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FICHA TÉCNICA
Desarrollo: Ubisoft
Producción: Ubisoft
Jugadores: 1
ANÁLISIS

Análisis AC Black Flag Resynced, la vida pirata deslumbrante que tropieza en el combate y lo técnico (PS5, PC)

Volvemos al Caribe con Edward Kenway en un remake que impresiona por sus gráficos y nos recuerda lo buena que era la estructura clásica de Assassin’s Creed, aunque Ubisoft ha cometido algunos fallos.
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Actualizado: 16:39 8/7/2026
Análisis de versiones PS5 y PC.
Otros análisis: PC

Hablar de Assassin's Creed IV: Black Flag es hablar de uno de los capítulos más queridos e identitarios en la longeva historia de la franquicia, y también del más exitoso: a día de hoy sigue siendo el que más jugadores únicos ha cosechado (más de 34 millones según cifras oficiales) y se disputa el puesto de más vendido con Assassin's Creed Valhalla, ambos rondando los 15 millones de unidades.

Ahora, Ubisoft nos devuelve a la Edad de Oro de la Piratería con Assassin's Creed Black Flag Resynced, un proyecto que elude la etiqueta de mera remasterización para erigirse como un remake profundo construido sobre la versión más reciente del motor Anvil, la utilizada para el excelente Assassin’s Creed Shadows. Es digno de destacar que se trata del primer remake de esta saga, por cierto, que de momento sólo había coqueteado con recuperar sus entregas clásicas a base de remasterizaciones y recopilaciones, pero nunca de esta manera.

Tras surcar intensamente este renovado Caribe, la conclusión es compleja y fascinante a partes iguales: estamos ante una obra que demuestra de forma rotunda por qué el diseño original de la saga funcionaba tan bien, pero que, al mismo tiempo, pone de manifiesto las inherentes contradicciones de aplicar tecnología de ultimísima generación sobre un esqueleto con más de una década de antigüedad. ¿Merece la pena el remake de Assassin's Creed IV: Black Flag? Os lo contamos en nuestro análisis con nota.

Un portento visual donde el hiperrealismo penaliza la legibilidad

Lo primero que debemos aplaudir es el incuestionable salto técnico de Assassin's Creed Black Flag Resynced. El trabajo de Ubisoft Singapur (y los otros 14 estudios de Ubisoft que han participado en el proyecto) en la simulación de texturas y físicas es, sencillamente, superlativo. Sentir el peso visual del cuero, la madera crujiendo en el Jackdaw o la densidad de una vegetación ahora mucho más orgánica aporta una atmósfera sobresaliente.

Especial mención merece la recreación del agua: no solo refleja la luz de forma magistral gracias al trazado de rayos (del que luego hablaremos en profundidad), sino que su simulación dinámica llega al punto de permitirnos ver cómo el mar se filtra de forma realista por las rendijas de la cubierta cuando una ola golpea nuestro Jackdaw.

Sin embargo, esta loable ambición técnica genera cierta fricción con el diseño original. A diferencia de obras como los aplaudidos remakes de Resident Evil, donde la arquitectura del mundo se moldea a los nuevos sistemas, Assassin's Creed Black Flag Resynced conserva casi intacta la topografía y el diseño de niveles de 2013. Al bañar escenarios clásicos y directos con un sistema de iluminación hiperrealista e inclemente (heredado en parte de lo visto en Assassin's Creed Shadows), la legibilidad del entorno sufre.

Este problema lo notamos sobre todo cuando se hace de noche. El clima dinámico nos deja postales sobrecogedoras, pero sume al juego en una oscuridad severa durante las tormentas o las noches cerradas. Si bien esto refuerza positivamente la tensión en las secciones de sigilo terrestre, en alta mar resulta contraproducente: ejecutar un abordaje nocturno y no poder distinguir a los enemigos sin depender excesivamente de la interfaz rompe, en cierta medida, la inmersión y la fluidez de un evento que en el juego original era puro espectáculo visual.

También se nota cierta fricción entre los nuevos gráficos y las escenas cinemáticas clásicas. Esto es algo a lo que Ubisoft se ha querido adelantar regrabando una buena parte del juego original, pero hay mucho que sigue reutilizando las bases de 2013 con una nueva capa de pintura. No sabemos con exactitud qué porcentaje hay de nuevas escenas con respecto a las viejas, pero durante la partida se nota cierta irregularidad en el acabado de las cinemáticas.

El rediseño del combate: la pérdida de la fantasía de poder

La búsqueda de un mayor realismo también se ha trasladado al sistema de combate, alejándose del free flow coreográfico tan representativo de la época (y de referentes como Batman Arkham) para coquetear con la contundencia de las entregas RPG más recientes. Ahora nos enfrentamos a un sistema algo más exigente (aunque no demasiado), fundamentado en la cadencia de las paradas perfectas (parries) y ejecuciones directas.

Da la sensación de que los combates contra multitudes han perdido importancia, otorgando un mayor peso específico a cada enemigo. Aunque el control exige más pericia por parte del jugador, resulta inevitable sentir que se ha diluido esa gratificante fantasía de poder original: Edward Kenway ya no baila de forma estilosa e intocable entre decenas de soldados; el ritmo es más pausado y terrenal, lo que, a título personal, le resta parte de la genuina diversión desacomplejada que caracterizaba a la obra.

Tampoco ayudan ciertas asperezas en el apuntado durante el combate naval que, pese a introducir novedades como la puntería manual de los cañones giratorios, se perciben algo oscilantes y menos precisas que en el pasado. Estos problemas con el manejo del personaje también se notan con el parkour, mucho más guiado aquí que en las entregas más modernas de la saga. Es cierto que se han hecho muchas mejoras en el movimiento del personaje, que incluso puede saltar libremente y cancelar wall runs, pero hay pequeños problemas que parecen heredados de mantener el diseño de niveles clásico con un nuevo sistema de movimiento.

El triunfo de la estructura clásica frente al tedio del RPG

Donde Assassin's Creed Black Flag Resynced brilla con luz propia es en su estructura de progresión. Regresar a una aventura principal guiada y narrativa, salpicada de un océano verdaderamente vivo, es un soplo de aire fresco tras años de mundos abiertos de estructuras no lineales. Explorar a nuestro ritmo, cruzarnos con armadas, dar caza a barcos legendarios y sentir que el mundo respira estructurado por una bien trabajada historia principal con subtramas interesantes subraya el indudable acierto del diseño original.

Este acierto se ve potenciado por la ausencia de un árbol de habilidades numérico y artificial. Aquí, el progreso de Edward es narrativo y orgánico: obtenemos la cerbatana, el gancho o las mejoras del Jackdaw porque la historia y nuestro periplo así lo dictan, reforzando la conexión con la aventura del protagonista. A esto se le suma un generoso paquete de nuevo contenido (más de seis horas adicionales), destacando la inclusión de tres nuevos oficiales con arcos propios y un epílogo completamente nuevo.

Así, a las 40 horas del juego original, que siguen casi intactas en el remake, hay que sumarle otras tantas de nuevo contenido, misiones secundarias y actividades. Sí, se han eliminado las secciones del presente (esas en las que nos movíamos en primera persona por las oficinas de Abstergo), pero hay nuevas 'brechas' del Animus que permiten conocer más del lore de la saga, más cadenas de misiones secundarias y nuevos personajes a los que conocer. En total, la historia principal puede irse a las 45 horas sin mucho problema, aunque, igual que ocurría en el original, es uno de esos juegos en los que apetece explorar a fondo y limpiar todo el mapa, algo que en esta ocasión puede sumar unas 15-20 horas más.

Las profundas sombras del remake de Black Flag

Sin embargo, algunos de los añadidos narrativos del remake no nos parecen que estén a la altura del Black Flag original. Si bien el juego respeta su pasado, no escapa a las políticas estructurales del presente de la saga Ubisoft. El segmento narrativo moderno tradicional se ha sustituido por completo por el nuevo Animus Hub; esta interfaz abstracta, que hace las veces de plataforma viva con pases de batalla gratuitos y eventos de "corrupción", resulta fría y divaga en su intento de construir lore. Carece de la personalidad y el peso narrativo que sí lograban construir los antiguos segmentos jugables fuera del Animus, sintiéndose más como un peaje de juego como servicio que como una aportación narrativa de valor.

Por otro lado está la IA enemiga, un hándicap que ya imaginábamos que el juego iba a tener: este remake no ha tocado nada (o prácticamente nada) del comportamiento de los guardias cuando jugamos en sigilo, por lo que es realmente sencillo atraerlos a arbustos con silbidos y acabar así con una compañía entera. Si bien es cierto que se ha introducido aquí el medidor de visibilidad de Assassin’s Creed Shadows, que indica si estás más o menos oculto en base a si estás en la oscuridad o no, la integración con el comportamiento de los enemigos no es algo que notemos en el juego. La inteligencia artificial de este juego sigue siendo casi la misma que la de 2013, aunque si queremos verlo desde un punto de vista positivo… esto demuestra que la saga verdaderamente ha avanzado en este aspecto.

También nos ha sorprendido el apartado técnico de Assassin's Creed Black Flag Resynced. Si bien la fluidez suele mantenerse estable, nos hemos topado con una cantidad inusual de crasheos abruptos que nos enviaban directamente al menú de la consola. Pese a contar con un sistema de autoguardado impecable que mitiga en cierta medida la frustración, la estabilidad en ese sentido es deficiente. A esto hay que sumar glitches notorios, como barcos enemigos desprovistos de físicas y cajas de colisión, lo que en en alguna ocasión nos ha arruinado el poder completar ciertos contratos navales. Queda la esperanza de que el habitual parche de lanzamiento subsane gran parte de estas incidencias, pero en nuestra experiencia, la solidez técnica ha brillado por su ausencia.

¿Qué tal va de rendimiento Assassin's Creed Black Flag Resynced?

En lo que respecta a su apartado técnico, para este análisis hemos disfrutado del juego en una PS5 estándar priorizando el modo Rendimiento (60 fps con trazado de rayos estándar y 2160p reescalados) por encima del modo Fidelidad (30 fps con trazado de rayos ampliado y 2160p reescalados). Hay un tercer modo equilibrado que mantiene la mejor configuración del ray tracing apostando por 40 fps, pero sólo es compatible con pantallas que admitan tasas de refresco de 120 ó 240 hz. Quienes jueguen en PS5 Pro no tendrán que hacer concesiones, ya que la consola más potente de Sony permite jugarlo a 4K reescalado mediante PSSR y con trazado de rayos ampliados en todos los modos, así que pueden elegir si jugar a 30, 40 ó 60 fps.

Durante nuestra partida no hemos notado caídas de frames ni siquiera en los momentos en los que más elementos hay en pantalla, que suelen ser los combates navales contra múltiples enemigos, efectos de lluvia, oleaje, viento y tormenta. Assassin's Creed Black Flag Resynced mantiene el tipo de forma sorprendentemente fluida en modo Rendimiento.

La diferencia entre el trazado de rayos estándar y el ampliado, por cierto, es que en el estándar se utiliza esta tecnología para calcular la iluminación global en el mundo del juego, mientras que el ampliado añade reflejos realistas a ese cálculo. No es una diferencia notable, al menos en la experiencia que hemos tenido: jugando con trazado de rayos estándar ya se obtiene una espectacularidad gráfica que roza el fotorrealismo. Esto alegrará a quienes jueguen en Xbox Series S, que sólo dispone de esta configuración para el ray tracing, además de un framerate capado a 30 fps y resolución de 1620p reescalados.

En lo que respecta al PC, sus requisitos ya indican que para jugar con trazado de rayos ampliado hace falta, como mínimo, una tarjeta gráfica de la gama RTX 4090 o superior. Quienes dispongan de un equipo de esas características (con 24 GB de GPU, procesadores i7…) podrán disfrutar de Assassin's Creed Black Flag Resynced en ultra, a 2160p y 60 fps con la mejor configuración de ray tracing. En los ordenadores más humildes, siendo lo mínimo indispensable una tarjeta de la gama GTX 1660 (6 GB), el remake se puede ejecutar a 1080p y 30 fps con los gráficos en baja y trazado de rayos estándar. Para cualquier PC, por cierto, lo mínimo recomendado de RAM es 16 GB.

Conclusiones

Assassin's Creed Black Flag Resynced es un viaje fascinante lleno de aciertos innegables y concesiones dolorosas. Es de justicia celebrar el enorme mimo puesto en apartados como la accesibilidad global y el soberbio doblaje al español, que recupera a los actores originales para registrar las nuevas líneas de diálogo.

Visualmente es una obra apabullante y su mundo nos recuerda por qué nos enamoramos del Caribe en primer lugar, demostrando que una progresión orgánica y sin números inflados siempre jugará a favor de la narrativa. Sin embargo, su empeño por modernizar el combate a costa de la espectacularidad clásica, la intrascendencia del nuevo Animus Hub y, sobre todo, una notable fragilidad, impiden que este navío alcance, de momento, su máxima velocidad de crucero.

Hemos escrito este análisis gracias a un código digital para PS5 y PC proporcionado por Ubisofr España.

Redactor

NOTA

8

Puntos positivos

Un apartado visual deslumbrante, con una simulación del agua sencillamente sobresaliente.
El regreso a una progresión orgánica y narrativa, libre de los tediosos árboles de habilidades numéricos.
La generosa cantidad de contenido inédito.

Puntos negativos

El hiperrealismo penaliza la legibilidad del entorno y frustra en los abordajes nocturnos.
El rediseño del combate se carga la coreografía y la fantasía de poder clásica.
Demasiados crasheos, bugs y la fría imposición del intrascendente Animus Hub.

En resumen

Assassin's Creed Black Flag Resynced es un portentoso triunfo visual que reivindica el excelente diseño estructural de la obra clásica, pero se ve empañado por un combate peor que el original y una IA anticuada.