Es el recurso más importante del planeta. Y desde hace unos años, las grandes potencias luchan por asegurarlo. En San Diego ha dado un paso decisivo hacia la independencia hídrica con el proyecto Pure Water San Diego, que en 2026 entra en una fase crítica de implementación. La iniciativa responde a décadas de dependencia casi total de agua importada, alrededor del 85% del consumo local, y a la amenaza constante de sequías prolongadas, buscando convertir la reutilización de aguas residuales en una fuente confiable y sostenible de agua potable, con entregas graduales hasta 2035.
San Diego acelera su ambicioso megaproyecto de agua pura: de aguas residuales a recurso estratégico
El proyecto redefine el concepto de residuo urbano: las aguas residuales tratadas dejan de ser un desecho para convertirse en un flujo controlado que inyecta millones de galones al sistema municipal cada día. La integración con embalses locales y la reciente aprobación de normas de Reutilización Potable Directa (DPR) en California han permitido acelerar la inversión y los cronogramas, allanando el camino para un suministro "a prueba de sequía".
El diseño contempla dos fases principales. La Fase 1, ubicada al norte de la ciudad, ya alcanzó más del 80% de construcción en 2025, y sus primeras entregas al Embalse de Miramar sumarán 30 millones de galones diarios en 2026. La Fase 2, en planificación para la zona central y sur, permitirá añadir 53 mgd hasta 2035, alcanzando una capacidad total de 83 mgd, suficiente para cubrir entre un tercio y la mitad de la demanda futura.
La infraestructura es una red compleja: estaciones de bombeo en Morena, la planta de recuperación de North City ampliada a 52 mgd y la Planta de Agua Pura de North City, corazón tecnológico del sistema, donde el agua pasa por un proceso de cinco etapas de purificación -ozonización, filtración biológica, membranas, ósmosis inversa y desinfección UV avanzada- antes de almacenarse y mezclarse con agua convencional. Más de 48 km de ductos atraviesan barrios como Bay Park, Clairemont y Scripps Ranch, uniendo todos los frentes de construcción.
El proyecto, ejecutado por la ciudad con consorcios especializados como Black & Veatch, Parsons, Stantec, OHL y AECOM, representa la obra de infraestructura más ambiciosa de San Diego. Su impacto no es solo operativo: reducirá más del 50% de las descargas al océano desde la planta de Point Loma, generando un suministro local continuo, predecible y resiliente frente al cambio climático.
La hoja de ruta es clara: iniciar con 30 mgd en 2026, llegar a 83 mgd en 2035 y mantener la operación sin fallas. Un desafío colosal, pero que promete redefinir la seguridad hídrica de una ciudad que hasta ahora dependía casi en su totalidad del exterior.