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Crece la preocupación: una tormenta solar como la de 1859 colapsaría la red mundial de satélites en menos de 3 días

El reloj del CRASH Clock señala apenas 2,8 días: una tormenta solar de gran intensidad podría provocar un colapso total en la órbita terrestre.

Casi nadie mira al cielo más allá de una aurora o un satélite brillante, pero justo sobre nuestras cabezas, en la órbita baja, se libra una batalla silenciosa. Satélites activos, restos de cohetes y fragmentos de colisiones antiguas comparten un espacio limitado donde un solo error puede desencadenar un caos global.

Un estudio liderado por Sarah Thiele, de Princeton, ha puesto cifras a esta vulnerabilidad. En "An Orbital House of Cards", los investigadores presentan el CRASH Clock (Collision Realization and Significant Harm), un indicador que mide cuánto tardaría en producirse un choque catastrófico si los sistemas de control dejaran de funcionar. El resultado: apenas 2,8 días antes de un desastre si se pierde el control activo. En 2018, antes del auge de las megaconstelaciones, ese mismo reloj marcaba 121 días.

Crece la preocupación por el peor escenario posible: una tormenta solar extrema dejaría la Tierra sin satélites en muy pocos días

Las megaconstelaciones, como Starlink, han multiplicado por miles los satélites en órbita baja, entre 160 y 2000 km de altura, y han comenzado a ser cada vez más frecuentes en los últimos tiempos. Cada 20 segundos se produce un acercamiento menor a 1 km entre objetos; solo entre satélites Starlink, ocurre cada 27 segundos. SpaceX realizó más de 144.000 maniobras evasivas en seis meses, un promedio de 41 por satélite al año. "La única razón por la que no ha ocurrido un choque grave es la ejecución constante de estas maniobras", advierten los autores.

El mensaje de este estudio es muy claro: la órbita terrestre es un ecosistema frágil

A ese riesgo mecánico se suma la amenaza de tormentas solares, capaces de desestabilizar órbitas y paralizar sistemas. La tormenta de Gannon en 2024 forzó a las grandes empresas a realizar maniobras improvisadas con errores de hasta 40 km. Por ejemplo, y en un escenario muy catastrófico, la repetición de la tormenta Carrington de 1859 hoy dejaría inoperativos los sistemas justo los 2,8 días críticos del CRASH Clock.

A esa velocidad -28.000 km/h-, un choque genera miles de fragmentos que pueden desencadenar el síndrome de Kessler, un efecto en cadena que podría bloquear el acceso al espacio durante generaciones. La coordinación entre operadores sigue siendo insuficiente, aumentando la probabilidad de un desastre evitable.

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El mensaje de este estudio es muy claro: la órbita terrestre es un ecosistema frágil. Cada satélite mal gestionado compromete la infraestructura global. Si no se actúa, el próximo evento solar extremo podría convertir el CRASH Clock en un contador hacia un colapso orbital sin precedentes.