La nutrición y el medio ambiente no son compartimentos estancos. Ya hemos visto la evolución de la agricultura y los cambios que se han producido en productos como los tomates. Mientras apuntan a la industria del agua, ahora sabemos que esta relación entre la nutrición y el ecosistema, forma una simbiosis cotidiana que afecta directamente a nuestras decisiones más rutinarias, como lo que metemos en la cesta de la compra.
En un contexto en el que la crisis climática y el colapso de los sistemas alimentarios ya no son amenazas lejanas sino realidades tangibles, voces expertas como la del doctor Nicolás Olea, catedrático y especialista en epidemiología, reclaman una mirada más crítica hacia lo que comemos y de dónde viene.
Nicolás Olea, especialista en epidemiología y nutrición, lanza la advertencia: "Lo que estás comiendo fue pescado hace cuatro años frente a las costas de Namibia"
En una entrevista concedida al portal Microbiota desde cero, Olea desgrana con ejemplos tan comunes como inquietantes esa conexión directa entre la alimentación diaria y el deterioro ambiental. "No puedes decir que estás cuidando tu salud si estás consumiendo productos que han recorrido medio mundo y han pasado años en una cadena de frío industrial", advierte. Y no es una hipérbole. Uno de los ejemplos más gráficos que ofrece tiene forma de barrita de merluza.
"Estás comiendo algo que fue pescado hace cuatro años en Namibia y que lleva otros tres en tu congelador. ¿Sabes lo que significa mantener eso a -32º durante tanto tiempo? ¿Y la huella de carbono de traerlo desde allí?", puntualiza el experto.
La paradoja del kiwi ecológico ilustra otra de sus preocupaciones. Aunque el etiquetado verde pueda inducir a pensar en un gesto amable con el planeta, el trayecto de 21.000 kilómetros que recorre desde Nueva Zelanda hasta el supermercado español lo convierte en un sinsentido ecológico. Olea apuesta sin rodeos por el consumo local, de temporada, y de proximidad: "No basta con que sea ecológico, también debe ser coherente con el entorno".
Pero si hay un frente que le preocupa especialmente es el uso indiscriminado de plásticos en la industria alimentaria. Lo ejemplifica con una anécdota en apariencia trivial: una tableta de chocolate. "Era barata, sí, pero cada onza venía envuelta en su propio envoltorio de plástico y metal. Algo imposible de reciclar". Y lanza la pregunta que resume toda su tesis: "¿Cómo podemos considerar esto sostenible y saludable a la vez?", añade.
El vínculo entre medio ambiente y alimentación no es solo un asunto ético: tiene consecuencias directas. Lo vimos con el caso del coco, cuya escasez —provocada por cambios climáticos y de producción— amenaza con encarecer productos como los helados. En otras palabras: lo que ocurre en los ecosistemas no tarda en reflejarse en nuestra nevera.