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Es oficial: La NASA encuentran una roca marciana de hace 3.700 millones de años con compuestos que apuntan a un origen biológico

Si estas moléculas han sobrevivido en una roca de edad muy antigua, entonces Marte podría haber estado guardando, a la intemperie, un archivo químico más legible de lo que creíamos.

El planeta Marte sigue pareciendo un desierto rojo desde lejos, pero cuando Curiosity perfora y "huele" una roca antigua, la postal cambia: aparecen moléculas orgánicas (química basada en carbono) en sedimentos que, hace miles de millones de años, fueron lodos de un lago. Eso no es "vida" por definición —los orgánicos también pueden venir de meteoritos o de reacciones geológicas—, pero sí es una pista de que el planeta tuvo ingredientes y condiciones para una química más rica de lo que sugiere su superficie actual.

Lo que ha agitado ahora el debate es un tipo de hallazgo menos vistoso que un fósil, pero más difícil de apartar con un gesto: alcanos de cadena larga (en la práctica, cadenas de 10 a 12 carbonos) detectados en la lutita Cumberland, en el cráter Gale. Es, hasta donde sabemos, el "tamaño" orgánico más grande que se ha identificado in situ en Marte, y llegó gracias a nuevas estrategias de análisis con el instrumento SAM, que permitieron ver moléculas que llevaban años escondidas en el mismo material perforado.

Rebobinar la química del Marte antiguo

La nueva vuelta de tuerca no consiste solo en decir "hay orgánicos", sino en preguntarse cuántos hubo antes. El equipo liderado por Alexander A. Pavlov (NASA Goddard) modela en su estudio cómo la radiación va degradando estas moléculas a lo largo de millones de años y estima que, antes de esa "molienda" lenta, la roca pudo contener del orden de 120 a 7.700 ppm de alcanos y/o sus posibles precursores (como ácidos grasos). Es un salto enorme desde lo que se mide hoy, y es justo ese "rebobinado" químico el que pone nerviosos a los escépticos y sonrientes a los astrobiólogos.

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¿Por qué? Porque, según el propio trabajo, esa concentración reconstruida no encaja bien con varias fuentes abióticas típicas que siempre se invocan para no hablar de biología: aporte meteórico, aerosoles atmosféricos, procesos geológicos "normales" en el Marte antiguo… No es que queden prohibidos, pero sí parecen insuficientes para explicar, por sí solos, un enriquecimiento tan alto en estas cadenas. Y entonces aparece la frase que suena a "bomba" pero está escrita con freno de mano: no es descabellado que una biosfera antigua pudiera producir algo así.

La prudencia y lo que cambia a partir de ahora

La investigación se apoya en un estándar casi ritual en este campo —la idea de que las afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias— y recuerda que una "detección de vida" no se firma con un solo dato. Para acercarse a eso harían falta varias líneas: patrones isotópicos, distribución molecular difícil de imitar por química no biológica, quizá estructuras mineralógicas asociadas… pistas que en Marte son especialmente complicadas porque el entorno, además, altera y borra señales.