Análisis Star Fox, un remake increíble para Switch 2 que en 2026 entra fresquísimo (Switch 2)
Star Fox, el remake para Switch 2 que llega el 25 de junio, es un matamarcianos, una revisión de uno de los mejores shooters sobre raíles de la historia. La adaptación audiovisual a nuestra época, al año 2026, es despampanante, con nuevas y abundantes secuencias cinematográficas, más conversaciones y doblaje al español. El juego en sí tiene retoques, mejoras y una mayor agilidad, pero es, en esencia, el Lylat Wars de 1997.
Es un juego de hace casi 30 años, pero un juego que desde entonces está entre los mejores exponentes de su género. Que sea un remake fiel será motivo de alegría para muchos, para los que conocen el clásico y para algunos de quienes lo descubran ahora. A la vez, el camino elegido por Nintendo puede decepcionar a los que preferirían algo nuevo o, al menos, algo más, como fue el con frecuencia incomprendido Star Fox Zero.
La senda escogida también conlleva que sea una propuesta de valor difícil de vender al público actual, pero quienes decidan montarse en el Arwing y abrazar lo que propone el título desarrollado por Velan Studios se encontrarán con un matamarcianos espectacular que jugarán, rejugarán y volverán a rejugar; que les recompensará continuamente con su mejora como jugadores; y que, si entran de lleno, les hará lamentar que ya no hagan juegos así.
Salvando la galaxia junto a un equipo con mucha personalidad
Eso de la propuesta de valor lo decimos porque la campaña dura alrededor de hora y media, contando las nuevas secuencias cinematográficas, y se puede terminar incluso antes si se conoce el juego original, pues se mantiene prácticamente todo: las fases, la disposición de los enemigos, las mecánicas de los jefes, la estructura de la partida, los momentos en los que hay que hacer tal o cual cosa para desbloquear otra ruta.
No hay nuevas fases que alarguen el juego original ni cambios de peso que replanteen lo que es Star Fox 64 y cómo se juega.
El cambio más grande, descomunal incluso, está en lo que rodea el juego. En los gráficos y en lo sonoro, por supuesto, pero también en la historia. El argumento en sí es el mismo, desde el principio hasta los finales. El malvado Doctor Andross tiene bajo su control casi la totalidad del Sistema Lylat y el grupo de mercenarios Star Fox son los encargados de ejecutar una contraofensiva a lo largo de varios planetas para pararle los pies y devolver la paz a la galaxia.
El remake desarrolla más el conflicto al desbloquear entradas de texto en el Holovisor al cumplir objetivos, pero sobre todo profundiza en sus personajes. Eleva exponencialmente lo que, de manera mucho más simple, estaba en el original: la épica galáctica de Star Wars, la camaradería de Top Gun y valores compartidos con Porco Rosso.
Lo hace, por un lado, mediante nuevos diálogos, con un doblaje al español fantástico, que se escuchan (y se leen) durante la partida. Fox, Falco, Sleepy y Peepy se comunican casi constantemente, como también lo hacen algunos de los jefes, lo que conlleva que cada misión se sienta como el asalto a la Estrella de la Muerte.
Pero lo que más contribuye a que los mercenarios de Star Fox se hayan convertido en algunos de los personajes más desarrollados de Nintendo son las nuevas secuencias cinematográficas. Exceptuando el nuevo prólogo en vídeo donde se narra lo ocurrido con el padre de Fox, que no va acompañado de una nueva fase, la mayoría de esos vídeos se desarrollan entre misiones.
Tienen un toque que nos ha recordado a Cowboy Bebop: Fox y compañía discuten sobre los siguientes pasos a seguir y atienden a los discursos del General Pepper mientras se mueven por la nave, el Great Fox. Sleepy trastea con sus aparatos tecnológicos, Falco pasa de todo mientras bebe un refresco que acaba de coger de la nevera, o se mide al ajedrez contra Fox. Estos detalles, junto a que las animaciones de estos animales antropomórficos sean tan expresivas, convierten en iconos a personajes que eran bastante planos.
Además, esas secuencias cambian. La campaña de Star Fox tiene múltiples ramificaciones, en una partida puedes visitar unos planetas y no otros. Además, dentro de una misión, pueden ocurrir diferentes cosas que afectan a las siguientes. Todo eso se refleja en las escenas cinematográficas posteriores. Pero, por supuesto, donde más peso tiene es en la partida en sí. ¿Esa afirmación que decíamos antes de que Star Fox lo terminas en poco más de una hora? Ni muchísimo menos.
Un matamarcianos exquisito lleno de sorpresas
El registro de nuestra Switch 2 marca más de 20 horas, y las que quedan para desbloquearlo todo. Sí, esa primera partida, en la que ni siquiera ves los títulos de crédito, te lleva algo más de una hora con cinemáticas incluidas, que se pueden duplicar si no tienes nada de experiencia con Star Fox. La dificultad normal nos parece asumible para los novatos, pero existe también un modo fácil que, junto al entrenamiento, ayuda a los primeros pasos por el Sistema Lylat.
Los primeros pasos de muchos, muchísimos más. Como decíamos, Star Fox es un matamarcianos, un shooter sobre raíles en el que, en casi todas las misiones, avanzamos automáticamente, hacia delante, en fases 3D. A los mandos del Arwing, pero también del tanque Landmaster y del submarino Blue Marine, acabamos con las naves, robots y alienígenas que nos salen al paso, hasta llegar a los grandes jefes, mecánicos y biológicos, que nos esperan al final del nivel.
Las hay geniales y menos mejores, pero no hay una sola fase mala en el conjunto. Los niveles tienen un ritmo fantástico, casi cinematográfico. En la mayoría de los matamarcianos modernos la tensión es constante y los proyectiles a esquivar aparecen en cantidades inasumibles. Star Fox se permite tomarse un respiro e introducir momentos pausados para liberar tensión, lo que no solo contribuye al ritmo de esa partida, sino a que tras terminarla queramos empezar otra inmediatamente.
Ya la primera vez que recorremos una fase salta a la vista que hay algo más, lo que queda confirmado cuando en el mapa que aparece entre misiones vemos que hay planetas y zonas del espacio que hemos dejado atrás. La de Star Fox no es una campaña lineal. Los niveles tienen objetivos secundarios que, al descubrirlos y completarlos, cosa que no siempre es coser y cantar, nos llevan por otras fases. Para llegar a algunas de ellas tenemos que seguir una serie de pasos en las anteriores, lo que en más de una ocasión supondrá reiniciar el nivel o, según nuestros recursos y el estado del equipo Star Fox, incluso a comenzar de nuevo la campaña.
Para desbloquear todas las rutas primero, y después para conseguir acceder al modo experto, que cambia considerablemente las fases que ya conocemos, habrá que jugar muchas veces, aprender y mejorar. Ese proceso es genial. En las fases de vuelo libre, en las que pilotamos el Arwing con libertad de 360 grados y que al principio superábamos de manera agónica, terminamos dominando los cielos, ejecutando con gracia los rizos, los toneles, sabiendo cuándo conviene usar el turbo y el freno y a mantener siempre un ojo en el radar. Interiorizar las particularidades del manejo del tanque y del submarino, vehículos que antes considerábamos torpes, nos permite apreciar su potencial y que estén tan bien diseñados como el Arwing.
Reconoceremos cuándo hay que usar el disparo normal o el cargado. Memorizamos los momentos en los que tenemos que estar listos para ayudar a los compañeros, y también cuándo salen los potenciadores. Aprovecharemos las bombas al saber cuándo salen enemigos al mogollón para desintegrarlos y sumar los puntos necesarios para desbloquear una medalla. Identificaremos mecánicas relativamente ocultas de las fases. Los jefes que antes nos llevaban minutos los derrotaremos en segundos. Esa mirilla que antes se movía sin ton ni son ahora está bajo nuestro control.
En definitiva, como quien aprende a tocar un instrumento, poco a poco, a base de repeticiones, dominaremos el juego y nos sentiremos satisfechos por conseguir sin despeinarnos los puntos que unas horas antes veíamos como una meta imposible. Star Fox es una experiencia densa y estimulante donde todo es magro: no sobra nada. El remake impresiona desde el principio por puros valores de producción, pero para apreciarlo hay que jugar y rejugar.
A llegar a ese punto ayudan los desafíos. En ese modo jugamos en las fases desbloqueadas para cumplir una serie de objetivos y, al completarlos todos, aparecen otros tantos más difíciles aún. Son divertidos por sí mismos, pero son aún más reseñables por su valor didáctico: muchos de esos objetivos funcionan como pistas de qué tienes que hacer en la campaña para conseguir los puntos necesarios y así desbloquear el modo experto o abrir una ramificación.
El multijugador: a la caza del zorro y el ratón
Algo nuevo del remake es su particular aproximación al cooperativo local (con una consola) o en línea con un amigo (ambos jugadores deben estar en una sesión de GameChat), que a su vez aprovecha otra de las novedades. Un jugador pilota el Arwing mientras que el otro usa el modo ratón del Joy-Con 2 para apuntar y disparar. Nos parece una buena manera de compartir el juego con los más pequeños, que pueden tener dificultades con el control, pero sobre todo tiene potencial para enseñar las bondades de Star Fox a algún colega escéptico.
El control con el modo ratón solo permite jugar con la vista en cabina y funciona muy bien, quizá demasiado: parte del encanto de Star Fox está en dominar su sistema de apuntado, con la misma palanca que utilizamos para movernos, y aunque la perspectiva limita la visión, esta manera de jugar, por la agilidad que permite al apuntar, le resta algo del desafío y de la identidad.
Aunque reconocemos que introducir un cooperativo de verdad en el que otros jugadores manejen a Sleepy, Peppy o Falco habría supuesto un cambio en el diseño tan o más grande como el de crear nuevas fases, eso no quita que sea una oportunidad perdida para haberlo hecho. Lo que no esperábamos es picarnos tanto con el modo batalla para ocho jugadores. Es muy sencillo: un mapa de puntos de control, otro en el que recoger puntos repartidos por el escenario y otro de capturar la bandera, que además no se pueden escoger.
Hemos jugado a esos objetivos en mil juegos, pero el control de Star Fox les da un toque único a lo que, en nuestro caso, ayuda que juguemos por jugar. Habrá quien eche de menos personalización de las naves, partidas clasificatorias, sistemas de progresión y otras zanahorias atadas a un palo. En nuestro caso, que simplemente se nos proponga jugar para divertirnos, por placer, nos resulta tan refrescante como el propio Star Fox. El modo batalla también se puede jugar en local mediante GameShare con un solo juego y los bots controlados por la máquina tienen buen nivel, pero hay que lamentar la ausencia del multijugador a pantalla partida.
El Sistema Lylat se ve increíble
Probablemente la ausencia de multijugador a pantalla partida sea el peaje a pagar por lo que podemos definir, si no los permitís, como graficotes o, de manera más fina, como unos valores de producción técnicos y artísticos que nunca hemos visto en un matamarcianos. Ya hemos alabado las secuencias cinematográficas y las animaciones de los personajes en ellas. Encajarían como cortos o incluso como una película de animación actual. Sí es cierto que Velan Studios ha aprovechado una limitación. La mayoría de las escenas, realizadas con el motor del juego, transcurren dentro del Grand Fox, en un mismo lugar, pero gracias a eso el espacio se percibe real: nos imaginamos a Sleepy cacharreando en su escritorio con sus trastos hasta horas intempestivas, a Peppy echándose buenas siestas en los sofás y a Falco asaltando los refrescos de la nevera.
Pero diríamos que la recreación de las fases en sí es todavía más impresionante. Sí, son niveles lineales en los que, en la mayoría de los casos, solo nos movemos hacia delante; evidentemente, no tiene el mismo trabajo eso que un mundo abierto. Y aun así, es fascinante. Si el diseño del juego apenas ha cambiado, lo contrario ocurre con todo lo que lo rodea. Las fases son reconocibles, pero su ambientación, la cantidad de cosas que ocurren a nuestro alrededor, los fondos, el mar, el cielo, el diseño de los enemigos, los mecanismos del Arwing y muchas más cosas tienen un detalle increíble.
Con todo eso consigue que las fases tengan una profundidad que antes no tenían y que nos sintamos en medio de un auténtico conflicto galáctico; el cambio es tal que ponerse el Lylat Wars original tras jugar al remake es hasta gracioso. Apenas salen a relucir los pequeños fallos, como algunas texturas que contrastan con el resto y algún nivel más vacío de la cuenta. Todo se mueve a 60 fotogramas por segundo más sólidos que los asteroides de Meteo, en modo portátil se ve muy nítido y en un televisor 4K todavía más. Lo siguiente no es un detalle menor: si tenéis la oportunidad, al menos dad la primera vuelta en un televisor con buen HDR, porque por sus fondos y los contrastes es uno de los juegos que mejor aprovecha esa tecnología.
La nota final que termina por elevar la épica de Star Fox, de aupar la sensación de que estamos viviendo una gran aventura aunque vayamos sobre raíles, la tiene la banda sonora. De nuevo, lo rehecho ha sido muy respetuoso con el juego de Nintendo 64, pero han ampliado y profundizado donde había que hacerlo. La nueva música da tanto empaque a la experiencia como el ya mencionado doblaje al español, ante el que no podemos más que quitarnos el sombrero.
Conclusiones
Star Fox es el matamarcianos más espectacular audiovisualmente que existe, una capa de chapa y pintura increíble que se superpone a uno de los mejores shooters sobre raíles de la historia, cuyo diseño se mantiene prácticamente intacto. Eso conlleva que no haya nuevos niveles, que la propuesta dure lo mismo y que sea, en esencia, la misma que en 1997.
Donde sí se amplía es en lo argumental. No porque la historia haya cambiado, pues la trama es la misma, pero Fox, Sleepy, Falco y Peppy ganan en profundidad gracias a unas secuencias cinematográficas con una realización de primer nivel y a conversaciones, dentro de esas escenas y durante la partida, pronunciadas con un doblaje al español fantástico.
El espectáculo audiovisual está en los vídeos, pero también, o más todavía, durante las fases. Lo que hacemos en ellas es casi lo mismo que hace treinta años, pero lo que ocurre a nuestro alrededor, la profundidad que tienen los mundos, consiguen que nos sintamos en medio de una batalla galáctica y que el Sistema Lylat sea un auténtico universo.
Sin embargo, Star Fox es Star Fox. Es decir, es un matamarcianos, un tipo de juego que muchos pueden considerar anacrónico. Su propuesta es repetir una y otra vez sus fases. Rejugar sus desafíos y quemar una campaña que, una vez aprendemos a jugar, terminamos en menos de una hora.
Es un juego extenso no por su cantidad de fases, sino porque la profundidad de su diseño exige tiempo para dominarlas, algo necesario para desbloquear todas las rutas y para alcanzar los puntos necesarios para acceder al aún más desafiante modo experto. Eso sí, no nos habría sobrado alguna fase nueva, echamos en falta el multijugador a pantalla partida tan icónico del juego original, y sobre todo se agradecería un cooperativo más ambicioso.
No se nos escapa la ambición transmedia de Nintendo: este Star Fox va al fan y a los amantes del género, pero también a quienes conocieron al zorro espacial en Super Mario Galaxy: La película. Sin embargo, tiene el potencial de sumar más aficionados a los matamarcianos. Quienes se animen a domar el Airwing y el Sistema Lylat tienen aquí un juego para decenas de horas que otorga una experiencia tremendamente satisfactoria. Es uno de esos juegos que te hacen sentir pleno conforme los aprendes y los interiorizas. Otra cosa es si esta premisa llamará la atención del público de 2026.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para Switch 2 facilitado por Nintendo of Europe SE.