Se echa de menos a Criterion. Siguen ahí, pero no nos referimos a la Criterion que colabora en Battlefield, sino a la de las carreras arcade, a la de Need for Speed y, en mayor media, Burnout. Quizá echar de menos sean palabras mayores, pero el revuelo que se montó cuando GOG recuperó hace unos años (¡ocho ya!) Star Wars Episode I: Racer reflejó que se le tiene cariño al juego de carreras de de vainas de La guerra de las galaxias. En esas llega Star Wars: Galactic Racer, desarrollado por un estudio fundado por ex de Criterion que en su ópera prima ofrecen competiciones vertiginosas en el universo de Star Wars.
Es increíble. Una combinación que parece caída del cielo: la de la peligrosidad de las carreras con vehículos que parecen que se van a desmontar en cualquier momento, con las mecánicas de riesgo y recompensa habituales en los arcades de Criterion.
La demo de Gamescom, muchísimo más breve de lo que nos habría gustado, pero cuya brevedad quizá sea una sensación irreal provocada por la velocidad desmesurada con la que se desarrolló, nos dejó en un estado extático casi cada segundo que pasamos con el mando en las manos y la mirada en la pantalla.
Es como un Burnout pasado de rosca en el que la ambientación de ciencia ficción le permite romper los pocos límites físicos que estos desarrolladores se imponían a sí mismos en aquella locura de curvas diseñadas con mala leche, turbos endiablados y accidentes que dejaban los coches como un acordeón. Recuperar con la licencia de Star Wars esa esencia de las carreras en las que el fallo no condiciona solo tu posición, sino también la supervivencia, es algo que encaja en cuanto coges el mando y aprietas el acelerador. Pero Fuse Games no se ha limitado a eso: buscan introducir en el género innovaciones que ya veremos si funcionan o no, pero cuya intencionalidad ya valoramos positivamente.
Carreras a una velocidad endiablada
La prueba de Gamescom se pasó en un suspiro porque no hacíamos más que correr con los nervios a flor de piel. Desde que pulsamos la equis (o la cruz, si sois de esos), nos sumergimos en un tour frenético por una pista de cada planeta de Galactic Racer pilotando cada uno de los arquetipos de vehículos disponibles. Así pasamos por la arena, la nieve, el barro y las superficies metálicas de Tatooine, Jakku, Andro Prime, Sentinel I y Lantaana.
Eran carreras contra el resto de pilotos participantes, pero también contra el propio escenario. A una velocidad vertiginosa debíamos derrapar con precisión para tomar curvas pensadas para que la mayoría de los vehículos exploten por los aires, y esquivar obstáculos que en ocasiones ramificaban el circuito y que probablemente generarán situaciones en las que se puedan usar a nuestro favor y en contra de algún competidor. Los circuitos tienen personalidad en la trazada y en la ambientación, aunque era difícil fijarse en ella: aunque nos colamos por dentro de un destructor y vimos un AT-AT derribado, los detalles están ahí para pillar nuevas referencias al competir por decimoséptima vez en esa pista.
La demo, que estamos seguros de que vendería más de una copia del juego si se publicara en abierto, no solo nos hacía pasar rápidamente de un circuito al siguiente, sino que con cada cambio también nos ponía a los mandos de otro vehículo, cada uno con sus propias físicas y sus propias mecánicas, y todos ellos gustosísimos de conducir. Por ejemplo, el deslizador esquí, creado expresamente para la ocasión, recarga el turbo al ponerse de costado, una maniobra peligrosa. Aunque realmente todos los vehículos tienen su mecánica que recompensa al jugar de manera arriesgada: el deslizador terrestre, la moto deslizadora y nuestro favorito, la vaina de carreras clásica, tan veloz y tan segura como tirarse por una cuesta con un carrito del supermercado.
Nos quedamos cortos al decir que la sensación de velocidad es alucinante. A potenciarla contribuyen una variedad de efectos visuales y el hecho de que el juego, al menos mientras estás en la carrera y en el detalle de los vehículos, tiene unos gráficos geniales —no tanto cuando la cámara se fija en los personajes, sobre todo en los humanos—. Pero el sonido aporta tanto o más al vértigo de cada curva y a la inseguridad de arrimarnos demasiado a los rivales: cómo suenan las naves y la ambientación sonora de cada pista es una delicia.
Una campaña en el Borde Exterior en la que cada decisión cuenta
Hasta aquí llegó la demo. Nos daríamos por satisfechos tan solo con un juego con estos mimbres que permitiera participar en campeonatos, competir online y jugar carreras amistosas a pantalla partida, una función que lamentablemente no estará. Pero decíamos que Fuse Game quiere innovar en las carreras arcade y eso lo hace gracias a una campaña con una estructura roguelike que pinta especialmente bien. Llevamos varios párrafos hablando de la intensidad y la peligrosidad de estas carreras que te hacen tomar decisiones vitales en centésimas de segundo. ¿Qué hay más intenso que saber que un accidente más puede echar por tierra el progreso en la campaña?
Esta historia está ambientada después de los acontecimientos de El Retorno del Jedi. Nos sorprendería que su desarrollo fuera interesante, pero la base sobre la que se construye sí que lo es. Después de la guerra contra el derrotado Imperio, hay pilotos y mecánicos que se sienten sin oficio ni beneficio, de manera no muy distinta a lo que ocurre con los soldados tras los conflictos armados. Darius Pax aprovecha la situación y crea la Galactic Racing League, en la que participamos como Shade, cuyo nombre ya anticipa que la trama no irá tan solo de salir victoriosos del torneo.
Carrera tras carrera se obtienen partes para personalizar el vehículo y créditos con los que adquirir nuevos componentes que alteran sus capacidades; hay tantas opciones que los desarrolladores prometen millones de combinaciones sin contar los elementos estéticos. Así, el triunfo depende de la habilidad, de evolucionar la nave acorde a nuestros gustos y a los rivales, y por supuesto, de no estrellarnos más veces de la cuenta. Nos gusta la idea por cómo encaja con el estilo de estas carreras y la temática, aunque habrá que comprobar cómo se ejecuta esta estructura roguelike que tendrá algún tipo de progresión permanente.
Además, esa idea se lleva a uno de los modos multijugador en línea de una manera que nos ha recordado a un draft de Magic the Gathering. Se compite en ocho carreras. Tras cada una, se ofrecen recompensas que los jugadores eligen en orden según su posición. La victoria se decide en la carrera final, después de que cada competidor haya tenido varias oportunidades para personalizar su nave. En total habrá cuatro modos online en los que no faltarán modos con vehículos predefinidos.
Las carreras de vainas vuelven en octubre
Después de este primer contacto con Star Wars: Galactic Racer no nos extrañaría que se convirtiera en uno de los tapados de 2026, si es que un juego con la licencia de Lucasfilm se puede considerar un sleeper. Sus carreras vertiginosas con espíritu Burnout nos han chiflado, la ambientación es deliciosa y tenemos muchas expectativas en ese modo carrera tan particular. El 6 de octubre descubriremos en PC, PS5 y XBOX Series si, como parece, la Fuerza está con el equipo de Fuse Games.
Hemos realizado estas impresiones tras jugar a una versión en desarrollo en Gamescom.