El llamado "sol artificial" de China acaba de sumar uno de esos avances que no hacen ruido inmediato, pero que pesan mucho en la carrera científica a largo plazo. El reactor de fusión EAST ha logrado mantener un plasma estable a densidades extremas, superando un límite que durante décadas se consideró un freno estructural para este tipo de tecnología. No es aún la energía del mañana, pero sí un paso firme para entender mejor cómo llegar hasta ella.
El "sol artificial" de China rompe una barrera histórica en fusión nuclear y acerca la energía limpia casi infinita
El protagonista es el Tokamak Superconductor Avanzado Experimental (EAST), una de las instalaciones más avanzadas del mundo en confinamiento magnético. Según ha informado la Academia China de Ciencias, el experimento consiguió sostener el plasma -el cuarto estado de la materia- más allá del rango operativo habitual, en condiciones que hasta hace poco se asociaban directamente con la inestabilidad y el colapso de la reacción.
Los resultados, publicados el 1 de enero en Science Advances, describen un escenario especialmente relevante: el plasma se mantuvo estable a densidades entre 1,3 y 1,65 veces superiores al límite de Greenwald, una referencia clásica que marca el umbral a partir del cual los tokamaks suelen perder el control. El estudio, codirigido por el profesor Ping Zhu, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, apunta además a un enfoque escalable, algo clave para los reactores de nueva generación.
La fusión nuclear lleva décadas prometiendo una fuente de energía limpia, sin emisiones de carbono y con residuos muy limitados. El proceso imita lo que ocurre en el interior del Sol, fusionando núcleos ligeros mediante temperaturas y presiones extremas. El problema es conocido: en la Tierra, mantener ese plasma caliente, denso y estable consume más energía de la que se obtiene. Por eso, cada avance suele ser incremental, casi quirúrgico.
En el caso de EAST, el progreso se logró afinando la interacción entre el plasma y las paredes del reactor, ajustando tanto la presión del gas como el calentamiento por microondas. Esto permitió alcanzar un estado teórico conocido como "régimen libre de densidad", en el que el plasma permanece estable incluso cuando la densidad sigue aumentando.
Aunque no es la primera vez que se rebasa el límite de Greenwald, la estabilidad lograda distingue este experimento. Y su impacto va más allá de China: proyectos como ITER, el gran tokamak internacional que se construye en Francia, dependen de este tipo de datos para reducir riesgos técnicos. La fusión aún no resolverá la crisis climática actual, pero avances como este consolidan el camino hacia una posible energía del futuro.