Es la nueva gran carrera militar entre los principales países en lo referente a la inversión militar. Mientras Estados Unidos refuerza su gasto en defensa a través de cazas como el F-35, Rusia toma otro camino: los misiles hipersónicos. Hablamos de un arma que es casi imposible de interceptar y que, además, ha causado gran preocupación a nivel internacional.
En este ámbito, el misil hipersónico Oreshnik, denominado "avellano" en ruso, es la última y más peligrosa arma balística intermedia producida en masa por Rusia, capaz de alcanzar la increíble velocidad de Mach 10, equivalente a 12.348 km/h. Con un alcance entre 1000 y 5.500 kilómetros, el Oreshnik puede impactar objetivos en toda Europa y parte de Asia, lo que lo convierte en una amenaza estratégica crítica para la OTAN y países vecinos.
El misil hipersónico ruso Oreshnik: una amenaza capaz de superar Mach 10, con carga nuclear y una velocidad superior a los 12.300 km/h
Su diseño incorpora tecnología MIRV, que permite transportar varias cabezas nucleares o convencionales de forma independiente, pudiendo golpear múltiples objetivos simultáneamente. Además, su capacidad de maniobra durante el vuelo hace extremadamente difícil su interceptación por los sistemas antimisiles actuales como el Aegis Ashore. Este misil es un derivado de los proyectos RS-26 Rubezh y Bulava y puede ser lanzado desde plataformas móviles, lo que otorga flexibilidad y reduce el riesgo de destrucción previa al lanzamiento.
El Oreshnik fue utilizado por primera vez en combate el 21 de noviembre de 2024 en un ataque dirigido a una planta de defensa en Ucrania, donde demostró precisión y capacidad de despliegue múltiple, aunque con daños limitados. La producción en masa ha sido autorizada por Vladimir Putin en respuesta directa a misiles occidentales usados por Ucrania, reforzando la capacidad de contraataque rusa y profundizando la tensión geopolítica en la región.
A pesar de la producción masiva, expertos occidentales estiman que el número de misiles disponibles es limitado debido al alto coste y complejidad, y advierten que su verdadero impacto es tanto militar como psicológico, aumentando la desconfianza y el riesgo de una escalada no controlada. La OTAN ya ha reforzado los sistemas de alerta temprana mientras Ucrania desarrolla su propio misil para equilibrar la amenaza. Sea como sea, el arma representa una obra maestra de la ingeniería militar rusa actual, marcando un salto tecnológico con implicaciones estratégicas de largo alcance y alto riesgo en la estabilidad global.