La dieta mediterránea, con sus frutas, verduras y el omnipresente aceite de oliva, ha sido durante décadas el referente de la alimentación saludable en España y gran parte de Europa. A ella se suman carnes magras y pescados, mientras se evita aquello que aporta más grasa que nutrientes. Pero hay un ingrediente que, hasta ahora, no ha formado parte de esta ecuación: los insectos.
En países como México, África o el sudeste asiático, el consumo de insectos es habitual y diverso. México, en particular, lidera el ranking en número de especies comestibles, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Y ahora, algunos expertos en España reclaman abrir la puerta a esta práctica. Entre ellos, Ligia Esperanza Díaz, investigadora del CSIC en el Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC).
España podría sumarse al consumo de insectos: experta del CSIC destaca sus beneficios
"La inclusión de insectos en nuestra dieta no es una cuestión de moda; es una necesidad nutricional", afirma Díaz. "Aportan proteínas de alta calidad, grasas saludables, vitaminas y minerales. En un contexto marcado por el cambio climático y la presión sobre los recursos, deberíamos reconsiderar seriamente su potencial". La investigadora ha coordinado un libro de divulgación que analiza, con detalle, los beneficios nutricionales de estos diminutos alimentos.
Europa, como señala el CSIC, sigue siendo el continente donde menos insectos se consumen, a pesar de que se han documentado unas 2100 especies comestibles. La FAO, en un informe de 2013, ya subrayaba su potencial para la seguridad alimentaria y la protección del medio ambiente.
Su valor nutricional es notable: ricos en fibras, vitaminas del grupo B -y también A, D y E-, minerales como calcio, potasio o magnesio, y proteínas. Sin embargo, su aporte varía según la especie, la etapa de desarrollo, la alimentación y la forma de preparación. Un dato llamativo es su eficiencia: mientras de animales como el pollo o el cerdo se aprovecha cerca del 50% de su masa, de los insectos se utiliza hasta un 80%.
Entre los más consumidos destacan escarabajos, orugas, hormigas, avispas, abejas y ortópteros como grillos o saltamontes. Más allá de su valor proteico, investigaciones recientes señalan que algunas especies contienen moléculas con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, confirmando que estos pequeños seres podrían tener un lugar importante en la alimentación del futuro.