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El oscuro secreto del ejército de EE. UU.: gana millones en tragaperras y sorprende con su 'payroll recycling'

Las bases militares operan como auténticos microestados, y este caso es una prueba evidente de ello. EE.UU sabe cómo ganar dinero sacando partido a una debilidad humana.

La adicción al juego no es un mal moderno, pero en los últimos años ha experimentado un repunte inquietante, sobre todo entre los más jóvenes. La irrupción de las casas de apuestas y su acceso inmediato desde cualquier teléfono móvil han convertido algo que antes exigía desplazarse hasta un local en una tentación siempre a mano. Aquellas máquinas tragaperras que marcaron la infancia de quienes crecimos en los 90, presentes en cada bar de barrio, hoy son una rareza en nuestras calles. Sin embargo, lejos de extinguirse, han encontrado un inesperado paraíso: las bases militares del ejército de Estados Unidos.

El inquietante negocio oculto del Ejército de EE. UU.: millones en ganancias con tragaperras y la polémica práctica del ‘payroll recycling’

La ARMP (Army Recreation Machine Program) es la división que gestiona nada menos que 1.889 tragaperras repartidas en 79 localizaciones situadas en países como Alemania, Corea del Sur o Japón. Estas máquinas, que sirven tanto al Ejército como a la Marina y los Marines, generan alrededor de 71 millones de dólares anuales. La Fuerza Aérea estadounidense, por su parte, opera un programa paralelo con su propia red de máquinas.

En apenas dos años, los ingresos han pasado de 63 a 71 millones, y aunque en el pasado llegaron a tocar los 100 millones, la cifra descendió antes de la pandemia para después iniciar una recuperación. No todas las instalaciones rinden igual: la joya de la corona es la sala "Morning Calm" en Camp Humphreys (Corea del Sur), que ha recaudado más de seis millones de dólares entre octubre y mayo, según datos recogidos por Wired.

Lo más curioso es que no solo los militares tienen acceso a estas tragaperras: también pueden jugar civiles, veteranos o empleados de la base sin rango militar. El propio Morning Calm es un centro recreativo que ofrece desde espacios para celebrar bodas hasta zonas de ocio, con la sala de máquinas como atractivo principal.

Neil Gumbs, responsable de ARMP, explica que el dinero recaudado se destina al programa MWR (Morale, Welfare and Recreation), que financia actividades como bibliotecas, campos de golf o boleras. Es un ejemplo claro de payroll recycling: el propio ejército ofrece un servicio de pago —en este caso, las tragaperras— cuya recaudación se reinvierte en actividades para los mismos usuarios que gastaron el dinero, generando un ciclo económico interno.

El dinero se usa para bibliotecas, boleras, campos de golf y otras actividades

En una base militar en el extranjero, donde todo funciona como una pequeña ciudad aislada, este mecanismo adquiere un aire casi autárquico. Los "city managers" —comandantes responsables de la guarnición— no solo velan por la seguridad, sino también por el bienestar de una población cuya economía interna, en parte, se alimenta de estas máquinas.

No faltan voces críticas. Algunas fuentes citadas por Wired señalan que apenas se invierte en prevenir o tratar la ludopatía. El caso de Dave Yaeger, un soldado expulsado del ejército por su adicción al juego y que solo encontró ayuda en un programa para veteranos, ilustra la cara más oscura de un sistema que convierte el entretenimiento en un lucrativo negocio… incluso para un ejército.