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Confirmado: Polonia veta los coches eléctricos de Tesla y fabricados en China en sus instalaciones militares

Por eso la decisión de Defensa funciona también como señal política: no corta el consumo, pero sí marca una frontera nítida donde Varsovia cree que el riesgo —real o potencial— deja de ser tolerable.

En Varsovia han empezado a tratar un coche moderno como lo que, en la práctica, ya es: una plataforma móvil de sensores. Cámaras, micrófonos, radar, navegación y conectividad permanente convierten a muchos vehículos —sobre todo eléctricos— en recolectores de datos del entorno. Con esa premisa, el Ministerio de Defensa polaco está limitando (y estudiando ampliar) el acceso de coches fabricados en China a instalaciones militares y zonas protegidas, por miedo a que esa "telemetría" acabe funcionando como un sistema de reconocimiento pasivo.

La medida, tal y como se ha contado en la prensa polaca y ha confirmado la cartera de Defensa, no es todavía un "mando único" aplicado de forma idéntica en todo el país: hay directrices del Servicio de Contrainteligencia Militar (SKW) y, mientras se trabaja en un marco más amplio, el criterio puede quedar en manos de mandos locales según el tipo de unidad o emplazamiento. En ese contexto ha circulado un caso llamativo: la supuesta negativa de entrada a un Tesla en una base concreta, no por la conducta del conductor, sino por el "perfil" técnico del vehículo (sistemas de captura/registro y conectividad).

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El riesgo de la telemetría en perímetros sensibles

El argumento de fondo es preventivo: en un perímetro militar, la simple presencia de dispositivos capaces de grabar y geolocalizar puede revelar rutinas, accesos, horarios de actividad o incluso detalles de infraestructura si esa información se almacena en la nube o es accesible mediante diagnósticos remotos. En una nota de la agencia PAP se cita, además, la idea de que el vehículo podría ser vector de ataques a distancia si su ecosistema de software y actualizaciones se viera comprometido; una preocupación que encaja con el debate europeo sobre "coches-smartphone".

Esto no sale de la nada: la ciberseguridad del automóvil conectado lleva años formalizándose en estándares y regulación. La normativa de la ONU/UNECE (WP.29) exige a fabricantes sistemas de gestión de ciberseguridad y de actualizaciones de software (reglamentos R155/R156), precisamente porque el coche ya no es "solo mecánica". Y, en paralelo, informes técnicos europeos (como ENISA) y revisiones académicas subrayan que la superficie de ataque crece con la conectividad, mientras que los estudios sobre privacidad muestran fricciones claras entre valor percibido y cesión de datos en el entorno automotriz.

Una tensión global con precedente

Pekín ha respondido con el clásico marco diplomático: acusa a Polonia de "estirar" el concepto de seguridad nacional. Esa réplica tiene un matiz irónico fácil de explotar en un reportaje: China restringió en 2021 el acceso de Teslas a complejos militares por preocupaciones similares sobre cámaras y sensores, según Reuters. En otras palabras: el choque no es solo "China vs. Occidente", sino Estados frente a tecnologías ubicuas cuando el escenario es sensible.

La otra capa es económica. Mientras se discuten vetos en perímetros militares, las marcas chinas están ganando tracción en el mercado civil polaco: hay recuentos que hablan de un salto fuerte en matriculaciones y de cuotas mensuales ya de dos dígitos, aunque las cifras varían según la fuente y el periodo analizado.