En las colinas calcáreas de Vegagete, Burgos, los restos de un diminuto dinosaurio han desvelado una historia evolutiva mucho más grande de lo que su tamaño sugiere. Bautizado Foskeia pelendonum por un equipo internacional de paleontólogos, publicado en Papers in Palaeontology, este herbívoro de apenas medio metro no es un simple fósil curioso: representa un eslabón clave para entender la diversificación de los ornitisquios europeos durante el Cretácico.
Un pequeño dinosaurio descubierto en Burgos de hace 130 millones de años aporta pistas de un linaje olvidado y reabre el debate
Lejos de los gigantes jurásicos que todos imaginamos, Foskeia combinaba un cuerpo minúsculo con un cráneo complejo y una morfología inesperada que ha desconcertado a los especialistas. Sus rasgos no encajan en los patrones evolutivos clásicos, lo que indica que pertenece a un linaje propio y reconfigura el árbol genealógico de los Rhabdodontidae, dinosaurios herbívoros endémicos de Europa.
El hallazgo, lejos de ser rutinario, tuvo lugar en Salas de los Infantes, un enclave históricamente rico en fósiles. Los huesos, frágiles y ligeros, parecían de crías, pero estudios histológicos liderados por Paul-Emile Dieudonné confirmaron que al menos un ejemplar era adulto. Esto permitió interpretar sus características como definitivas, situando al Foskeia como una especie pieza clave para entender la evolución de los ornitisquios de pequeño tamaño en el continente.
Su cráneo presenta innovaciones nunca vistas en especies de su tamaño, como adaptaciones complejas propias, una dentición especializada y una estructuras ósea que sugiere hábitos de vida muy concretos. Filogenéticamente, se sitúa cerca del australiano Muttaburrasaurus, señalando conexiones evolutivas entre Europa y otros continentes y reabriendo el debate sobre la hipótesis de los Phytodinosauria, que plantea un linaje único para los herbívoros.
El Foskeia vivía hace 130 millones de años entre densos bosques de coníferas, al parecer siendo un animal ágil y nervioso, con un metabolismo activo muy comparable al de las aves o pequeños mamíferos modernos. Su nombre alude a la luz, la alimentación y los Pelendones, pueblo celtíbero de la región, uniendo pasado prehistórico y humano. Este diminuto dinosaurio recuerda que en paleontología, lo pequeño puede transformar nuestro conocimiento del pasado