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El pez más raro del mundo vive en un charco tóxico a 33 grados en mitad de un desierto y los científicos temen por su extinción

El pupfish está entre los animales con mayor endogamia documentada, algo que complica su resiliencia, pero también ayuda a afinar estrategias de cría y manejo.
El pez más raro del mundo vive en un charco tóxico a 33 grados en mitad de un desierto y los científicos temen por su extinción
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Actualizado: 9:01 25/1/2026
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En medio del paisaje reseco de Nevada, Estados Unidos, hay un “charco” que parece sacado de una mala idea: una cavidad de roca caliza conectada al acuífero, con agua caliente y poco oxígeno, y aun así habitada por un pez diminuto. Ese animal es el Devils Hole pupfish (Cyprinodon diabolis), uno de los vertebrados con el área de distribución más pequeña del planeta. Y un apunte clave para despejar el mito: el agua no está a 93 °C (eso sería casi imposible para un pez), sino alrededor de 93 °F, unos 34 °C, constante todo el año.

La rareza empieza por la casa. Devil’s Hole forma parte del sistema de Death Valley y es, literalmente, una “ventana” a aguas subterráneas: un pozo estrecho, profundo y de geometría irregular, donde los buceadores han descendido más de cien metros sin encontrar fondo en exploraciones históricas. La vida del pupfish, sin embargo, se juega en un escenario ridículamente pequeño: una repisa de caliza de unos 11×16 pies (aprox. 3,4×4,9 m) cerca de la superficie, donde se alimenta y pone huevos. Ahí llega la luz, ahí crecen algas, ahí hay oportunidad.

Un equilibrio que no perdona

Entonces, ¿por qué “vive atrapado” ahí? Porque no es que lo eligiera: es el resultado de aislamiento y de un equilibrio finísimo entre temperatura, oxígeno, alimento y nivel del agua. Cuando ese equilibrio se rompe, la población se desploma con una rapidez que asusta. Los conteos oficiales lo dejan claro: en primavera de 2024 se llegó a observar un pico de 191 ejemplares, pero en primavera de 2025 la cifra cayó a 38 tras un invierno complicado.

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Sobrevivir a 34 °C con oxígeno bajo exige trucos biológicos. Un estudio en Journal of Experimental Biology describió en esta especie un fenómeno llamativo: bajo hipoxia, el pez puede liberar etanol y entrar en una respuesta metabólica poco intuitiva (“anaerobismo paradójico”) que parece ayudarle a gestionar el estrés energético en un ambiente donde el oxígeno escasea. No es “emborracharse” como anécdota, sino fisiología al límite para aguantar un hábitat que empuja constantemente hacia el fallo.

Terremotos, acuíferos y rescates

El otro villano es la física. Devil’s Hole es sensible a las seiches (oscilaciones del agua) provocadas por terremotos lejanos: olas internas que pueden “barrer” la repisa, arrastrar algas e invertebrados y dejar sin despensa —y sin zona de puesta— a los pupfish. Eso es parte de lo que se apuntó tras los seísmos del invierno 2024-2025: no hace falta un desastre local para que el sistema tiemble. Y, además, el pez depende de un acuífero: de ahí que su historia esté ligada a la famosa batalla legal por las extracciones de agua subterránea que llegó al Tribunal Supremo de EE. UU. en los 70.

Por eso la conservación aquí parece ingeniería de precisión: conteos, vigilancia, aporte puntual de alimento cuando la repisa queda “pelada” y, sobre todo, una población de respaldo. En 2025, agencias y parque recurrieron a ejemplares criados en instalaciones cercanas para reforzar la población salvaje (se introdujeron 19).

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