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Miles de millones de bacterias devoradoras de petróleo fracasan en el Golfo: eliminan el 70 % de los vertidos pero 'comen acero'

La mayor parte del petróleo de Deepwater Horizon desapareció gracias a bacterias que lo degradan, pero este proceso genera zonas muertas y una absoluta corrosión del acero en el Golfo.

La noche del 20 de abril de 2010, la plataforma Deepwater Horizon explotó en el Golfo de México. Las llamas se elevaban como un rascacielos de 20 pisos mientras el pozo vertía petróleo sin control durante 87 días. En total, 779 millones de litros de crudo y cientos de miles de toneladas de gas natural oscurecieron el mar, cubrieron playas y sumergieron la vida marina en un desastre inmediato. A pesar de barcos, barreras flotantes, quemas controladas y dispersantes químicos, el esfuerzo humano apenas logró recuperar entre el 15 y el 25% del derrame. El resto, más del 75%, desapareció sin dejar rastro.

Bacterias que limpian petróleo devoran el 70 % del derrame de crudo y ahora atacan el acero del Golfo de México

El enigma se resolvió gracias a un ejército invisible: bacterias que comen petróleo. Investigadores en un lago canadiense reprodujeron un miniderrame y observaron cómo estos microorganismos se multiplicaban, devorando el crudo y transformando el ecosistema en cuestión de días. Lo extraordinario es que estas bacterias no surgieron por la industria moderna; llevan millones de años perfeccionando su capacidad para degradar hidrocarburos. Detectan el petróleo a distancia, liberan enzimas que fragmentan cadenas de carbono y lo convierten en dióxido de carbono, agua y biomasa microbiana.

En el Golfo, la situación resultante fue la de un laboratorio natural. Las aguas cálidas, los derrames naturales y la actividad industrial habían entrenado a estas bacterias durante décadas, preparándolas para sobrevivir en un entorno así. Cuando Deepwater Horizon falló, las células ya estaban listas, listas para multiplicarse de 300 a 500 veces en semanas, aceleradas por cada litro de crudo que caía al mar. El resultado: la mayor parte del petróleo desapareció de la columna de agua, pero no sin un precio.

El crecimiento masivo de estas bacterias consumió enormes cantidades de oxígeno, creando zonas muertas donde peces, tortugas y crustáceos no podían sobrevivir. Además, sus subproductos químicos comenzaron a corroer naufragios centenarios y la infraestructura submarina, acelerando la destrucción de acero hasta veinte veces más rápido que la corrosión natural.

El crecimiento masivo de estas bacterias consumió enormes cantidades de oxígeno, creando zonas muertas de vida y corroen acero

La tragedia ocurrida con la Deepwater Horizon mostró que el océano posee su propio sistema inmunológico. Bacterias que comen petróleo pueden limpiar el mar, generar vida sobre volcanes de asfalto en el fondo marino e incluso inspirar soluciones biotecnológicas para limpiar plásticos y derrames futuros. Pero también recordaron un límite claro: este poder invisible puede asfixiar ecosistemas y destruir materiales. El Golfo de México es, al mismo tiempo, un laboratorio de catástrofes y un escaparate de cómo la naturaleza intenta defenderse de nosotros.