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Marruecos cambia de rumbo: busca que el 60% del agua potable proceda del mar antes de 2030 tras una dura sequía

Marruecos convierte el Atlántico y el Mediterráneo en su nueva red de embalses: la desalación pasa a ser el eje del abastecimiento hídrico nacional.

Durante décadas, la gestión del agua en Marruecos se basó en una ecuación sencilla: lluvia, embalses y acuíferos. Pero esta fórmula, que funcionó durante generaciones, se está viendo desafiada por una realidad climática cada vez más adversa. Siete años consecutivos de sequía han obligado al país a replantearse por completo su modelo hídrico, y el cambio es tan ambicioso como significativo.

El nuevo enfoque del Gobierno marroquí implica algo que hace apenas unos años habría parecido impensable: convertir el Atlántico y el Mediterráneo una red alternativa de embalses.

La desalación, que antes se consideraba un recurso puntual para situaciones de emergencia, ahora se convierte en un componente fundamental del sistema de abastecimiento. El objetivo es ambicioso: para 2030, se espera que alrededor del 60% del agua potable del país provenga del mar, más del doble que en la actualidad.

Tras una severa sequía, Marruecos ha decidido cambiar su estrategia de gestión del agua, con el objetivo de que el 60% de su agua potable proceda del mar antes de 2030

El ministro de Equipamiento y Agua, Nizar Baraka, ha presentado esta estrategia como una respuesta directa al estrés hídrico estructural que enfrenta el país. No se trata solo de aumentar la producción de agua, sino de construir un sistema más resiliente en un contexto en el que la lluvia se ha vuelto impredecible.

Para alcanzar este objetivo, Marruecos planea multiplicar su capacidad de desalación hasta alcanzar los 1700 millones de metros cúbicos anuales antes de que finalice la década. El país ya cuenta con una red de 17 plantas operativas, a las que se suman otras en construcción y varios proyectos en fase de planificación.

Entre las infraestructuras clave se encuentra la futura desaladora de Casablanca, que se convertirá en una de las mayores de África. Este proyecto, basado en tecnología de ósmosis inversa, abastecerá a millones de personas y tendrá una función estratégica: liberar recursos de los embalses para el interior del país.

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Hay que destacar que no se pretende regar todo el campo con agua desalinizada, aún demasiado cara, sino asegurar el suministro urbano y redistribuir el agua dulce hacia la agricultura interior. Agadir ya sirve como laboratorio de este modelo, donde la desalación sustenta tanto el consumo humano como cultivos de alto valor.

Como suele ocurrir en este tipo de empresas tan colosales, el plan no está exento de desafíos. La producción de agua a partir del mar requiere grandes cantidades de energía y genera salmuera, un residuo que debe gestionarse cuidadosamente para evitar impactos en los ecosistemas costeros. Marruecos intenta mitigar este problema vinculando sus nuevas plantas a fuentes de energía renovable.