intuición. Por ejemplo, el título no muestra sobre el mapa el número de casillas que puede moverse cada unidad, así que debemos ir contando nosotros manualmente y aprendiéndonos las cifras de movimiento tanto de nuestros guerreros como de los rivales para así tener claras las zonas de peligro, algo que resulta bastante engorroso.

Pero, sin duda, lo peor de todo lo tenemos en el hecho de que las estadísticas de combate no se muestran hasta que comienza una animación de ataque, por lo que nunca sabremos de antemano cuántas probabilidades de acertar tendremos, cuánto daño podremos hacer ni si podremos atacar dos veces o no. Estas son cosas que tendremos que intuir realizando cálculos mentales aproximados y aprendiendo de las cifras que veamos durante los intercambios de golpes, lo que dista de ser lo ideal.

Evidentemente, si al atacar un enemigo nos tiene a tiro, contraatacará. Otra característica fundamental de la saga que tiene aquí su origen.

Al final, la sensación que esto nos deja es la de ir constantemente a ciegas y tirando de intuición, dinamitando de este modo un título que cuenta con un diseño de mapas y misiones muy apañado. A fin de cuentas, a nadie le gusta perder un personaje para siempre (sí, la muerte permanente de nuestros héroes es una seña de identidad de la saga desde su primera entrega) por cometer un fallo derivado de la falta de información que se nos da y que no se termina de sentir como un error estratégico nuestro. Y si pensáis que el clásico triángulo de armas de la serie os ayudará a paliar esto y a definir vuestras tácticas tenemos que avisaros que dicha mecánica no se introdujo hasta Fire Emblem: Genealogy of the Holy War (otro de los Fire Emblem criminalmente inéditos en nuestras tierras), así que no es algo que vayáis a ver en este juego.

Llegar al final es una tarea que nos llevará unas 20 horas, una cifra nada despreciable para un juego de Famicom.

Sumadle también que, a pesar de haber más de 50 personajes jugables, existen enormes desequilibrios entre ellos, con multitud de clases que no pueden promocionar y cuya utilidad queda muy mermada. En el otro lado de la balanza, también hay unidades como Nabarl o Jagen que son auténticas máquinas de picar carne y que siempre querréis tener en vuestro grupo.

Para paliar todos estos problemas y probables frustraciones se ha introducido la posibilidad de realizar guardados manuales en cualquier momento. De igual modo, podremos acelerar las animaciones de las rondas del enemigo y retroceder turnos siempre que queramos en el caso de que los resultados de nuestras acciones no nos hayan terminado de convencer. Evidentemente, todo esto es de uso completamente opcional, aunque su inclusión no hace más que evidenciar las limitaciones del producto original.

Por supuesto, el terreno es muy importante, así que intentad haceros con posiciones ventajosas que os ofrezcan cobertura para los duelos.

Algo que sí que nos ha sorprendido es lo bonito que era el pixel art del original, manteniéndose como uno de los títulos más vistosos de Famicom, una apreciación que también extendemos a su fantástica banda sonora, repleta de melodías míticas. Sobre la traducción, únicamente nos llega con textos en inglés, por lo que es una pena que no se haya hecho un esfuerzo mayor para traerlo en nuestra lengua.

Conclusiones

Fire Emblem: Shadow Dragon & The Blade of Light es una obra importantísima de la historia de los videojuegos que por fin podemos descubrir en Occidente y que se merece el mayor de nuestros respetos, pues inventó todo un género hace 30 años y su influencia sigue muy presente a día de hoy en infinidad de juegos. Es uno de esos títulos que hay que jugar para entender la evolución de este precioso hobby y cómo hemos llegado hasta aquí, derivando en una especie de tarea arqueológica que resulta especialmente estimulante y enriquecedora para los fans de esta icónica saga de Intelligent Systems.

Lamentablemente, aquí radica casi todo el valor de este lanzamiento, pues en lo jugable es un título al que los años le han sentado fatal, evidenciando sus problemas y defectos hasta niveles difíciles de digerir y que nos impiden recomendarlo de forma abierta. Si queréis satisfacer vuestra curiosidad histórica, aquí encontraréis un viaje muy interesante e instructivo, pero si lo que buscáis es un buen SRPG, tenéis infinidad de mejores opciones en las que invertir vuestro tiempo y con las que difícilmente os equivocaréis.

Hemos realizado este análisis gracias a un código de descarga que nos ha facilitado Nintendo.

Redactor

NOTA

5

Puntos positivos

Descubrir los orígenes de una saga y de todo un género.
El diseño de los mapas y niveles no está nada mal.
Las pequeñas novedades que se han introducido hacen que la experiencia sea más accesible.

Puntos negativos

La falta de información que ofrece el juego hace que siempre vayamos a ciegas.
El enorme desequilibrio entre personajes.
Aunque se agradece la traducción inglesa, no habría estado de más una en español.

En resumen

Una obra fundamental para entender la historia de los videojuegos y los orígenes de todo un género, pero a la que los años no le han terminado de sentar demasiado bien.