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El mejor pintor de miniaturas de Warhammer es David Arroba y ha arrasado en Golden Demon 2026: 'Como ganar una medalla de oro'

Entrevistamos a David Arroba, uno de los mejores pintores de miniaturas de España y el gran ganador del Golden Demon de 2026 con una pieza de Warhammer colosal.
El mejor pintor de miniaturas de Warhammer es David Arroba y ha arrasado en Golden Demon 2026: 'Como ganar una medalla de oro'
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Actualizado: 8:01 22/4/2026
david arroba
golden demon

El Golden Demon, el concurso de pintura de miniaturas más prestigioso del universo Warhammer, volvió a brillar con luz propia en su edición americana 2026, celebrada dentro de la pasada Adepticon, la convención internacional de wargames en Milwaukee (EE. UU.). Este evento, que lleva más de treinta años premiando la excelencia en modelismo y pintura, se ha convertido en un escaparate global donde convergen técnicas, estilos y talento de todo el mundo. Y, como no podía ser de otra manera, un español se alzó con la victoria.

En esta pasada edición, el pintor David Arroba, alcanzó un hito notable al ganar la prestigiosa Slayer Sword, el máximo galardón del certamen, conocido en España como la clásica Espada matademonios. Este premio se otorga a la obra que, según los jueces, encarna la excelencia, combinando dominio técnico, creatividad y narrativa visual.

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Arroba, con gran trayectoria a sus espaldas y con galardones de prestigio -así como con una prestigiosa academia y un recomendable Patreon-, se hizo con este galardón gracias a su impresionante diorama de un Conde Vampiro de Warhammer, una pieza que destacaba no solo por la pintura impecable de cada figura, sino también por su composición, iluminación e historia cautivadora. Su victoria refleja el alto nivel alcanzado por la comunidad española, que también obtuvo medallas de oro, plata y bronce en diversas categorías. En Vandal hemos podido charlar con él y hemos debatido sobre el pasado, el presente y el futuro del hobby.

Vandal entrevista al mejor pintor de miniaturas de Warhammer es David Arroba y ha arrasado en Golden Demon 2026: 'Como ganar una medalla de oro'

Alberto González de Vandal (A): David, estoy encantado de que nos hayas concedido un rato a Vandal. Para millones de personas aficionadas al hobby, y para un servidor, eres una de las grandes referencias en el pintado de miniaturas. Raro es el día en el que uno de mis amigos no dice Mira lo que ha subido David, mira lo que ha hecho David cuando compartes uno de tus trabajos. Eres un faro para un montón de gente que estamos en el hobby. Ahora mismo eres el mejor pintor del mundo de Warhammer, un reconocimiento de la propia Game Workshop, y lo lleva con orgullo un español.

David Arroba (D): Nada, muchísimas gracias. Yo encantado. Te lo agradezco, pero tenemos la suerte de que precisamente en España, lo cierto es que tenemos un nivelazo, contamos con gente buenísima. De hecho, mi espada es la tercera espada seguida ganada por pintores españoles. Cuando fui a la Adepticon, pensé 'No sé si van a estar de acuerdo con que vuelva a ganar un español'...

Miniatura de David Arroba

A: ¿Pensaste que te podrían echar para atrás en algún momento?

D: En el fondo son ingleses, con esto de la pintura son muy como el fútbol, ¿no? Creen que Inglaterra creó el fútbol, ¿no? Pues con la pintura de Warhammer, prácticamente lo mismo.

Un premio como este tiene mucha repercusión, es como ganar una medalla de oro: necesita preparación, sacrificio...

A: Claro, es muy comprensible.

D: Asumir que durante tres años consecutivos hayan ganado pintores españoles dice mucho. Es un dato que aporta una gran cantidad de información, aunque no necesariamente tiene que ver con una idea de superioridad nacional ni con un sentimiento nacionalista. No lo veo así. Más bien refleja el trabajo acumulado durante años: una evolución del sector en España impulsada por mucha gente que ha contribuido a su crecimiento y consolidación, algo que considero especialmente relevante.

Así que, de verdad, muchas gracias. Estoy contento de charlar con vosotros. Desde el primer momento me has demostrado un interés real en hobby, que no se trata simplemente de hacer la entrevista porque hay una noticia que publicar. He visto que entiendes bien de lo que estás hablando y también lo que esto significa en un contexto más amplio.

A: David, ganar la Espada Matademonios, la Demon Slayer, es todo un sueño para aquellos que hemos crecido con Warhammer y la revista White Dwarf. Es un gran reconocimiento con mucha repercusión para toda una comunidad. Debe ser algo abrumador. ¿Qué ha significado para ti a nivel personal y profesional que es importante alcanzar un reconocimiento tan grande en un concurso que tiene tal proyección?

D: Al final, como bien dices, esto tiene mucha repercusión en muchos ámbitos. Pero creo que, en general, la gente tiende a confundir bastante las cosas. No es algo negativo, pero sí es muy fácil malinterpretarlo. Se confunde mucho lo que somos los profesionales que nos presentamos a un concurso como el Golden Demon, por ejemplo, y lo que realmente buscamos al hacerlo. A veces no se entiende qué hay detrás de esa decisión, cuál es la motivación real.

En mi caso, tengo la suerte de llevar aproximadamente unos ocho años dedicándome a esto de forma profesional. Durante este tiempo no me ha faltado trabajo, en parte porque he podido hacer las cosas con bastante nivel, con mucho esfuerzo y muchas horas de dedicación, pero también porque he coincidido con un crecimiento del sector en el momento adecuado, casi en lo que se podría llamar la cresta de la ola.

Tengo varios compañeros con más antigüedad que yo, y también tienen una carga de trabajo considerable. Por lo tanto, como mencionas, creo que es una pregunta más profunda y que el objetivo de todo esto es más profundo, tienes toda la razón.

Miniatura de David Arroba

A: Claro, es que muchos concursos de pintura, pero el Golden Demon tiene esa proyección internacional y esa resonancia en redes sociales, en un montón de medios especializados y no especializados, que creo que lo hace especial y distinto a otros concursos.

D: Esa pregunta es muy acertada, porque dedicar tanto tiempo a un proyecto para un concurso como este solo tiene sentido si el objetivo no es estrictamente profesional. Es decir, si no lo haces desde la lógica del trabajo o la rentabilidad, sino desde la parte de hobby, desde ese impulso más personal que te conecta con el niño o adolescente que soñaba con ganar algo así.

Obviamente, ganar aporta cosas a nivel profesional, pero no creo que te cambie la vida en ese plano de forma determinante. Puede ayudar, mejorar ciertas oportunidades, y siempre es bienvenido, pero el verdadero impacto es interno: en cómo te ves a ti mismo tras haber conseguido algo que llevabas años persiguiendo.

En el caso del Golden Demon o la espada, es casi comparable a un oro olímpico dentro de su ámbito. Y no es algo tan accesible como a veces se cree. He estado reflexionando mucho sobre esto estos meses, y al final llegas a una conclusión clara: se trata de ir consiguiendo esos “checks” vitales que todos tenemos en la cabeza. Pero no es tan sencillo. No todos los años te planteas una pieza para ganar de verdad. Hay proyectos de un mes, otros de medio año o incluso de un año entero para una sola miniatura, lo cual es una barbaridad. Y eso no se puede repetir cada año, porque la vida no lo permite: trabajo, familia, el día a día, todo influye.

Por eso, el único motor real para afrontar algo así es ese: querer conseguirlo, asumir el reto y marcar ese “check” que llevas tanto tiempo persiguiendo.

A: David, tu pieza ganadora, ese enorme dragón con el nigromante, es una auténtica pasada, un diorama monumental. Me ha encantado también que hayas sido transparente en el proceso de pintado y trabajo, mostrando todo los pasos que te han llevado a construir esta miniatura. A nivel personal, creo que tu miniatura es absolutamente contundente, he visto a grandes expertos como Trovarion aplaudirte y decir que se trata de una "pieza incuestionable". ¿Cómo cómo te viene esa imagen mental y es lo que va dando origen al proyecto?

No creo que mi pieza sea incuestionable, hay tres o cuatro, incluso cinco piezas, que podrían haber ganado igualmente en esta edición

D: Sí, esa es una muy buena pregunta, Alberto, porque ahí está el origen de todo. Pero antes de entrar en eso, cuando dices que la pieza es incuestionable, yo no lo veo así. En cada Golden Demon hay dos, tres, cuatro o incluso cinco piezas que perfectamente podrían optar a la espada, y podríamos pasarnos horas debatiendo quién la merece sin llegar a un consenso claro.

La pieza de Borja, por ejemplo, también es muy fuerte. Es una propuesta distinta, muy centrada en el impacto visual y el color, con ese Magnus enfrentándose al lobo espacial. Y de hecho, eso que dices ya se lo he escuchado a varios analistas del Golden Demon: “es incuestionable”, porque encaja muy bien con lo que suele buscar Games Workshop en su concurso.

Y ahí está la clave: muchas de las decisiones que yo tomé estaban pensadas en función de eso, de intentar leer qué es lo que buscan. No tengo ningún reparo en decir que la pieza está hecha con intención de ganar. Eso no le quita valor artístico, simplemente define el enfoque.

A partir de ahí, hay dos formas de entenderlo. La pieza es un duelo, sí, pero sobre todo es un foco narrativo muy centrado. En mi caso, todo gira alrededor de dos personajes y de cómo la escena cuenta esa historia. Me parece fascinante que dos propuestas tan diferentes puedan convivir en el mismo concurso, porque al final no se trata de quién es mejor, sino de qué propuesta conecta más con lo que se premia ese año.

Yo di muchas vueltas a esto. Me pregunté qué podían buscar más, y tomé decisiones en función de eso. Hay estrategia, claro. Tienes varias formas de plantear una idea, pero eliges la que crees que encaja mejor con el objetivo. Y el objetivo, en mi caso, era ganar.

Todo esto nace cuando Games Workshop lanza el kit del príncipe vampiro en dragón. Ver el dragón en el suelo me chirriaba: un dragón, para mí, tiene que estar en el aire, donde realmente transmite su escala e impacto. Ahí surge la idea de elevarlo, colocarlo en altura, sobre una cripta o túmulo. A partir de ahí empiezo a construir la base con distintos kits de escenografía. Y en la idea original no estaba el nigromante. Era solo el dragón. Pero cuando tuve las piezas delante vi que la base quedaba demasiado vacía, sin vida, demasiado estática. Y es entonces cuando aparece la escena completa: el nigromante, los muertos, la narrativa del ejército. Todo encaja ahí.

La parte más difícil no es solo pintar o esculpir, sino la composición. Hubo momentos en los que tenía demasiadas cosas a la vez y no sabía por dónde empezar. Porque aquí el orden lo cambia todo: si colocas una pieza antes de tiempo, te condiciona el resto. Eso es lo que más ralentiza el proceso, más allá de las 800 horas de trabajo. No es solo ejecución, es planificación constante, decisión tras decisión, hasta que todo encaja.

La parte más difícil no es solo el tema de la pintura, es la composición

A: Supongo que, a la hora de construir una una pieza como esta, la narrativa de la que haces gala en tus proyectos, la escala o la lectura visual que puedas hacer de la pieza, influyen.

D: Sí, esa pregunta es muy interesante, porque ahí estaba realmente la parte más difícil de la composición. Cuando trabajas en dioramas, entras en un nivel distinto: ya no es solo una miniatura, sino una narrativa con más carga, con más elementos y, por tanto, con más mensaje. En una pieza individual el concepto es más directo, más concentrado, aunque no por ello más sencillo de ejecutar, pero sí más claro en lo que quiere decir.

En cambio, en un diorama corres el riesgo de irte a lo ancho, de expandir demasiado la escena. Y eso a mí, personalmente, no me atraía. Prefiero lo contrario: la verticalidad, la concentración del foco. Todo lo que sea abrir demasiado el espacio me lleva a esos dioramas más clásicos, muy grandes, casi museísticos, con batallas extensas y mucha información dispersa. Por eso intenté simplificar todo lo posible. Porque la dificultad real no es añadir cosas, sino no añadir de más. Evitar esos vacíos, esas zonas que no terminan de aportar nada o que hacen que la escena pierda fuerza. Al final, simplificar es lo más complicado. Es como escribir: lo difícil no es contar, sino saber cuándo parar. Porque es muy fácil acabar contando demasiado. ¡Quizás esté yo hablando ahora demasiado!

Miniatura de David Arroba

A: No te preocupes, es muy interesante, y creo que los aficionados disfrutarán conociendo todo el proceso.

D: Se trata de simplificar el mensaje hasta decir exactamente lo que quieres, ni más ni menos, y es lo más difícil. Porque añadir de más es un problema, pero quedarse corto también lo es. Ahí entendí que debía reducir al máximo el diámetro de la base: aunque la escena se percibe grande, en realidad es muy contenida, de unos 9 o 10 cm. Esa concentración obliga a pensar mucho cómo contar mejor la historia.

Y ahí entran muchas horas de darle vueltas y también algo clave: compartir el proceso con gente cercana para validar si lo que estás intentando transmitir realmente funciona. A nivel de composición, todo está colocado para guiar la mirada. Cuando alguien coge la pieza, el movimiento natural es girarla hacia la derecha, y es ahí donde se revela la escena completa: el nigromante, los no muertos, el interior de la cripta. No quería que el mensaje se entendiera de un solo vistazo.

Vivimos un momento en el que la pintura de miniaturas se acerca mucho a la ilustración 2D, pero a veces se pierde la esencia tridimensional. Yo buscaba justo lo contrario: que el mensaje estuviera en los 360 grados, que la pieza se descubra poco a poco, no como un cuadro que se agota en una sola vista.

A: Esto me lleva a pensar que, claro, a día de hoy, con las redes sociales y las fotografías oficiales del concurso, quizás nos quedemos con únicamente una perspectiva, una toma y una visión.

D: La diferencia entre la gente que ve las piezas en persona y la que las consume en redes durante ese fin de semana es enorme. No es comparable. De hecho, desde hace tiempo conviven casi dos concursos: el físico, el que ocurre allí, y el de redes sociales, que depende completamente de las fotos que se publican.

A partir de esas imágenes, la gente analiza, opina y decide ganadores. Es lógico, porque es su forma de vivirlo a distancia, pero una foto nunca cuenta toda la historia. Hay piezas que necesitan tiempo, atención, verlas desde distintos ángulos para apreciarlas de verdad. El problema es que muchas veces se juzga en modo “fast food”: vistazo rápido, opinión rápida, y a otra cosa. Es el ritmo actual, sí, pero no le hace justicia a trabajos que requieren un análisis más pausado.

Por eso, una de las cosas más bonitas del Golden Demon llega después de los premios: cuando los propios artistas comparten sus piezas fuera de las vitrinas. Ahí puedes verlas de cerca, preguntar, intercambiar impresiones. Y es entonces cuando entiendes que detrás de cada obra hay mucho más: técnica, decisiones, y también historias personales que no caben en una simple fotografía.

A: David, sé que es una pregunta obligatoria, pero, ¿cómo fueron tus comienzos en el hobby? ¿Recuerdas la primera miniatura que pintaste o el momento en el que llegaste a Warhammer? Son tres preguntas en una, soy muy tramposo.

D: Mira, me he traído estos días la primera miniatura que pinté, porque estuve en Extremadura visitando a mi familia y me pareció bonito recuperarla. Ahora que he conseguido la espada, quiero publicarla en Instagram como punto de partida. Es un guerrero del caos de Warhammer Fantasy, y la subiré en breve. Y es que todos los comienzos son así.

Tengo muchos alumnos que llegan y me dicen que lo primero que han pintado es horrible, es una mierda, y es normal. Le pasa a todo el mundo. Parece que olvidamos que nadie empieza a nivel profesional. Yo empecé muy joven. Mi madre me compró mis primeras miniaturas en una librería, y todo venía de mi pasión por Tolkien y por ese universo de fantasía. Recuerdo que, como muchos otros, entré también con el coleccionable de Salvat de El Señor de los Anillos, con el de las batallas en la Tierra Media, los míticos Orcos de Moria. Ahí empezó todo.

Entré en el hobby de las miniaturas con el coleccionable de El Señor de los Anillos y las batallas de la Tierra Media, con los clásicos Orcos de Moria

A: Bueno, mis preferidas. Las miniaturas de El Señor de los Anillos son increíbles, una escala aún más pequeña, impresionantes.

D: Sí, totalmente. Aquello era imposible. Claro, yo veía los tutoriales, y cogías el paso a paso que venía en la revista, ¿no? Y tú decías, 'Voy a intentarlo'. Y era imposible. En ese momento me di cuenta de que me empezó a gustar mucho. Me gustaba mucho Warhammer, porque en el fondo, era El Señor de los Anillos. Sí, Warhammer Fantasy nos moló a toda una generación, Warhammer 40,000 claro que existía, pero no era tan potente. Ya con 18 años o así, fui al último Games Day en España, y fue un descubrimiento increíble.

Porque claro, el ir allí a ver las miniaturas en mano... Bueno, en las vitrinas. Una locura, tío. Recuerdo que me causó mucho impacto también una charla que hubo de Alfonso Giraldes, Banshee que es otro pintor, bueno, al que aprecio mucho, un gran amigo a día de hoy. Él se cree que lo digo de broma, pero su charla me impactó mucho. Tendría en aquel entonces como 10 años más que yo, y tenía un trabajo que molaba mogollón. 'Joder, ese tío se dedicaba a pintar'. Y tenía novia, parecía un tipo normal. Fue increíble.

Miniatura de David Arroba

A: Allí fue el momento en el que dijiste: 'me hago pintor'.

D: Recuerdo que en aquella edición ganó la espada Rubén Martínez. Y es curioso, porque años después terminó siendo mi jefe en Big Child, donde estuve trabajando un tiempo. Fue ahí cuando di el paso de tomármelo en serio: decidir que iba a aprender a pintar de verdad, dedicándole horas y constancia.

Para mí fue un descubrimiento total. Durante la universidad, mientras estudiaba Historia, muchos fines de semana en lugar de salir me quedaba en casa pintando. Ahí empezó realmente todo, cuando pasas de que te guste a comprometerte de verdad con ello.

A: ¿Cómo fue ese salto en tu trayectoria? Supongo que fue un poco como en Matrix, aprender kung fu como Neo...

D: Sí, claro, en mi caso me desvinculé de Warhammer y pinté más histórico, bustos, miniaturas más grandes, enfocadas a ser pintadas únicamente. Salté a figuras en 75 mm y di con un grupo de de amigos de Málaga, los Chupapinceles. Y en esa asociación, me planté ir a Monte San Savino, un prestigioso concurso de pintura. Empecé a moverme por esos círculos, y ahí fue donde me ofrecieron trabajar en Big Child. Estaban allí, me verían y dirían 'Este chico ha progresado'.

Me ofrecieron ese trabajo y ahí fue cuando pensé: 'No tengo claro qué hacer con mi vida'. Estaba estudiando Historia, haciendo un máster, y la alternativa era enviar currículums para trabajos como doblar camisetas en una tienda o entrar en un Burger King. Tenía claro que tenía que trabajar en algo, pero sin una intención real de dedicarme a ello a largo plazo.

Así que lo afronté casi como una prueba: 'voy a intentarlo y a ver qué pasa'. Con el tiempo, ya dentro de Big Child y trabajando de forma continuada, todo empezó a encajar. Y creo que también influyó mucho el crecimiento que ha experimentado Warhammer en los últimos años. De hecho, es algo que comentaba hace poco con Albert [el anterior ganador de la Espada en el Golden Demon, otro español]: en aquella época, el contexto era muy distinto.

Golden Demon

A: El boom de Warhammer ha sido una pasada en los últimos años...

D: Hablando con él, comentábamos lo interesante que es ver la evolución desde aquellos años de Nottingham hasta ahora. En apenas cinco o seis años, muchos de los mejores pintores del mundo han vuelto a apostar por el Golden Demon. Eso le ha dado una visibilidad y una repercusión enormes.

Durante un tiempo, la pintura de figuras más grandes le había quitado protagonismo, pero en los últimos años Warhammer ha dado un salto enorme. En los cinco u ocho años más recientes, la calidad y el diseño de las miniaturas han evolucionado muchísimo, y eso también ha sido clave en este resurgir.

A: Y ojo, a ver cómo evoluciona esto los próximos años, cuando lleguen las series de televisión de Warhammer con Henry Cavill, cuando se abra un público aún más mainstream.

D: La verdad es que el tema de la serie apunta a ser una locura. Tener a Henry Cavill detrás es una garantía de que, al menos, hay intención de hacerlo bien. Pero más allá de eso, creo que el gran cambio está en cómo han evolucionado las propias miniaturas en los últimos años.
Antes existía la idea de que las figuras de Warhammer eran poco más que “muñecos para jugar”, con un recorrido artístico limitado.

Y eso ha cambiado por completo. El Golden Demon está demostrando justo lo contrario: que con esas mismas miniaturas se pueden crear piezas de un nivel artístico altísimo. Ese cambio de percepción, unido a la mejora en el diseño y calidad de las figuras, creo que es uno de los factores más importantes de esta nueva etapa.

A: En tu Patreon, y en tu academia, compartes procesos formativos y enseñas a un montón de nuevos pintores y aficionados al hobby. ¿Cómo cambia tu manera de pintar cuando sabes que estás enseñando a otros?

D: En la academia donde damos clase tenemos ya cerca de 80 alumnos, y muchos de ellos con un nivel muy alto. Si comparas la facilidad que tienen hoy para aprender con la de hace 10 o 12 años, es otro mundo. Antes prácticamente no había recursos; ahora, entre contenido online y plataformas especializadas, cualquiera puede avanzar muchísimo. Eso va a llevar a un punto claro: el nivel técnico en concursos como el Golden Demon será altísimo en casi todas las piezas. Cuando todos pintan muy bien, la diferencia ya no está ahí. La clave pasa a ser otra: ideas, narrativa, ambición, composición. En definitiva, creatividad.

De hecho, es algo que se ve mucho: piezas con ideas brillantes que quizá no tienen el mejor acabado técnico, pero destacan por originalidad o por cómo cuentan algo. Y a veces eso pesa más que la propia ejecución. En cuanto a la enseñanza, también hay un reto importante. Puedes ser muy buen pintor, pero eso no te convierte automáticamente en buen profesor. Enseñar implica saber simplificar, traducir años de experiencia en algo que otro pueda entender y aplicar poco a poco.

Y ahí choca mucho con lo que buscan algunos alumnos: resultados rápidos, “recetas” inmediatas. Pero técnicas como el no metálico no van de tres colores o tres pasos, sino de entender la luz, el contraste y cómo engañar al ojo. Es teoría, práctica y tiempo. Y eso no se puede reducir a un atajo.

Golden Demon y la espada de David Arroba
En el hobby no se pueden buscar atajos: es teoría, práctica y tiempo

A: Es que, tras muchos años en esto de pintar miniaturas, puedo decir que los resultados rápidos no existen....

D: Claro. En nuestro caso, la academia está enfocada a un perfil muy concreto: pintores que buscan alcanzar un nivel alto. Luego hay mucha más gente que pinta para jugar, para tener su ejército de 2000 puntos listo el fin de semana, y es totalmente válido, pero es otro objetivo.

Para mí, lo más importante es que el alumno entienda que aprender a pintar no es algo rápido. Es un proceso lento, pero muy enriquecedor. Lo valioso no es solo el resultado, sino disfrutar del camino, de ir mejorando poco a poco.

Y hay algo clave: en el momento en que alguien cree que ya lo sabe todo, se queda atrás. Porque esto va de seguir evolucionando. Siempre va a haber gente mejorando, empujando el nivel. Ahí es donde concursos como el Golden Demon marcan la diferencia. Esa competitividad entre los mejores es lo que obliga a dar un paso más. Si quieres ganar, tienes que superar al resto. Y eso, al final, es lo que hace crecer a todo el sector.

A: ¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando en el hobby y que sueña pues con pintar bien sus miniaturas y, quién sabe, llegar a presentarse a un certamen de gran nivel?

D: Pues mira, el primer consejo que daría tiene más que ver con el hobby en sí que con la pintura. De hecho, estoy escribiendo un libro sobre eso: sobre el valor de tener un hobby de verdad. No algo puntual como viajar, sino algo propio, íntimo, donde pases tiempo contigo mismo, donde pienses, desconectes y entiendas cómo te sientes. La pintura de miniaturas tiene mucho de eso. Son horas a solas, concentrado, y aunque luego lo compartas con otros o en concursos, lo importante está en esos momentos. Ese “llevo dos horas pintando y seguiría cuatro más” es lo que realmente engancha.

Por eso, el mejor consejo es claro: si has encontrado algo que te apasiona, disfrútalo. Aunque solo tengas un rato a la semana, aprovéchalo al máximo. Y, sobre todo, no tires la toalla. La frustración es parte del proceso. Nada sale bien a la primera, nunca. Pero vas probando, ajustando, y poco a poco mejoras. Lo que hoy parece un desastre, mañana empieza a tener sentido.

La clave está en la paciencia y en aceptar que equivocarse es lo normal. Pensar “no soy capaz” es un error; lo lógico es que no salga bien al principio. Y hoy, además, hay más recursos que nunca para aprender: contenido gratuito, tutoriales, plataformas... Aprovecha todo eso, pero sin perder de vista que el progreso lleva tiempo.

A: Vivimos una gran época para el hobby: tenemos buenas pinturas, muy buenas técnicas, una cantidad enorme de marcas, recursos...

D: En cuanto al material, es algo muy parecido a lo que ocurre con las formas de aprender: hoy en día tienes tantísimas opciones que lo hace todo mucho más sencillo. Siempre se lo digo a los alumnos. Tenemos la suerte de que prácticamente todas las pinturas, pinceles y herramientas que hay en el mercado tienen ya un nivel de calidad bastante alto. Es muy raro que compres algo que sea realmente malo o que te haga tirar el dinero.

La competencia entre marcas ha elevado muchísimo el estándar. Por eso, lo importante es no volverse loco. No hace falta comprar colecciones enteras ni grandes cantidades de una sola marca. Es mucho más útil ir probando: un poco de aquí, otro de allá, y ver qué se adapta mejor a tu forma de pintar.

Una vez encuentras lo que te encaja, entonces sí tiene sentido invertir más en ello. Pero al principio, lo peor que puedes hacer es gastar sin criterio, porque es muy fácil dejarse llevar.
Para empezar, con unas 10 a 15 pinturas ya puedes trabajar perfectamente. Y siempre es recomendable tener más variedad en colores base como rojos, azules y amarillos que en marrones o grises. En el caso de los pinceles, lo ideal es acudir a una tienda de arte y dejarte asesorar. Y, sobre todo, no comprar desde el inicio los más caros del mercado, porque al principio los vas a estropear casi seguro.

A: A todos nos ha pasado eso de volvernos locos...

D: Por ejemplo, este fin de semana pasado estuve en Budapest y todos los alumnos llevaban más pinturas que yo. Algunos iban con 40, que es una barbaridad. Yo, en cambio, llevaba una bolsita con 10 y más que suficiente. Es muy habitual al principio volverse loco con esto.

Te entusiasmas y piensas: “cuanto más tenga, mejor pintaré”. Pero no es así. Puedes comprar 50 pinturas, pero no vas a pintar mejor que con 15. Te puede facilitar el proceso, sí, pero no te cambia el nivel ni el resultado de forma real. Al final, lo importante es entender eso y no dejarse llevar por la acumulación.

A: ¿Hacia dónde crees que vamos en el hobby, David? Hay una gran evolución en los últimos años en muchos aspectos, te pido que saques la bola de cristal...

D: No creo que haya un gran margen de “revoluciones” en la pintura de miniaturas, porque muchas de las técnicas que hoy parecen nuevas ya existen en otras disciplinas desde hace décadas. El aerógrafo, por ejemplo, lleva toda la vida usándose en ilustración. Hay que separar siempre marketing de realidad. Cada poco aparecen “pinturas revolucionarias”, pero muchas veces son mejoras o reinterpretaciones de técnicas ya conocidas. Las Contrast, por ejemplo, han sido muy útiles, pero no dejan de ser una evolución de ideas previas con mejores pigmentos. Lo que sí es innegable es la mejora constante en la calidad de los materiales en los últimos 10–15 años. Y aun así, el avance sigue.

¿Hacia dónde va el hobby? Es difícil saberlo. Ha crecido mucho en los últimos años, impulsado por momentos como la pandemia, y ahora entra en juego otro factor: la inteligencia artificial, que difumina la frontera entre lo real y lo generado, es difícil saber qué es real y qué no. En ese contexto, creo que gana valor todo lo hecho a mano. Lo físico, lo artesanal, lo que implica un proceso creativo... Y ahí la pintura de miniaturas tiene mucho recorrido, precisamente por eso.

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