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El coloso hidroeléctrico que transforma glaciares en energía amenaza las reservas de agua que debía proteger en un 'ecocidio'

El deshielo acelerado y los megaproyectos hidroeléctricos generan energía inmediata, sí, pero amenazan la calidad del agua y las vidas de generaciones futuras.

La Patagonia se ha transformado en un ejemplo vivo de lo que ocurre cuando el ojo humano se fija únicamente en el caudal de hoy y olvida la historia del hielo que lo alimenta. Durante años, los glaciares de esta región liberaron agua a un ritmo que pareció inagotable, pero lo que parecía abundancia era, en realidad, un préstamo temporal contra el futuro. Un futuro en el que el agua va a escasear.

El megaproyecto hidroeléctrico que convierte glaciares en energía: iba a ser el futuro pero pone en jaque las reservas hídricas

El derretimiento acelerado aumenta el flujo de los ríos por un tiempo, pero cada gota que corre hoy es un trozo de reserva sólida que mañana dejará de existir. En este escenario, proyectos como HidroAysén, que proponía cinco represas en los ríos Baker y Pascua con una potencia de 2750 MW, chocan de frente con la realidad climática. La planificación hidroeléctrica a largo plazo exige décadas de caudales predecibles y un flujo constante de agua; la Patagonia parece demostrar que, en plena crisis hídrica, mientras las grandes potencias aseguran sus reservas de agua, que esa seguridad puede evaporarse en apenas unos años.

En los primeros momentos, el "efecto boom" del deshielo puede generar electricidad de sobra, dando la impresión de un proyecto exitoso y rentable. Sin embargo, cuando el hielo remanente disminuye -como hemos visto en Suiza-, los ríos se vuelven irregulares, el flujo cae y la energía generada se desploma. Lo que al principio parecía abundancia se convierte en incertidumbre. Para HidroAysén, esto significaba que el factor de planta -la medida real de cuánto puede producir la central- podía quedar muy por debajo de lo previsto, y que la inversión de miles de millones de dólares corría riesgo antes de amortizarse.

El retroceso glacial también trae sedimentos a los embalses, acumulando material que reduce su capacidad y acelera la degradación de la infraestructura. Las pendientes inestables, la presión sobre la pesca y el turismo, y los cambios en la calidad del agua son factores que se suman a la ecuación. Tras años de protestas organizadas por grupos ecologistas y vecinos, disputas legales por el impacto del proyecto y estudios ambientales controvertidos, el gobierno chileno revocó los permisos de HidroAysén en 2014.

La energía que hoy parece segura no siempre garantiza agua mañana

La lección de todo esto es clara: la energía que hoy parece segura no siempre garantiza agua mañana. La planificación hidroeléctrica en zonas glaciares, de hacerse, debe considerar el pico del deshielo y la caída posterior de los caudales. Ignorar esta dinámica puede resultar en presas sobredimensionadas, activos completamente cautivos de un futuro incierto y pérdidas económicas antes de que el proyecto llegue a término.

En la Patagonia, la descongelación acelerada y los megaproyectos eléctricos no son solo problemas de ingeniería: son advertencias sobre la fragilidad del equilibrio entre naturaleza, tecnología y tiempo.