Detrás de las imágenes futuristas de la "Nueva Gaza de Trump" se esconde una realidad brutal que evidencian la falta de tacto y diplomacia de Donald Trump: Gaza está devastada. 68 millones de toneladas de escombros, túneles subterráneos reforzados por los terroristas de Hamás, suelo contaminado y bombas sin explotar que salpican cada rincón.
A esto se suma una condición que Washington considera innegociable para este megaproyecto y que, cada vez, está más lejos de lograrse. El desarme completo de Hamás. Sin ello, la Riviera de Oriente Medio diseñada en 32 diapositivas de PowerPoint en Davos sigue siendo solo un sueño sobre papel, lejos de hormigón, acero y empleos reales.
La controvertida 'Nueva Gaza' de Trump: el Plan Sunrise de 112.000 millones tardará 20 años en completarse
Todo comenzó el 7 de octubre de 2023. Hamás lanzó su ataque terrorista sobre Israel, provocando más de mil muertos, cientos de secuestrados y una posterior guerra que devastó la infraestructura de Gaza. Barrios enteros quedaron reducidos a ruinas, hospitales colapsaron, la red eléctrica se fragmentó y el enclave se transformó en un mosaico de destrucción.
En este contexto nació el Plan Amanecer, la hoja de ruta oficial de la Nueva Gaza de Trump. Concebido como un proyecto de cuatro fases a lo largo de 20 años, pretende convertir la Franja en una ciudad inteligente a orillas del Mediterráneo: resorts de lujo, trenes de alta velocidad, redes eléctricas con inteligencia artificial y una nueva capital administrativa que simbolice prosperidad y gobernanza moderna. Jared Kushner y Steve Witkoff lo presentaron en Davos, prometiendo transformar un enclave rodeado de muros en un escaparate tecnológico y turístico.
Pero antes de rascacielos y balnearios, el plan enfrenta un obstáculo monumental: la limpieza y la seguridad. La primera fase contempla retirar millones de toneladas de escombros, neutralizar explosivos, desmantelar túneles y garantizar una mínima habitabilidad. Dos millones de palestinos dependerían de refugios temporales hasta que se levanten viviendas, hospitales y escuelas.
El cronograma del Plan Sunrise avanza de sur a norte: Rafah y Khan Yunis serán los primeros experimentos de reconstrucción, seguidos por los campos centrales y, finalmente, la ciudad de Gaza. La ambición económica es enorme: 112.000 millones de dólares, con aportaciones internacionales y garantías estadounidenses, proyectando monetizar la franja costera y atraer capital global.
Todo depende de una cuestión política: Hamás no se ha mostrado dispuesto a desarmarse. Sin seguridad ni estabilidad, cualquier proyecto urbanístico o inversión multimillonaria corre el riesgo de naufragar antes de empezar. La Nueva Gaza de Trump sigue siendo, por ahora, una Riviera sobre un mapa y un recordatorio de la distancia entre la ambición y la realidad geopolítica.