Durante más de una década, los fabricantes de automóviles japoneses respetaron un acuerdo no escrito que limitaba la potencia de sus vehículos a 280 caballos y la velocidad máxima a 180 km/h. Este pacto de caballeros, vigente desde 1989, no era una imposición legal, sino un consenso voluntario impulsado por la Asociación Japonesa de Fabricantes de Automóviles (JAMA) para evitar una escalada de potencias entre marcas y, sobre todo, contener la siniestralidad en carretera, que entonces superaba las 10.000 muertes anuales en Japón.
Un pacto entre caballeros
La decisión marcó profundamente a modelos icónicos como el Nissan Skyline GT-R, el Toyota Supra, el Honda NSX o el Mazda RX-7. Todos declaraban oficialmente los mismos 280 CV, aunque era un secreto a voces que muchos de ellos, en condiciones reales, superaban ampliamente esa cifra. El Skyline GT-R R34, por ejemplo, alcanzaba más de 350 CV en banco. Sin embargo, la norma tácita permitió a la industria japonesa desarrollar deportivos de alto rendimiento sin una guerra abierta de cifras.
Pero todo cambió en 2004 con la llegada del Honda Legend de cuarta generación. La berlina de lujo montaba un motor V6 atmosférico de 3.5 litros que entregaba 304 CV —una cifra que rompía públicamente el límite autoimpuesto por el sector— y lo hacía sin disimulo, tanto en el mercado japonés como en su versión americana (Acura RL). Equipado con tracción total y tecnologías de vectorización de par, el Legend se presentó como una respuesta directa a berlinas europeas como el BMW Serie 5 o el Mercedes Clase E.
La irrupción del Honda Legend supuso el principio del fin para un acuerdo que, aunque simbólico, había definido una era. A la zaga llegaron modelos como el Mitsubishi Lancer Evolution IX (284 CV), el Lexus RX400h híbrido y, finalmente, el Nissan GT-R R35, que debutó con unos descomunales 473 CV. El consenso entre fabricantes se desmoronó sin marcha atrás, y ese mismo año, JAMA reconoció que no existían datos concluyentes que vincularan directamente la potencia de los coches con el número de víctimas en carretera.
Desde entonces, Japón entró en una nueva etapa: la segunda gran generación de deportivos JDM, liberados de las ataduras del pacto y dispuestos a competir en igualdad de condiciones con los gigantes europeos y americanos.